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Obsesión por el Fuego
Bernardo Chapa

 

 

I. INVOCACION DE LOS INCENDIOS

II. LOS CICLOS DEL FUEGO

III. VIAJE AL CENTRO DE MI MISMO

 

 

 

  

 

Dedico este libro

a todos los que guardan una esperanza,

a los que aún creen en la otredad

tristemente aferrados

a los restos de sus cuerpos;

restos de este naufragio

al que llaman vida

 

B. Chapa

 

 

 

I. INVOCACION DE LOS INCENDIOS

 

En espejos rotos nos reflejamos
en mustias imágenes fragmentadas,
y por las rendijas del reflejo
escurre, se pierde trágicamente
nuestra vida más preciosa y despierta.

Rubén Bonifaz Nuño

 

 

Primera Invocación

 

 

Creo en tí

porque la luna en su giro te pronuncia

y te envuelve con caparazones de mármol

mientras ardes como el equinoccio

Creo en tí

porque conviertes en alas mi miedo con tu abrazo

y todo lo que en mí eran ruinas

ahora resplandecen como los girasoles

 

 

 

Segunda Invocación

 

Puedo leer a la distancia

los poros de tu piel como un ciego

como quien descubre la lluvia

en el interior nunca visto de los caracoles

Puedo envolver tu cuerpo

con los cristales que duermen en el piso

y te construyen de los pies hacia las nubes

como un vegetal creciendo de la tierra

 

 

 

Tercera Invocación

 

Siempre tengo

un punto cardinal

para mirarte

A todas horas

siempre

Gira mi cuerpo

sobre el punto exacto

de la noche

en cualquier meridiano

donde te encuentres

en cualquiera

Siempre te imagino

buscando también

un punto cardinal

un presentimiento

una mirada

 

 

 

Cuarta Invocación

 

I

Te recuerdo sin rostro

traslúcida al azar y a mis caricias

cuando el día acaba

y la luna nos inventa

con su giro

 

II

 

Cierro los ojos

giro como capullo

alrededor de tu cuerpo

atravesando el cristal de aire

que me impone la distancia

 

III

 

Extiendo mi mano

luz de plata

en la noche reluciente

Amanezco flotando en la luna

 

 

Quinta Invocación

 

I

Por qué nadie

te puede hacer girar

como un suspiro

en el meridiano perfecto

de mi muerte

nadie

 

II

Con mis despojos

inventa otra noche

pero no dejes que la luna

penetre el sueño

 

III

Inventa otra luna mejor

así no tendrás que recorrer

las partes de mí que más detestas

 

 

Sexta Invocación

 

I

Me desgasta

el recuerdo

Comienzo

a dar lástima

 

II

Resignado al sacrificio

guardo silencio

mientras el dolor corta mi vida

como el cristal más fino

 

III

Calladas flechas me traspasan

me convierten en espejo

Fruto amargo es

la noche que termina

 

 

Séptima Invocación

 

Tienes un olor dulce

el aroma de las frutas madurando bajo tu piel

Carnosas y extrañas me envuelven

dentro de una áspera corteza

nombrando el origen de mi carne y de mi desesperación

 

 

 

Octava Invocación

 

Los murmullos azules de la arena entre las olas

aguijonean mi cuerpo-playa mientras duermo

inventando el sol con tu mirada

El azul del mar y del cielo cosidos por tus labios

hacen girar de nuevo la tierra sobre mi sexo donde abrevas

Tendido aquí puedo presentir los meridianos

mientras los demás siguen esperando la tormenta

 

 

 

Novena Invocación

 

La música y el rumor de la calle nos envuelven

al rebotar en los espejos

Cada instante es cincelado en las pupilas

por el hielo y por las copas

como aves de cristal que surcan la carne y los fluidos

Recuerdos dolorosos dejan astillas en la piel

rasgada por las voces

tan sólo una historia peculiar en el menú del día

 

 

 

Décima Invocación

 

Tus deseos más secretos

llegan hasta mí por la mirada

brotan de tu cuerpo inconcluso tejido por la noche

y como un monasterio en ruinas

me desnudan

Crisálidas insomnes giran como espirales sin luz

entre el sillar y los protectores de hierro forjado

entre el vacío de las palabras

que suspendidas en la mesa esperan un gesto

un efímero contacto

la despedida

 

 

Undécima Invocación

 

Aquello que fluye por mis dedos en tu rostro

aquello que está en tu mirada

y se penetra en mi piel como un rayo

está aquí

se mezcla con la música y las bebidas

Podrán estas lenguas mantener el secreto

mientras arden sin fuego las entrañas

 


Duodécima Invocación

 

Ellos caminan y se asombran del silencio

de la gente que no los reconoce

de las sombras que girando tejen el dolor entre los pechos

Cuando un imán invisible atrae sus labios

las miradas como un hilo

las palabras en su giro por el aire

grises murmullos desprenden a pedazos

las sombras de los viejos edificios

Las calles estrechas les aprisiona el llanto

mientras el fondo de violetas gira por sus espaldas

agotando las palabras que salen de sus manos

La mirada es un túnel que detiene los relojes

Los espacios están ahora en la piel

en ese primer beso

En una esquina desaparecen como una espiga invocando el trueno

no saben cómo despedirse después de un largo silencio

No saben si algún día volverán a verse

 

 

 

 

 

 

II. LOS CICLOS DEL FUEGO

 

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que llega a fingir que es dolor
el dolor que en verdad siente.

Fernando Pessoa

 

 

Primer Ciclo

 

Intenso entre la paz de los helechos

este pequeño dolor como un rayo

contiene la intacta sensación de flotar

entre capullos vacíos

Puede intuir el débil pulso de tus manos

como un talismán en lo alto de la torre

cristalizar las miradas y en su brillo

reflejar las heridas que fracturan nuestro sueño

 

 

 

 

Este rayo busca herirnos

convertirse en sal con un leve toque

hasta invocar los mares secretos

de tu espalda

de tus manos

que no saben como acariciarme

y me mantienen como una luna

girando alrededor de tu cuerpo

 

 

 

El secreto de mi voz

te seguirá en el viaje hacia las sombras

Estará ahí cuando abras mi vientre y preguntes

si aún soy parte de tu sueño

Estará esperando a que me llames

el día que por fin te quedes sola

 

 

 

A pesar de los años transcurridos y del miedo

una espiral de fuego me consume sin quemarme

cuando las culpas sacrifican la distancia

convocando el llanto sin aviso por la noche

 

 

 

Segundo Ciclo

 

Inscrita en el fuego de otoño

yace una voz

Sobre la cama vacía

creo reconocer su eco

su agudo filo

su constante fluir de las cenizas

 

 

Como un volcán aparentemente tranquilo

en cuyo vientre el fuego las entrañas le consume

este cuerpo sigue en pie

gracias al vacío que une los fragmentos

 

 

La última vez que te ví

te llevaste mis deseos

el pasado marchito de mi cuerpo

el secreto rumor

petrificado

 

 

Volvamos a inmolar nuestros recuerdos

los recuerdos más íntimos

para ver si así regresa el sueño

 

 

Aquí solo veo ruinas que parecen rascacielos

reflejadas en las grietas del espejo como sombras

buscando en mi rostro las palabras

Cómo invocar esa parte de ti

donde se encuentra el trasparente amor

el nervio aún vivo de mi cuerpo en ruinas

Esa parte que sólo yo podré tocar

para destruir este silencio que nos aprisiona

 

 

 

Tercer Ciclo

 

Las serpientes de luz

que sin filo acuchillan la persiana

convierten nuestros cuerpos en habitaciones vacías

en pupilas de carbón que incendian la noche

en palomas de hierro

sacrificadas por temor a la soledad

 

 

Silenciosas aves suturan los labios

y perforan nuestros vientres con las culpas

transformando en pantanos nuestros sexos

La blanca luz que refleja el espejo en nuestra ausencia

construye nuevos cuerpos con la aurora

calmando así el dolor de las espigas

Qué pasará mañana que nos despertemos desnudos

 

 

 

Cuarto Ciclo

 

No tengo aquel perfecto amor que tanto buscas

ni siquiera un beso puede florecer de mis labios

sin evocar el giro de la arena

Pero en cada mirar encuentro partes olvidadas de mi cuerpo

trozos invisibles de pasión y aquel misterio

que sólo tú invocas como una revelación en mis ojos

 

Cómo puede tu cuerpo desearme

En cual estación abandonada me conoció

y quiso convertir mis labios

Cómo es que llegué a él sin resistirme

en qué instante le perdí la paciencia y nunca más

alcanzará la mirada para entero recorrerlo en su caída

 

 

Deseo lejano

que convierte tu piel

en un cristal opaco

poblado de tentaciones vanas

que explican este miedo

Como un retrato de mi madre

con tu rostro

 

 

Late corazón

late

intenso palpitar

que paraliza el llanto

e incendia la memoria

adelgazando mi aliento

como un hilo

Vencidas las sombras

que alargan el silencio

avanzo hacia el callejón

que la catedral esconde

hacia los últimos latidos

los más fuertes

 

 

 

Quinto Ciclo

 

Busco a quien tiene tatuado mi rostro en su pupila

ascendente y perfumada como el ansia

Quien ilumine mis ojos con sus besos

y espere el día que una oscuridad púrpura

libere mi cuerpo de la espina

 

 

Quien pudiera vivir sin fechas

sin nombres

sin una voz que invite al suicidio

apenas llega la noche

 

 

 

 

 

III. VIAJE AL CENTRO DE MI MISMO

 

Alguien dijo entre el humo
numeroso de una cantina
o de un bar:
yo soy el resultado
de muchas mujere
s.

Saúl Ibargoyen

 

 

Estoy en otra ciudad
o es la misma
pero soy otro

 

En la sala de espera

con la barba crecida y sin desayunar

salgo a visitarme a mí mismo

Sin darme cuenta

resignado quizá

te llevo como un fardo más

en mi pesada maleta

 

 

 

Afuera

tu sombra se extiende hasta formar la noche

y en silencio atraviesas las gruesas paredes de este hotel

Quiero dormir pero estoy pensando

Amanece

los rayos de luz sólo dejan partes dispersas de tu cuerpo

desesperado salgo a la calle para completarte

 

 

 

Te descubro en las miradas

inventando tu nombre del recuerdo

Construyo tu cuerpo con otros cuerpos

aspirando tu perfecta intimidad

y al séptimo día

aquella luna sin luz que me prometieron en la infancia

nos hunde en la tierra hasta el próximo equinoccio

 

 

Al abrir el viejo armario

los recuerdos se vuelcan sobre mí

como fieras salvajes

Las palabras que no pronuncié y tu rostro

se desbordan entre la ropa colgada

y terminan debajo de las camas vacías

Por qué nadie pregunta qué hago aquí

nadie se acuerda que estoy lejos de mi casa

nadie me llama por mi nombre

 

 

Me quema el intento de olvidar

y no poder hacerlo

Me quema el músculo tenso de una pared vencida

las mustias imágenes de un retrato sin rostro

como la luz en la superficie perfecta del espejo

 

 

Un rostro estático cuelga en la ventanilla de recepción

de este viejo hotel

No lo observo ni él me observa

toma las llaves del cuarto 208 con sus manos llenas de arrugas

y las cuelga en un desvencijado separador de madera

El pasillo de entrada es largo y poco alumbrado

Abro la puerta y en la calle el sol de mediodía dibuja gentes y lugares

que la noche anterior no había visto

Puedo ver mis manos

de mi piel brota una luz que absorve los sonidos y las miradas

Suspendido en el aire transito entre la gente que no conozco

Nadie sabe mi nombre ni de donde vengo

Ni yo sé quien soy

pues mi rostro ya no se refleja en los espejos

 

 

Necesito salir de este cuerpo

sentir en mi rostro el aire frío

caminar por estas calles diferentes

siguiendo las hojas muertas

Viajar al centro de mí mismo hasta encontrar

los corales rotos que me están dejando en ruinas

Quisiera caminar hasta el olvido

regresar a mi casa con las manos sin huellas

y empezar otra vida donde no existan los sueños


 

Una luz sin origen que brota de mi rostro

y el humo de un cigarrillo

agitan las sombras por la noche

como un extraño himno que presiente tus pasos

 

 

Te busco con una pasión que ya desearía para mí mismo

porque después de buscarte tantos años

enfrentando la infancia en el deseo

comienzo a envidiar esa entrega inútilmente fiel

cada exactitud en los detalles

las palabras de una ternura en mí desconocida

 

 

Te busco entre callejones olvidados y andadores concurridos

entre rostros indiferentes que igual buscan algo en mí cuando los miro

Te busco en los rostros de mujeres jóvenes

en solteronas que se antojan como fruta fresca

en mujeres maduras que me perturban con su mirada de trueno

Podrías ser cualquiera

esas manos

aquella voz

Cansado de no encontrarte cierro los ojos

y pienso que todo dentro de mí es tu presencia

 

 

Frota el silencio mi rostro

se me enreda en los pies como serpiente

y vuelve lento el paso

Nadie me ve a los ojos

palomas que nunca regresan

brotan de mis manos

Poco a poco me convierto

en una luz intermitente que agoniza

en el húmedo cristal de un aparador

 

 

Tigres mudos entran por la ventana

y observan a los peces que a mis pies construyen el silencio

Caen por el vacío de mi cuerpo hasta la muerte

mientras se extienden contrarios a la luz

hasta convertirse en sombras que se clavan en la piel como tatuajes

En un rincón de este cuarto lejos de mi casa

las llagas duelen una vez que pasa el miedo

 

 

Sentado sin saber qué espero

el día se me escapa como estampida de luz

Cada minuto acumulado en la puerta de mi cuarto

es una espina en la garganta

Al atardecer los objetos y mi cuerpo se desvanecen

Las paredes son montañas que caen lentamente sobre mí

de nada sirven ahora los espejos

Traspaso la ventana

suspendido entre las sombras

Como la luna

me desgarro el pecho

con las ramas afiladas del durazno

mientras la noche dispersa las cenizas

 

 

Pienso que el amor está en la vista

en una mirada de cuchillos

como un haz de luz girando

hacia dos interiores

Inventando la intimidad

al descubrirse en otro rostro

 

 

Ahora que puedo habitar

cualquier pupila sin tocarla

Decir todo lo que quiero sin decirlo

Trascender los cuerpos

circundando la apariencia

Ahora que mis manos

conocen el secreto de la piel

mi cama está vacía