La Mandrágora

Surrealismo en Chile

 

 

 

La Mandrágora, grupo surrealista formado en Chile en 1938, se identificó con los principales postulados del Surrealismo Europeo de esa época. El comité directivo de la revista estuvo constituído fundamentalmente por tres miembros: Braulio Arenas, Enrique Gómez-Correa y Teófilo Cid. Entre sus postulados, La Mandrágora sostenía lo siguiente : "Nuestra poesía aspira, ante todo a ser voz de protesta, una voz de alarma. Ella está signada por la exageración. Seguramente que hoy muchas de nuestras experiencias no serán comprendidas. Pero, tarde o temprano, las veremos ser aceptadas plenamente. Nosotros serviremos de punto de

 

unión. Hemos adelantado nuestro destino. Estamos lejos. Corremos en una competencia de caracoles. Hemos incendiado el cielo. Ante la inminencia del peligro, todos deben correr, incluso para despedazarnos. Nosotros queremos fomentar una competencia de centellas. Nuestro optimismo y nuestro pesimismo unidos forman la más bella fisonomía del amor".

 


LA MANDRÁGORA Y LA ESCUELA DE CALEU

Este encuentro con la melancolía lo hace recordar que el 12 de julio de 1938, Braulio Arena, Teófilo Cid y Enrique Gómez leen los primeros poemas y manifiestos proclamando su adhesión al surrealismo que criticaba el realismo social soviético. Años después Braulio, quien formaba parte de este grupo llamado Mandrágora, abandona esta corriente al descubrir un poema del siglo XVII, del poeta Gabriel Bocángel, que decía: Un ave de metal el aire suena. De algo está claro, Lafourcade, y es que aprendió mucho de la escuela de Caleu. Una escuela de la Generación del Cincuenta que se alimentaba de constantes lecturas, cánticos, diálogos y discrepancias. Esta escuela de Caleu también se reunía en la Posada de Ernesto Hidalgo. Ahí se reunían en sus tertulias literarias, el maestro Luis Oyarsún, el mago y poeta Alejandro Jodorowky, Cladio Giaconi, Jorge Berti, el pintor y gurú Roberto Humeres. Posteriormente esta escuela tuvo sus otras etapas y sus otros grupos. Un terremoto derribó la capilla y el tiempo se llevó hasta el dueño de la posada. Todas las cosas pasan como han pasado las escuelas de Atenas, de Viena, París y Praga, nos dice en señal de epitafio solemne Enrique Lafourcade, nacido en Santiago hace 77 años, y quien desde niño sintió la urgencia de vivir con impaciencia in crescendo la vida y la poesía, y... ¡vaya, que sí lo ha logrado entre esta selva de animales literarios!