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Ir hacia Scherzhauserfeld
Antonio Ramos

  

 

Al intentar hablar sobre la generación X vienen a mi mente dos obras disímiles en tanto a la técnica y a la exposición. Una es la canción Avalón de grupo Roxy Music y la otra es El Sótano, del musicólogo y escritor Thomas Bernhard. ¿Por qué estas dos obras? Tal vez porque ambas hablan sobre el presente y el futuro y ambas desentrañan este presente y este futuro de maneras distintas y qué es la generación X sino una negación del presente pero también una negación del futuro.

Cuenta Thomas Bernhard en El sótano, una de sus magistrales obras, que de joven, un día, simplemente deseó ir en la dirección opuesta, rumbo a la tienda de comestibles del polaco de Podlaha en el poblado de Scherzhauserfeld. Nos narra cómo el joven Bernhard va a la oficina de empleo, sube las escaleras, encuentra a la señorita de la oficina de empleo y le dice que quiere un oficio pero que vaya en la dirección opuesta, lejos de la Reichenhaller Strasse donde está la ciudad y el instituto. Dice Bernhard que la mujer sacó del fichero tarjetas con nombres rugosos donde había muchas direcciones y puestos como: ser aprendiz de comerciante en las zonas ricas de la ciudad, aprendiz en un despacho administrativo, etcétera, Bernhard se negaba pero apenas salió el nombre del polaco Podlaha, y en cuanto la señorita leyó con cierto asco, reticencia acaso, aprendiz de abarrotero en el poblado de Scherzhauserfeld, él supo que esa era la dirección que estaba buscando: ser aprendiz de abarrotero en el poblado de Scherzhauserfeld, ser aprendiz del señor Podlaha, el músico frustrado y amante de los clásicos y así, de esta manera, en el camino de la dirección opuesta, ir hacia la dirección correcta.

Canta Bryan Ferry en Avalón, canción del disco homónimo del grupo Roxy Music, lo siguiente:

 

Now the party`s over

I`m so tired

Then I see you coming

Out of nowhere

Much communication in a motion

Without conversation or a notion.

 

La música, el rasgueo del bajo es cálido, Now the party`s over. I`m so tired,. Nostálgica, la voz de Ferry desciende hasta tocar las fibras más escondidas de la melancolía, del no mirar hacia adelante, del ir a fin de cuentas en la dirección opuesta. No es una canción estridente, no es una canción de nota alérgica. Es una canción que me hace pensar en el joven Bernhard en su camino hacia el poblado de Scherzhauserfeld, lacra de la ciudad, origen de todos los desvalidos, sitio ilícito, tenebroso, de donde salen los males del Salzburgo. Scherzhauserfeld: donde las mujeres pelean por el alimento diario y los hombres aún guardan el nombre de las viejas victorias: Smolensko, El Alamein, Narvik.

Estamos en la Alemania de la postguerra. Estamos con Roxy Music, con la voz melódica de Bryan Ferry en la década de los 80`s cuando la fiesta ha terminado, cuando el cansancio es cierto, cuando el mundo despierta al mundo con una resaca espantosa. Y cuando ves la realidad en su aspecto más crudo, sabes que ya sólo vamos sobreviviendo y no viviendo. Cuando te enteras de la verdadera magnitud del vacío frente a la vida y que todo se ha dicho ya, que todo se pensó, que las bibliotecas están llenas de libros anónimos, puedes cantar con gusto: I`m so tired.

No es un futuro incierto lo que tememos, dice de alguna manera Bryan Ferry; no es un futuro lejano lo que tememos, dice Thomas Bernhard cuando la señorita de la oficina de empleo saca la tarjeta que dice: Podlaha, poblado de Scherzhauserfeld, sino el presente terrible, el presente sin esperanza, el fin de la fiesta, (Goytosolo, Juan, utiliza esta misma frase para titular uno de sus libros) la resaca terrible, recibir el sol por la mañana y encontrar el tiradero, recibir el sol por la mañana y recordar lo que hicimos por la noche: las vergüenzas de alfiler, los asaltos de grandeza que se evaporaron. Now the party`s over. Bryan Ferry también canta en Avalón lo siguiente:

 

Yes the picture`s changing

Every moment

And your destination

You don't know it

 

Thomas Bernhard se dirige hacia la Rudolf-Biebl-Strasse donde se encuentran el camino hacia el pueblo de los desesperados, hacia los bloques de cemento donde se hacinan los delincuentes de Salzburgo. Todo está cambiando a cada momento y nadie conoce a ciencia cierta su destino, dice Ferry. Presente, pasado. Imagino esa generación que despierta al mundo: imagino esa generación que recién despierta a este mundo: esos años ochentas, esos años noventa, esa sensación de vacío, ese cambio constante, de ídolos del momento, de derrumbes socialistas, de Honecker en su silla observando impasible cómo su muro se derrumba, de los años mozos de Madonna. La música sigue en todas las discos y hay un millón de pájaros muertos todos los días. La heroína, la bienamada mariguana, el viejo y siempre nuevo LSD. Imagino a una mujer cualquiera, un hombre cualquiera despertar al mundo y saber con resignación que la Reichenhaller Strasse es el único camino posible. Es la generación X, tal vez, la generación sin la dirección opuesta, sin un Scherzhauserfeld que los libere; pero... ¿había direcciones a dónde ir?

 

And your destination

You don't know it

 

Antes de decidir cambiar de dirección, el tiempo se me hacía ya larguísimo, un tiempo insoportable, escribe Bernhard casi treinta años después de llegar a la tienda de abarrotes de Podlaha en el poblado de Scherzhauserfeld. Me pregunto qué habría pasado si Bernhard no se dirige hacia la dirección opuesta. Tal vez nunca habría escrito “El sótano”. Me pregunto a dónde habría ido la generación X de tener un lugar a dónde ir.

Ahora han pasado los años y esta generación se reconoce, la reconocemos. Somos y nos somos de ella. Con el pretexto de escribir algo sobre a dónde irá la generación X leí de nuevo “El sótano”. Con al pretexto de preguntarme a dónde iría la generación X escuché de nuevo a Roxy Music y dejé que las palabras de Bernhard, la música de Bryan Ferry se amoldaran perfectamente.

La generación X nunca tuvo un destino. La idea del destino, seductora desde siempre, no llegó. A veces los mejores caminos para ir por la vida son los desvaríos. La generación X fue siempre en la dirección opuesta, And your destination/ You don't know it. Y se necesita más valor o imprudencia para ir hacia donde no se sabe; para descubrir en la vida lo que no se espera. ¿Quién sabe en verdad el destino de sus días? ¿Quién tiene la certeza de su carrera, de su éxito, de la mujer que tendrá? Muy pocos, creo.

La generación X se fue por su camino, se golpeó, se cayó, voló, explotó en el Challenger, derrumbó el Muro, gritó por los muertos en las islas Granadas, fue y vino de Nueva York, hizo escala en París, en Monterrey, en San Petersburgo; comió en un Mac Donalds, se dispersó en Tiannamen, ganó Olimpiadas, ayudó a Millá a meterle un gol a Argentina en el Mundial, escribió muchas novelas, desistió del realismo mágico, sufrió una noche el asedio de los tanques rusos en Moscú, la rociaron de gas, la metieron a la cárcel del Morro, la sedujeron con mariguana, la vistieron como Linda Evangelista, le raparon los vellos de las axilas y los genitales, la subieron a la cima del Everest pero en algún momento de este trajinar de muerto se sintió o se sentirá redimida.

¿Adónde va la generación X? No lo sé. Pero creo saber qué es y cómo es su fuerza, su magia; como sé que Thomas Bernhard fue, va, tomará en el futuro el camino hacia la tienda del poblado de Scherzhauserfeld. Va aquí saliendo, en este momento se detiene en la Reichenhaller Strasse. Es un momento congelado cuando contiene sus pasos, cuando la gente pasa a su lado como una ola que barre, cuando el sol le pega en la frente y siente que es el momento, que tiene que irse, que no debe de dar ningún paso hacia adelante. Un estremecimiento de libertad lo recorre cuando finalmente da un paso atrás y lentamente se dirige, primero un paso, luego el otro, hacia la dirección opuesta, hacia convertirse en un ser útil.

De la misma manera, Roxy Music, Bryan Ferry canta:

 

When you bossanova

There`s no holding

Would you have me dancing

Out of nowhere?

 

¿Qué más se puede entonces pedir de la vida? Tal vez El sótano y Avalón no hablen sobre la generación X. Hablan mucho sobre el hombre, sobre la pasión. Nos cuentan sobre el ideal, sobre la necesidad de ser algo, de sentir algo nuevo por primera vez. Nos reconocemos en los otros. Reconozco en mí ese ir en la dirección opuesta, la letra de And your destination/ You don't know it. Reconozco algo de mí esa generación que decidió irse por la incertidumbre y en esa incertidumbre, en ese viaje sin destino construyó las victorias que ahora cantamos. Al final de cuentas también escuchaban el bosanova. Todos iban por rutas distintas; pero todos hacia Scherzhauserfeld.

 

 

Antonio Ramos

Estudió Letras Españolas en la UANL. Becario del Centro Mexicano de Escritores. Premio Nuevo León de Literatura 2003.