Entrevista a H.M. Enzensberger
Sergio G.R. y Jaime R.R.
Grupo Reforma
Distrito Federal (19 febrero 2004).- En entrevista, el
escritor alemán Hans Magnus Enzensberger, asegura que la poesía es un medio de
comunicación que funciona diferente al resto, porque hay más productores que
consumidores
Para Hans Magnus Enzensberger, autor de Diálogos entre inmortales, vivos y
muertos y que alguna vez proclamó la muerte de la literatura, es difícil decir
que la poesía está al servicio de algo en particular.
"La poesía no sirve en ese sentido, de manera utilitaria", dice,
"no sirve, basta. Está fuera del comercio".
La poesía es probablemente el único producto cultural que no tiene un valor
comercial, dice.
"Es minoritaria, pero sabemos que las minorías cuentan. Los grandes
físicos, ¿cuántos son? Poquísimos. Por tanto es una minoría. Hay muchas
minorías étnicas, científicas, pero cuentan por mucho. Eliminando a las
minorías, una sociedad no funciona; entonces, en cierto modo, también
modestamente los poetas cuentan", dice.
No hay sociedad sin poesía, señala, y es equivocada la idea de que las mayorías
no tengan ninguna relación con la poesía.
"Pensemos un poco sobre la cantidad de gente que sabe de memoria el Ave
María, o cuántas personas saben Yellow Submarine. Eso es poesía; Bob Dylan es
poesía. Piensen en las rimas de la infancia. Hay una superstición de que la
poesía es algo complicado, difícil, pero es falso. Millones saben poesía, mala
poesía quizá, pero poesía".
Enzensberger sostiene que la poesía es el único medio de comunicación en el
cual hay más productores que consumidores.
-¿La poesía sigue siendo una
antimercancía?
Sí, y eso tiene que ver con los costos de producción. Los directores de cine,
por ejemplo, tienen una relación con el capital muy importante, por lo que
dependen de un inversionista que controle la producción. En ese sentido, es
menos libre que otras cosas, como la poesía. Un libro de poesía no cuesta
tanto, resiste a la presión, es una forma muy curiosa de productividad.
La poesía es como la hierba, es imposible eliminarla definitivamente. No hay
control. No hay especulación, como con los novelistas best-seller, con quienes
existe siempre la posibilidad de utilizar fórmulas para llegar al éxito,
recetas. En la poesía eso no vale, porque no hay una estructura financiera
detrás.
-¿Es la poesía entonces un ejercicio de
persistencia?
Sí, es un medio de comunicación muy especial que no funciona según la lógica de
los medios masivos. Eso tiene antecedentes, cuando la poesía era oral. La
poesía no depende, ni siquiera, del invento de Gutenberg. La poesía existe con
o sin libros.
-¿Cómo es posible esto?
Ahora hablamos de la poesía, entre comillas, seria. Pero hay un tipo de poesía
mayoritaria, que es la canción. También, cuando van al kínder, los niños hacen
rimas, que también es un tipo de poesía. Se tiene la idea de que la poesía es
algo especializado, pero en realidad es un hecho antropológico. Jamás ha
existido una sociedad sin poesía.
Todos tenemos una capacidad innata para la poesía, la rima, el ritmo, y esa
sería, tal vez, una de las razones por las cuales es imposible erradicar la
poesía.
-¿Es un concepto más amplio que el que
comúnmente se maneja?
Claro. Hay una idea académica de la poesía, lo que hace que para muchas
personas la poesía parezca algo difícil, misterioso, inaccesible.
En la escuela dejan escribir un ensayo o interpretación sobre una poesía sin la
posibilidad de decir si les gusta o no, si dice algo o no. Eso hace que muchas
personas la odien, porque es una cosa forzada.
Ahora escribo un libro que lleva por título Primeros auxilios para lectores
estresados, dirigido a los escolares, para evitar que la poesía sea percibida
así. Es un intento de seducir a los jóvenes con la poesía.
-¿Qué elementos utiliza para seducir a
los jóvenes con la poesía?
Lo primero es presentar la poesía como un juego, y que nadie esté ajeno a él.
Todos tenemos una capacidad para la poesía. En realidad es un poco antiescolar,
pero la culpa no es totalmente de los profesores. Hay algunos que trabajan con
buenas intenciones, pero pertenecen a un sistema que les indica qué autores
enseñar y dar a leer. Un pequeño libro como el que escribí puede ayudar a
ciertos profesores que no están de acuerdo con la manera esquemática en la que
se enseña la poesía.
-¿Cuál es el límite político para la
poesía?
Es relativo. Había un gran auge, con las ideas revolucionarias de los años 60,
e ilusión de que la literatura cambiara el mundo. En política, para cambiar,
hay muchas cosas más eficaces que la poesía.
-¿La literatura no cambia nada?
Si quieres impedir que el gobierno haga algo, sal a la calle. Es mucho más
rápido y directo, pues la poesía procede de una manera muy indirecta. Puede
hacer un cambio de mentalidad, pero es algo lento. La conciencia no se cambia
de un minuto a otro, y la situación política exige, a veces, una intervención
inmediata, y eso no se logra con poesía. La poesía es indirecta y sutil.
Escribir un poema pacifista no impide que se haga la guerra.
-¿Puede mantenerse la idea del escritor
comprometido?
No estoy aquí para decir lo que debe, puede o suele escribirse. No se puede
decir: "Esa es la manera justa de escribir". Los escritores somos
libres.
En la literatura hay especialistas. Están los poetas de la naturaleza, los
poetas del amor. A mí no me interesa hacerme un especialista de cierta
temática; ni siquiera la política, porque la política es parte de la vida y
todas las partes de la vida caben en la poesía. Esa es mi actitud, los demás
pueden hacer lo que quieran.
-¿Cómo escribe usted su poesía?
Me gusta cambiar de registro en una misma poesía, cambiar el tono e incluir en
medio de una meditación filosófica una frase de la calle. Es mi modo de hacer
la poesía, en la literatura uno puede hacer lo que quiera sin seguir un modelo
fijo.
-¿Es un modo original de producir?
No, tampoco es que pretenda ser original, pues eso es un concepto relativo.
Jamás se parte de cero, pues traemos millones de años en la espalda. Es
infantil pensar que uno es el primero, que con uno empieza el mundo. Los
poetas, en ese sentido, son también ladrones, y por eso la traducción es muy
interesante desde este punto de vista, porque es un procedimiento en el cual
descubres el aspecto técnico de la poesía, los trucos de los poetas.
Periodistas e intelectuales
Para Enzensberger, a quien no le gusta dar muchas entrevistas, el problema del
periodismo es la repetición. No sólo de quienes preguntan, sino de quienes
responden.
"Es una tontería decir la misma tontería cinco veces", dice, "y
eso es aburrido. Por eso he renunciado a dar entrevistas individuales, pues
también tiene que ver con la vanidad de los periodistas, que quieren todo
exclusivo".
-Con referencia al diálogo en que pone a
conversar a Diderot con un joven periodista, ¿cuál es su opinión sobre el
periodismo?
El periodismo me parece un trabajo muy difícil. La rapidez, por ejemplo. Un
periodista jamás tiene el tiempo de reflexionar. Admiro, incluso, al periodista
común, sin interés, porque es capaz de escribir en muy poco tiempo y sabe
exactamente cómo cuadrarlo en el periódico; sabe cuántas líneas, cuántas
palabras tiene. Por su entrenamiento, sabe cuándo terminar, y eso es algo
formidable.
Por otra parte, tienen sus enfermedades y deformaciones profesionales. La enfermedad
del periodista es la imitación, porque por la competencia todos escriben de lo
mismo. Otra enfermedad es la necesidad neurótica de que se hable de los
periodistas, porque de otra forma no se hace carrera. La rapidez, también,
destruye el estilo, el lenguaje. Y eso por no hablar de las presiones a las que
está expuesto un periodista. Es una profesión difícil, hay algunos que
sobreviven a todas esas dificultades y hacen un trabajo bien, pero son
excepciones.
-¿Por qué seguimos arrastrando el
problema de la Ilustración?
Hay de Ilustración a Ilustración. Hay un cierto tipo de reforma ilustrada que
es dogmática. En América Latina, ha tenido mucho efecto esta vertiente; el
jacobismo es una versión degradada de la Ilustración, pues la ha reducido a
unos conceptos muy limitados, como orden y progreso, un anticlericalismo muy
primitivo, sin densidad de pensamiento. Una Ilustración ingenuamente reducida e
instrumentalizada políticamente, claro. Pero hay otros aspectos de la
Ilustración, que son más ricos, que no son pedagógicos, que no son tan
lineales.
Fue una gran época, me hubiera gustado hablar con esas personas, que no estaban
tan preocupadas por la especialización. El mundo es más grande de lo que
entendemos. También hay una tradición de exigir a los intelectuales que
expliquen las cosas. Y tengo dudas sobre los intelectuales: ¿son en verdad más
inteligentes que otras personas? No, no es cierto. Hay también intelectuales
tontos, y gente común muy inteligente. Es decir, la inteligencia no respeta las
categorías sociales.
-¿Por cuáles valores luchar ahora, cuando
todo parece muy relativo?
En esos términos, parece todo una obligación moral, y no estoy tan seguro de
que tenga que pasar todo por la parte moral. Creo que todos tenemos obsesiones,
problemas y ciertas coyunturas que obligan a las personas a tomar una posición.
Y no es una elección, es una necesidad. En mi caso, no sé si es una obsesión o
parte de mi temperamento, pero ante cualquier autoridad, no estoy dispuesto a
estar de acuerdo. Y es algo más fuerte que yo, no es algo moral. Es algo casi
físico y no puedo actuar de otra manera. Cuando alguien me ordena cosas, me
defiendo. Para el político, su obsesión es el poder, no puede hacer otra cosa.
No creo en el político que dice: "voy a servir porque creo en ciertos
valores". No, él tiene la obsesión del poder, es como una obsesión sexual.
Mercado editorial
Enzensberger propone un mercado editorial común.
"El gran problema que tiene la industria editorial en español es que los
libros que se editan en España son difíciles de conseguir en América, al igual
que los de América son difíciles de localizar allá", dice. "Es
necesaria la creación de un mercado intelectual y editorial común entre España
y América Latina".
El autor de Los elixires de la ciencia cree que es urgente la revisión de los
precios, con el fin de que los libros que llegan de Europa no sean
inconseguibles por cuestiones económicas.
"Un mercado intelectual común entre los países de habla hispana ayudaría
también a que los otros no vean únicamente a sus propios autores, sino que
puedan vivir la experiencia de autores de otros lugares".
Sergio González
Rodríguez, escritor y periodista
Jaime Reyes Rodríguez es reportero del El Ángel