Que a otros les duela la soledad

Luis A. Valdez

 

 

 

-postales de primavera-

 

I

Antes que nada

Antes que nada la lluvia, mujer. El sexo encima de las sábanas frescas. Me gusta sentir una cálida entrepierna justo en tiempos como este, en que somos la generación del condón. Me gusta sentir la comezón cuando el sol nos quema. Nos queremos tanto que no le tememos al fuego ni al agua.

Sabes que en Ciudad Mascota llueve de todo.

 

 

Casualidades

A veces tenemos el descaro de salir de la cafetería. Caminas un par de calles y te piden dinero. Ni siquiera miras sus rostros. No ves el rostro de nadie. ¿Quién existe para quién? ¿La ciudad misma existe para alguien? Un payaso intenta reunir gente para su espectáculo callejero. Nadie hace el menos esfuerzo por escucharlo. 

Luego él canta una cumbia, casi gritando.

Luego él se tapa los ojos.

 

 

Días de mayo

Nos alimentaron lo justo –sólo lo justo– para que viviéramos un par de años más y encontrarnos. Y odiar, y apretujarnos aquí: En el ombligo de una ciudad, bajo la sombra de un edificio, en la puerta de un cine que cerró cuando éramos niños.

Son los terribles días de mayo. Es el tarareo con que tu padre te dormía sin querer pensar en las posiciones que tomaríamos para penetrarte. Sin escuchar tus gemidos.

En mayo lo que sobra eres tú.

 

 

Heridas antes de la merienda

Debemos despertar alejados. Trabajar turnos de ocho horas y escapar de nuestras respectivas oficinas. Luego nos veremos en un VIPS para pedir café y pastel. Por la ventana veo pasar a las empleadas de bancos y parece no importa.

            –Estoy cansada –dices.

            –Te entiendo. De eso se trata.

 

 

Juan, Pedro y un traidor

De nada sirve una traición si la recompensa no se comparte. Unos dirán que toda traición es mala, otros que fue lo justo, pero al final la suerte ya está echada.

Todos intentamos traicionar al tiempo. Somos rebeldes ante lo irremediable, víctimas de una vanidad, esa sí, compartida.

 

 

II

Lucifer

Cuando vayas al Matehuala espera a que aparezca la bailarina sensación: Una teibolera Gótica, especialista en arreglar sus uñas y cabello. También mueve muy bien su trasero. Hipnotiza un tanto y, si no tienes dinero, pierdes tu alma. La poca morralla que te queda.

 

 

Majestades

Aparecen en la noche, especialmente en las calles del Barrio Antiguo o del Centrito Valle. Son de piel más oscura que la nuestra, por lo que deben acudir con regularidad a playas para broncearse. Son poderosos, inmortales. Su sed durará cientos de años mientras el apellido permanezca en la ciudad.

Son los dueños de nuestras calles, de nuestras necesidades, de nuestras almas.

 

 

Pasajeros de camión

Ella insiste en que los camiones parecen cápsulas de luz moviéndose por la madrugada. Siempre es su misma charla, pero nunca la escucho bien. Despierto a dos calles del trabajo pienso en que no me sé su nombre. Años de conocernos. Ni siquiera sé dónde aborda el camión, ni dónde se baja.

 

 

 

III

Resucitados Anónimos

Nos esconderemos un par de años más. Hasta que los demás pierdan el juicio y nadie nos necesite.

            -¿Crees que no estén extrañando?

            -No. Es triste, pero mejor pensarlo así.

            -¿Cuándo sabrán que estamos vivos?

            -Nunca. No tienen porqué darse cuenta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 Luis Alberto Valdez

Monterrey, Nuevo León. 1976

Publicado en NAVE, El Norte, OFICIO, La Nuez, Petra, La Flecha, Reflejos (Cd. Victoria, Tamaulipas).

Editor de la revista Suave Patria,

Consejero editorial de la revista Grafógrafos.

Ha publicado la novela corta Estíbaliz y la tormenta

Actualmente escribe una columna semanal para la sección Ágora de papel, en el Periódico "El Porvenir"