Penélope
Penélope era hija de Ícaro, rey de Esparta; mujer muy bella que recién casada con el semidios Ulises lo vió partir hacia la guerra de Troya, una guerra que no muy bien quería combatir, la cual es descrita en el libro "La Ilíada", pues Troya también era conocida como Ilión.
Pasados más de 10 años, una vez que terminó la guerra de Troya, Ulises se enbarcó junto con otros héros de ésta batalla para regresar a casa, pero fueron tantos sus infortunios que se escribió un libro llamado "La Odisea" para describir todas la penurias que tuvieron que sortear para regresar al hogar.
Debido al tiempo transcurrido (20 desde el inicio de la guerra) todo mundo pensaba que Penélope ya era viuda, para entonces había 12 pretendientes que la acosaban para que decidiera por alguno de ellos para casarse de nuevo. Penélope no perdía las esperanzas de volver a ver a su querido Ulises les respondía:
"No contraeré segundas nupcias hasta que acabe de bordar la tela que he destinado para mortaja de mi suegro Laertes".
Para alargar el tiempo de esta tarea, Penélope bordaba dicha tela de día, pero de noche, desbarataba lo que había hecho para comenzar continuar así al día siguiente.
Una vez descubierto el engaño, Penélope les dijo:
"De acuerdo, aceptaré como esposo a quien sea capaz de disparar el arco que de mi esposo Ulises".
Penélope guardaba la esperanza de que ninguno de los pretendientes pudiera, pues era un arma grande y difícil de manipular.
Estaban así las cosas cuando, de repente y sin aviso, apareció en la isla de Ítaca donde vivía una persona con apariencia de mendigo, en harapos y sucio: era Ulises, pero en lugar de dirigirse a su palacio, se encaminó hacia la choza de un porquerizo.
Cuando llegó nadie lo podía reconocer, sólo les explicó de su retorno a un grupo de personas y a su hijo Telémaco a quienes pidió que no dijiesen a nadie su secreto.
Al día siguiente, Penélope corrió la voz:
"Haré una competencia entre todos los pretendientes para ver quien puede traspasar 12 hachas colocadas una frente a la otra en una fila, tan solo con un tiro de flecha, tal y como lo hacía Ulises".
Llegada la hora de la prueba, fueron pasando uno a uno los pretendientes quienes en vano pudieron consumar tal proeza; sin embargo cuando la prueba estaba por darse por terminada, aquel mendigo en harapos al que ni Penélope reconocía pero por quien sentía una extraña atracción, le pidió que le permitiera participar en dicha prueba.
Todo mundo se rió de tal propuesta y comenzaron a hacer bromas de éste mendigo quien al quitarse los harapos dejó ver un cuerpo musculoso y joven: era Ulises quien traspasó fácilmente las doce hachas para continuar masacrando con su arco a todos los pretendientes que trataban de huir, en vano, de su ira.