Cristo
Alexandro
Aldrete

La Última Tentación de Cristo es la película de 1987, dirigida por Martín Scorsese, basada no en los evangelios, sino una novela de ficción del escritor griego Nikos Kazantzakis. La Pasión de Cristo es el film de Mel Gibson estrenado este año, hablado en arameo y latín, y basado mayormente en los evangelios. Ambas películas son válidas y arriesgadas visiones de el personaje más importante de la historia de nuestra civilización: Jesucristo de Nazaret. Y ambas películas están en cartelera.

Tentación llega 16 años después de su estreno original. En ese entonces, nunca hubo manera de exhibirla en este país porque grupos católicos y cristianos se sentían ofendidos por la visión “humana” de Cristo...aunque probablemente nunca la vieron de todos modos. Cuando Mel Gibson anunció su idea de hacer una película basada en las últimas 12 horas de vida de Jesucristo, todo el mundo le dio la espalda. Había dos razones principales para eso: su idea de filmar la película en arameo y latín y exhibirla sin subtítulos, y un secreto a voces en Hollywood que indicaba que Gibson, un católico de ultra derecha, tiene tendencias anti semitas que iba a terminar plasmando en su cinta. Gibson tuvo que pagar la película el sólo (30 millones de dólares), y distribuirla por sí mismo en Estados Unidos, donde NADIE aceptó su película inicialmente. La gran sorpresa cinematográfica de la década es el increíble éxito taquillero que ha resultado La Pasión. Esto ha convertido a Gibson en una de las estrellas de cine más ricas del mundo. En unos días, le van a llegar, netos, a su cuenta de banco, 100 millones de dólares. Lo que ha sucedido es que la gente ha sido conmovida por esta película de una forma que ninguna otra cinta religiosa o con temas relacionados lo había hecho. Los grupos más conservadores de Estados Unidos, aquellos “church going people” que nunca van al cine, están repitiendo la experiencia de la misma forma en que las adolescentes iban a ver Titanic cinco o seis veces para llorar cuando se muere Leonardo de Caprio.
El enfoque de Gibson es simple, su película es acerca de una idea, no pretende ser una meditación teológica para nada: las últimas 12 horas de Cristo, y la salvaje tortura física y emocional a la que fue sometido para así ser crucificado y salvar a la humanidad de nuestros pecados. Y eso es lo que entrega. Scorsese, en su polémica película realizada con sólo 7 millones de dólares de presupuesto, propone algo mucho más complejo. La historia de Jesús como un ser humano temeroso, lleno de dudas, a veces demasiado vulnerable, y para quién la tortura física es secundaria cuando se da cuenta que a lo que va a renunciar es a tener una vida normal: familia, trabajo, hijos.
La Última Tentación de Cristo es una buena película, y es intelectualmente muy rica. Willem Daffoe interpreta a un Jesús atormentado y carismático, que lucha por entender cual es su misión y su lugar en este mundo (como todos los humanos). Kazantzakis y Scorsese usan la historia de Jesús para hablar de la eterna lucha entre la carne y el espíritu, y ven todo desde una perspectiva más rica e interesante. Judas no es un traidor, no es un villano despreciable. En la Tentación, Judas es el brazo derecho de Cristo, y quien tiene que aceptar, aunque no lo quiera, la misión de traicionarlo para así poder completar el sacrificio del hijo de Dios.
La película más o menos es historia conocida hasta el punto en que Cristo es tentado a bajar de la cruz y vivir una vida normal que incluye, por supuesto, la gran escena de la discordia en la que aparece teniendo sexo con María Magdalena. Sin embargo, al final, la cinta resulta no blasfema, sino que por lo menos en mí, tuvo un efecto espiritual positivo, me hizo apreciar más la figura de Cristo, y me hizo identificarme más con él y entender la magnitud de su sacrificio. Además, me gusta la idea de que nos podemos ver reflejados en esa última tentación. ¿Cuántas personas no se traicionan a sí mismas? ¿A sus ideales? ¿Con tal de vivir una vida sin chiste, de supuesta felicidad, de salida fácil? ¿Cuántos que pudieron ser grandes hombres prefirieron ser carpinteros? ¿Cuántos le han tenido miedo a su potencial?
La cinta no es perfecta ni mucho menos. En video, es bastante lenta y, como me dijo el Gabo una vez, llega un momento en que “se hunde en un fango de aburrimiento”. Y a veces Cristo parece un niñito chillón a quién uno quiere gritarle, como Judas lo hace: “Be a man!!!”. Pero el lunes pasado que la vi en el cine nunca dejó de parecerme entretenida y me mantuvo activo mentalmente todo el tiempo. La música de Peter Gabriel es excelente.
La Pasión, de Gibson es otro cotorreo completamente. Se apega mucho más a los evangelios y luego comienza un verdadero diluvio sangriento, bastante impactante, pero mucho más, me imagino, si eres un católico o un cristiano devoto. La gente llora más que nada porque se trata de Cristo, ya que para ser honestos, he visto cosas peores en el cine (Irreversible, por ejemplo, me hizo cerrar los ojos). Son dos horas de tortura, y es bastante fuerte, y es bastante gráfico. Pero no sé, no sé...No puedo negar que La Pasión es una buena película en el sentido estricto de la palabra. La fotografía es bella, la música excelente.
Jim Caviezel es el actor perfecto para interpretar a Cristo. Maia Morgenstern, como María, es realmente conmovedora. Pero hay algo raro, algo inquietante acerca del regocijo que Gibson parece tener con la violencia, no solo en esta película, sino en toda su filmografía. Parece que para Gibson, un mártir no es un mártir si no se lo madrean desalmadamente. Probablemente no hay otro actor a quien se lo hayan agarrado a chingazos más en sus películas. Desde las películas de Arma Mortal, hasta Payback, donde una dominatrix casi acaba con él. O en Braveheart donde básicamente lo crucifican, Gibson parece...no sé...disfrutarlo...
Y en La Pasión, llega un momento en que deja de ser impactante y se convierte en una especie de exploración masturbatoria. Es decir, para la tercera vez que Cristo se cae con la cruz en cámara lenta, mi voz interior me dijo: “ya entendí, ok, sufrió mucho”...Y ése es el problema. Porque tantos golpes y violencia no dejan espacio para mucha reflexión. ¿Qué puede uno pensar después del latigazo numero 150? “Pinches romanos sádicos”, supongo.
Mi punto es que el mensaje espiritual de ámense unos a los otros es apenas algo que se menciona a mitad de la película y al final, en lo que de otra forma es un ininterrumpido baño de sangre. El momento realmente conmovedor para mí no tuvo nada qué ver con latigazos o clavos en las manos. Es un flashback a la niñez de Jesús en uno de los momentos donde este cae, y su madre María recuerda una situación similar. Se me aguaron los ojos. Por alguna razón me identificaba más con María que con Jesús.
Las acusaciones de anti semitismo para mí no son más que paranoia. Ni siquiera me dan ganas de hablar al respecto porque se me hace inútil. Unos cuántos judíos no representan a todos, y de todos modos...la creencia es que todos contribuimos a la muerte de Jesús. Pilatos, que algunos dicen aquí es retratado bastante amablemente, no deja de ser un pinche cobarde incapaz de asumir responsabilidad por sus actos.
No digo que la película no sea relevante porque lo es. Todos aquellos corruptos que por una lanita traicionan sus creencias pueden verse reflejados en Judas, todos aquellos incapaces de tener convicciones pueden verse reflejados en Pilatos. Aquellos que juzgan sin juzgarse a sí mismos pueden verse como los que apedrean a María Magdalena. Hay muchos mensajes que desde La Biblia hemos podido absorber. Lo que dudo es que realmente queden claros, o que puedan traspasar el manto de sangre en que la película envuelve cada una de sus ideas. No sé si la gente realmente sale pensando en amor más que en dolor y odio.
No sé si la visión sádica que Gibson tiene de su fe represente la de todas esas personas que están llenando los cines. En ese caso me preocupa. Porque Gibson agarró la Biblia y la plasmó literalmente en la pantalla, y para mí, el principal problema de la religión católica es ese, que se han tomado un libro de símbolos y alegorías como literal, y han acabado malentendiendo todo. Ante esta situación, donde las películas que invitan más a pensar son censuradas y las que nos dicen qué pensar son éxitos de taquilla, sólo queda esperar, mantener la esperanza, de que al menos esas obras no sean malinterpretadas, y que realmente sea el amor el mensaje que les está llegando a todos a la cabeza.
LA CLASIFICACIÓN
¿Qué es toda esta mierda acerca de las clasificaciones C de las películas? ¿Por qué hemos permitido que una bola de personas extrañas que no saben de cine, ni de arte y que a veces ni siquiera tienen hijos decidan qué películas un señor puede llevar a su hijo a ver y qué películas no? Las clasificaciones deberían de ser una recomendación, no una orden. Los papás deben de decidir todo acerca de sus hijos, ellos los crían y ellos son responsables. Dejar que otros weyes digan qué se puede ver y qué no es renunciar a una libertad básica.
Y la respuesta del director de la RTC, “en otros medios (video, DVD), los papás pueden decidir, pero en el cine, no podemos permitir que se rompa la ley”, sólo lo pone en evidencia. Una persona que sabe de lo que está hablando entiende la infinita diferencia que hay entre ver una película en el cine y ver una película en DVD. ¿Quién de los que lee esto sabe cómo hacerle para quitar a esta gente de ahí?