Demian:
La Convergencia de la Memoria
Diana
Domenech
Existen dispositivos de memoria portátil que pueden conectarse a casi cualquier computadora: lo que se creó en una se convierte en parte de infinidad de ellas.
Así debe ser la memoria de un escritor: vive, registra, transforma y, a fin de cuentas, comparte con los demás de manera que los otros -los lectores- sienten la imagen poética como nacida desde sí mismos y, en especial, en el caso de Hermann Hesse, esta memoria lo distingue.
Muchos y trascendentes son los temas que ocupan las líneas que escribe, tanto en sus novelas, relatos y poesía, como en su correspondencia privada; sin embargo, el rasgo que le ha ganado lectores incondicionales a lo largo de casi un siglo reside en que recuerda como ningún otro ese desquiciante padecimiento que es el ser adolescente.
Hoy quiero hablar del libro que obsequio a una amistad para establecer un punto de partida, el libro que me llevaría a una isla desierta, el libro que marcó el rumbo de mi vida cuando tenía 17 años: Demian.
Novela corta publicada en 1913, leída con gran interés por décadas, redescubierta y enarbolada por la generación del Flower Power, Demian no sólo trata de, sino que es crecimiento, madurez y dolor.
Conjugando los mejores elementos del romanticismo alemán con la entonces flamante ciencia de la psicología, Demian nos conduce por las aventuras y vicisitudes de un viaje exótico, pero no a tierras lejanas en el tiempo o el espacio, sino al atormentado interior de Sinclair.
La jornada inicia cuando el protagonista cuenta con diez años y la certeza de que el mundo es sólo blanco o negro, sin cabida para irritantes -y peligrosas- zonas grises. Un infortunado evento lo pone ante la sima de la desesperación, de la cual es rescatada por un singular amigo, cuyo nombre es Max Demian.
Demian es diferente entre los diferentes: parece haber llegado a este mundo con un manual de instrucciones del que todos carecemos: siempre en control de la situación, y siempre con alguna opinión original que carcome esa concepción sinclaireana de maniqueísmo simplón.
A partir de esos primeros encuentros, no hay marcha atrás: el relato se convierte en rompimiento, en búsqueda, en pistas falsas y breves remansos de agua que sólo dejan una sed aún más grande y más desesperada.
Demian es la historia de cada ser humano: la historia que vivieron mis padres, la que estamos viviendo, la que vivirán nuestros hijos y los que sigan después de ellos. Es el tránsito desde la idílica infancia a la aterradora madurez, la encrucijada que puede conducir hacia la gran y mansa mayoría, o hacia la alienación y el satisfactorio dolor de ser sincero consigo mismo.
La historia concluye en las puertas de la edad adulta, puertas que no se pueden franquear sin haber antes cerrado otras: las de la trascendencia o las de la conformidad.
El amigo, la revelación, el amor, la madre: todos son sólo matices que moldean la voz propia, el único compromiso del ser humano: más allá de todo Dios, más allá de cualquier bandera, el único deber del hombre es encontrarse a sí mismo, y vivirse al máximo.
Hesse es un occidental que ha puesto sus ojos en Oriente: más que con un fácil romanticismo, con una esperanza revolucionaria y ancestral ante un estilo de vida que se desmorona frente sus ojos y que requiere de nuevas propuestas.
En Demian se observa ese sincretismo que intenta llevar a la humanidad hacia el camino de la apertura, de la tolerancia y del abrazo entre culturas que puede dar a luz al hombre del mañana.
Esa característica de Demian aparece como recurrente en el resto de la obra de Hermann Hesse: Bajo la rueda, Siddartha, Narciso y Goldmundo, El lobo estepario... detrás de los diversos rostros y nombres se tiene una y la misma búsqueda, una y la misma angustia, una y la misma respuesta en la que Oriente y Occidente dan origen al genuino ser humano.
De la misma manera que en Francia se encuentra guardada bajo siete llaves la medida de peso oficial que indica un kilo, Demian es la medida de referencia obligada para calcular la humanidad de cada individuo.
Si nunca antes has tocado un libro, Demian te hará saber cuáles son tus lecturas a futuro: te instalará frente a lo mejor del pensamiento humano y de cara ante lo mejor de ti mismo, o te pondrá el cuenco de palomitas y te sentará frente a la televisión y la revista de moda para que pases tranquilamente el resto de tus días.
38 años, nacida Virgo con ascendente Piscis.
Licenciada en Letras Españolas por la UANL, generación 1999.
Ha trabajado siempre como maestra y ha coordinado talleres de
creación literaria para los programas técnicos del ITESM hasta mediados del
presente año.
Estos son algunos de los espacios que le han publicado:
El Norte, sección De los talleres, Monterrey, N.L.
Verano-Otoño 1990.
Raza estudiante, Monterrey, N.L.
Verano 1990.
Revista Expresión, Universidad Regiomontana, Monterrey, N.L.
Primavera-Verano 1992
Artículos varios, columna “Comentando un libro”
Fruta Verde, FFyL UANL, Monterrey, N.L.
Otoño 1993: De nombres y (a)dioses
C•pULTURA, México, D.F.
Otoño 1995
@TN News International, Monterrey, N.L.
Primavera 2000
Posdata, Monterrey, N.L.
Verano 2002: Crítica de cine