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Señala "hollywoodización" de la literatura
Daniel de la Fuente

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Afirma poeta uruguayo-estadounidense Eduardo Espina que editoriales vuelven canónicos a títulos y autores sólo para fines comerciales

Por Daniel de la Fuente
El Norte


Monterrey, México (19 abril 2004).- Para el poeta Eduardo Espina, el mercado editorial vive un fenómeno extraño que le hace recordar la película "Zelig" de Woody Allen, en la que el personaje adquiere la apariencia física de su interlocutor.

"Así es como veo a los nuevos escritores: se quieren convertir en los narradores que andan por los 40 ó 45 años y que reciben la atención del status quo de los diarios latinoamericanos, los cuales mantienen una relación incestuosa con
las grandes editoriales, las multinacionales".

El uruguayo nacionalizado estadounidense, quien estuvo de visita en la Ciudad, hizo una profunda crítica al mercado editorial y al oficio de escritor en la actualidad. Nunca como ahora, dijo, ambos se encuentran corrompidos.

"Creo que como pocas veces en la historia de la literatura latinoamericana el escritor depende de las expectativas del editor. Lo que publican en Anagrama, Alfaguara o Planeta escriben de una determinada forma porque, si no, no publican", comentó. "Y yo me pregunto: un libro difícil, digamos, de escasa visibilidad narrativa como el Ulises de Joyce, hoy en día seguro no sería publicado, porque la narrativa que publican las mencionadas editoriales está cortada con el mismo molde, mientras que la otra literatura, la que se publica en los márgenes, casi no circula".

Espina señaló la complicidad que hay entre los grandes diarios con el poder editorial.

"Los libros de editoriales ligadas a El País, como Alfaguara, siempre son elogiados. ¿Por qué? Es obvio, son de la misma empresa. Jamás he visto críticas en estos diarios que les peguen palos a sus editoriales. Es decir, es todo un fenómeno que termina siendo repugnante".

Ha apuntado Anagrama, cuando es una editorial que se ha arriesgado con ciertos autores.

"En Anagrama sucede que pasan libros como delicadezas literarias, cuando no lo son. ¿Es tan grande Paul Auster? ¿Es un Faulkner? No, pero Anagrama lo tiene como modelo de lo que se debe escribir. Otro ejemplo: la literatura de Bolaño. No lo veo tan gran escritor como dice que es. Me parece un escritor correcto, conozco novelas mejores, como las de Roberto Echavarren, donde sí hay riesgo. Con esto no digo que Bolaño no tenga talento, pero no aporta nada para que la literatura, como debe de ser, dé un paso más allá".

Ante esto, explica el autor de "Las Ruinas de lo Imaginario", autores como David Toscana, el narrador latinoamericano "más importante", aunque es elogiosamente reseñado por The Washington Post o The New York Times, no figura en el grupo de favorecidos.

"Esto, por supuesto, no es exclusivo de alguien como Toscana", añade. "Te doy un ejemplo: todos los libros de Don De Lillo, que no es de Alfaguara, han sido mal criticados en El País. Es más, de uno de sus últimos libros, 'Submundo', primero dijeron que era incomprensible y luego que le faltaba continuidad narrativa. ¡Precisamente! Le falta la linealidad narrativa del bestseller".

A su decir, el faro -que en este caso es el gran mercado editorial- está encandilando al capitán y a los marineros, en lugar de guiarlos. Mientras que la literatura latinoamericana se caracterizaba por novelas-ruptura: "El Pozo", "Cien Años de Soledad", "Terra Nostra", ahora Espina se pregunta cuál es la gran novela del momento.

"Yo digo que es 'Duelo por Miguel Pruneda' (de Toscana), pero hoy todo el mundo trae en la boca que el mejor es Jorge Volpi, a quien uno lee y sus libros se caen de las manos. Al respecto, siento que hay como una especie de 'hollywoodización' de la literatura latinoamericana, donde editoriales y lectores están buscando únicamente entretenimiento bien realizado. Como las películas de Spielberg. ¿Está bien hecho su cine? Sí. ¿Es un gran cine? No".

Al escucharlo percibo como si hubiera un complot internacional.

"No, lo que pasa es que el mercado se ha transformado. Mira, ¿cuántos editores hay como Sylvia Beach con una Olympia Press publicando un Joyce? No conozco. Y no los conoceremos porque los anaqueles de las librerías están controlados por las grandes editoriales que a su vez editan libros con fórmulas de bestseller, de anacronismo atractivo para ciertos lectores que buscan temas históricos.

"El capital está controlando a la literatura, entonces el mercado está rigiendo el mundo del arte. No hay lugar para gente como Fernando Vallejo o un Armando Romero, cuya novela inédita 'La Rueda de Chicago' nadie se la quiere editar. En el cine uno debe condenarse si tiene una buena película a que circule en festivales y, que de pronto, se rompa la lógica del mercado y tenga éxito comercial".

Se mantiene en pie, pues, que el reconocimiento le sigue llegando tarde a la literatura compleja.

"Faulkner no vendía en sus comienzos. Tuvo que irse a Hollywood y ganar el Nóbel para que comenzara a ser leído en Estados Unidos. Lo mismo le pasó a Onetti, a Felisberto Hernández, a Abelardo Arias. Hoy muchas de las novelas que son proclamadas como grandes historias, dentro de 20 años serán tratadas como valor documental para comprobar lo mal que se leía en esta época.

"¿Sabes cuál es el problema? Hay libros de Sydney Sheldon que han tenido críticas buenas en el New York Times, pero la diferencia entre el mundo anglosajón y el nuestro es que se conoce la diferencia entre 'a' y 'b': Stephen King o Sydney Sheldon son autores dotados bestsellers, que no cuenta nada trascendente, pero no pasan a ser considerados gran literatura.

"Esto sí sucede en Latinoamérica: autores como Volpi o Mastretta son considerados gran literatura, mientras que en Estados Unidos nadie confunde a King con Don de Lillo. Esto se debe al extraordinario trabajo de marketing de editoriales como Alfaguara o Planeta y hay que reconocérselos. Aquí los críticos elogian todos los libros de estas editoriales, pero en países como Estados Unidos nadie se quemaría al elogiar una novela que, se sabe, es producto de marketing, como por ejemplo lo fue 'La Piel del Cielo', de Elena Poniatowska, una novela horrenda".

Esto se debe, agrega Espina, al hecho de que impera hoy más que nunca la improvisación y la trivialidad en los reseñistas jóvenes. Egresan de las carreras de ciencias de la comunicación con un menudo conocimiento del mercado editorial y de la literatura y llevan a las alturas novelas que no lo merecen.

"Creo que las revistas independientes en internet y algunas publicaciones impresas serán las únicas alternativas ante una impresionante crisis de credibilidad que viene en el futuro. Cuando esta crisis haya pasado, nos daremos cuenta cabalmente del agotamiento y el facilismo que hay entre los autores actuales. La cultura del bestseller está instalada y pasando por literatura seria, arriesgada, difícil. Hoy, cualquier Corín Tellado puede pasar fácilmente ante los ojos de cualquier por un Onetti".



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