Lunas
Paralelas
Lourdes
Falcón

Tu ausencia regresó a la ciudad
se expresa con el sonido de tu voz
se viste con tu ropa,
sus modos me hablan de ti.
Ocupa tus espacios en sillas y rincones,
cortés y distante
deambula por la casa,
fingiendo ser tú.
Camina,
huele a ti
hace el amor con tu misma vehemencia
pero no se funde en mi piel.
Está en la ciudad,
dice ser tú
y al pensarlo, tal vez
la que no está
soy yo.
Las sábanas se hunden
el encaje se adormece
y tus labios rezan metáfora aplicada.
Gata, noche y ventana se confunden
en el reseco sudor de tus brazos,
en la sal que recorre mis venas.
Un poco blasfema, mujer
o pecadora
Conjuro a Dios
en ese grito que ahogo en tu pecho.
Tengo ganas de meterme en tus palabras
llorarte con mis manos
que me amanezcas tarde en lunes,
verano o noviembre.
Enredarme en tus sueños, en tus piernas,
deslizarme en tu aliento
y mordiéndote las ganas
mecer mi boca
lentamente.
Atropellar tu alma,
tus brazos, tus deseos
eclipsarme en la penumbra de tus ojos
fraguar tu carne con la mía.
Beberte en la mirada
atarte a mis estrellas, unirte a mis espacios
envolverme en tu aurora.
Que el sol llegue violento, suave
tengo ganas
de encendernos nuevamente.
Desmoronándose entre mis dedos
veo mi nombre resonando
entre el dolor, la ventana, los recuerdos.
El viento juega con el naranja de
los días que se guardan.
Recuadros que no convergen
en mi abecedario
como tinta seca
cenizas y acentos se dispersan
sobre la inerte superficie.
Cuánta fuerza puede llevar cada letra
si te pronuncio
nacen ríos de mis uñas.
Cuánta distancia entre la arena y la luna.
El papel donde escribí mi nombre
se deshizo en la humedad de tu ventana.
A Sergio
Somos caminantes que se cruzan
por veredas deshojadas en el tiempo,
buscando dejar huella
entre azul de primavera
y otoño enrojecido.
Soy cometa atrapada en el ramaje de un árbol
golondrina que anidó
para siempre entre tus manos.
Eres suavidad que reposa
vértigo y seducción
de silencio y montaña.
Aliento que besa tormentas
trueno que gime en la tierra
mientras las gotas
hacen música en las piedras.
Somos lo que somos
arcilla en ocre y luna
que se moldea en color profundo.
Somos brisa, inquietud, raíz y calma
amaneceres distintos, con sabor a libertad,
que la lluvia no siempre es borrasca
ni los días marcan la misma estación.
Las paredes huelen a silencio,
de los huecos salen duendes,
todas las ventanas pintan un mundo distinto,
¿y la puerta?
Los duendes susurran,
estoy subiendo, bajando, cansándome,
entrando, saliendo, suspirándome,
sonriendo, llorando, preguntándome.
El reloj emite campanadas mudas,
suena, acumula su capa gris,
su polvo que por más que intento
no logro quitar.
Ropa, sueños, basura, versos,
un carro y la hermosa gata negra siempre están conmigo.
Tanto por hacer, por atender, por vivir.
Cereal, noticias, el día iniciado:
un beso, la reja, camas, platos y minutos
acumulan sueños
ollas con sabor de antaño.
Camina la tarde, transcurre, se marcha,
el polvo persiste;
Noticias, los simpson, merienda, descanso,
ensalada de letras.
Planchando monotonía, observé
el botón de la cordura descosido.
Tengo ganas de aburrirme en jueves,
extrañar la ropa que lavo,
añorar el no hacer nada,
dejar a lunes durmiendo hasta el mediodía,
que mi voz no resbale.
Poner la televisión en el tendedero
que se asoleen las programaciones
se despercudan los noticieros
y acariciar la sobremesa.
Tengo ganas de hacer haciendo
tantas cosas nuevas,
que me acaricies las piernas
mientras hago la sopa
hacer al amor en el piso
de la cocina.
Sorprenderme en las tardes leyendo
bailar, sin que haya fiesta
festejar un no cumpleaños.
Hablar de la geometría
que dibuja mi cuerpo en tus manos
del costal de monedas que ahorras celosamente,
de tus botas nuevas,
de la hija y sus fantasmas.
Quiero querer queriendo
besarte
desvelarnos en locuras atrevernos juntos,
inventar la luna llena.
Romper los platos sucios,
descoser la monotonía
arrumbándola
en el no-me-acuerdo.
Muebles de polvo con sabor añejo,
suspiro que se esconde en los rincones,
ojeras de diciembres,
marzos o agostos,
de noches furtivas, dolidos mares,
de madrugadas
sin amanecer,
sin luna
ni viento.
Piel que se marchita y se pregunta
si las hojas de otoño
pueden volverse primavera.
Telarañas de recuerdos atrapan lo vivido,
bazar de antigüedades en el rostro,
un cuerpo enardecido de nostalgias
en sábanas de olvido,
de encajes,
de humedad reseca.
Mecedora que acuna
vientre febril y atardecido.
El reloj de arena continúa
vertiendo poco
a poca
tierra
sobre la fosa.
México D.F., noviembre 1950. Ha colaborado en diversos medios de la localidad como «El Norte», El Porvenir, Periódico Semanal Expresión, Revista Garfios, Entorno Universitario, Contexto Gráfico, Correo Chuan, Revista Cigarros y Carta Literaria Rayuela. En México D.F. en la revista Pluma de Ganso.
Tiene un libro publicado que se titula: Poesía y Fatalidad. Ha pertenecido, entre otros, a los siguientes talleres: Creación Literaria de la Universidad Regiomontana, coordinado por Mara Gutiérrez; Casa de la Cultura de Nuevo León, coordinado por Dolores Hernández; Casa de la Cultura de Nuevo León, coordinado por José Eugenio Sánchez y Elsa Cross y al de Saúl Ibargoyen, en la Casa de la Cultura de Nuevo León.