Kurt
Cobain

La figura de Kurt Cobain, líder del grupo Nirvana, sigue vigente con el legado musical que redefinió al rock; hace 10 años decidió quitarse la vida
SAN FRANCISCO, Estados Unidos, abr. 5, 2004.- Kurt Cobain, líder del grupo Nirvana, se quitó la vida hace diez años en la casa que compartía con la polémica cantante Courtney Love, dando paso a una leyenda que ha inspirado a las nuevas generaciones de músicos.
Cobain se suicidó entre el 5 y el 8 de abril en su casa de Seattle (Washington), en la costa oeste de EU, pegándose un tiro con una escopeta tras una sobredosis de heroína.
El cantante grunge, que redefinió la música rock, tenía apenas 27 años pero estaba en la cúspide de la fama y de una profunda depresión aliñada con estupefacientes que venía arrastrando desde mucho antes.
Ya a los 15 años, Cobain cultivaba el nihilismo que después le caracterizaría y había expresado deseos de suicidarse, según Charles Gross, autor de su aclamada biografía Heavier than Heaven, escrita a partir de entrevistas y los diarios del artista, en los que habla de una tristeza insuperable.
Lo cual no impide que el cantante continúe dando sorpresas. Recientemente se supo que meses antes de su suicidio se planteaba abandonar su exitosa banda para colaborar musicalmente con el grupo de Love, según una entrevista inédita publicada por la revista británica Uncut.
De acuerdo con este medio, Cobain creía tener más afinidad musical con Hole, el grupo de Love, que con Nirvana.
"Hay (en 'Hole') un nivel de conexión que es mayor que lo que me ha ocurrido con cualquier otro grupo", señaló entonces.
El líder del más exitoso grupo de grunge estadounidense confesó también que se planteaba cambiar de estilo para acercarse más a la música acústica.
"Podría sentarme en una silla y tocar una guitarra acústica como Johnny Cash o algo así, no sería una broma", señaló Cobain.
Si esa bala no hubiera alcanzado su objetivo, el cantante podría haberse alejado, efectivamente, del estilo grunge de Nirvana, aunque también habría podido caer en el acomodamiento intoxicado, como tantos otros, por las mieles del éxito.
O quizá, y a esta posibilidad presta especial atención su biógrafo, también podría haber optado por abandonar la música para reengancharse con su primer amor, la pintura.
A este arte dedicó muchos meses de su vida, en ocasiones mezclando con los acrílicos su propia sangre, semen, cenizas de cigarrillos e incluso materia fecal para representar temas como la muerte, la menstruación, la sexualidad, el cielo y el infierno y, posteriormente, el embarazo de Love y el nacimiento de la hija de ambos, Francis.
Al igual que otros personajes célebres, como James Dean, Jimi Hendrix o Jim Morrison, la leyenda de Cobain creció con su muerte.
Al fin y al cabo, Nirvana había estado en el candelero durante sólo tres años antes de la muerte de su líder.
El grupo saltó al estrellato gracias al álbum Nevermind, de 1991, al que siguió "Smells like Teen Spirit", que se convirtió en un himno para los adolescentes.
En marzo de 1993, llegó In Utero, un título muy apropiado para el nuevo papá pero que Cobain quería haber reemplazado con "Me odio y quiero morir".
Un año después de que este disco viese la luz, Nirvana inició una gira por Europa. Después de sólo 16 conciertos, el cantante comenzó a sentirse mal y canceló el tour, tras lo cual intentó suicidarse en un hotel de Roma ingiriendo 60 pastillas de un potente narcótico.
Cobain se recuperó milagrosamente, sólo para intentarlo de nuevo, esta vez con éxito, en el invernadero de su casa de Seattle.
Allí dejó una nota póstuma en la que citaba las presiones de la fama, su permanente dolor de estómago y la tristeza de no ser capaz de disfrutar más de la música como motivos para quitarse la vida. Diez años después de su muerte, Cobain continúa sonando en emisoras de radio de todo el mundo y sus seguidores se plantean la misma pregunta que Gwen Stefani, del grupo No Doubt: "Me pregunto lo que la música sería ahora si todavía estuviese por aquí".