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EL SECUESTRO, UNA EPIDEMIA ATROZ Miércoles, 30 de mayo de 2001
JAVIER BAENA / AP BOGOTA
Los teléfonos de alerta contra el secuestro ya figuran en el listado de números de emergencia de Colombia, al igual que los bomberos, las ambulancias y la policía, debido a que este delito ha tomado dimensiones epidémicas en el país. ``El secuestro aterra a Colombia'', dijo la semana pasada el coronel Jesús Antonio Bohórquez, cuyos grupos especializados han realizado más de 10,000 operaciones en los últimos cinco años contra las bandas de secuestradores y extorsionistas. El año pasado, Colombia experimentó un promedio de diez secuestros diarios, cifra que constituye un récord mundial. Bohórquez dirige los Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal del Ejército, más conocidos como ``gaulas'', que participan en la lucha contra guerrilleros, paramilitares y delincuentes comunes dedicados al secuestro. Para este veterano militar, la utilización de alta tecnología en el rastreo de teléfonos celulares podría ser el arma más poderosa para complementar otras medidas de seguridad como escoltas, autos blindados, alarmas electrónicas y servicios de inteligencia.``Con los teléfonos celulares se mueve este tenebroso negocio que en los últimos seis años dejó por lo menos $1,445 millones en manos de los secuestradores'', declaró a la AP el coronel Bohórquez. De los más de 2.5 millones de teléfonos celulares del país, muchos son robados para operaciones del hampa, y particularmente de las bandas de secuestradores. ``Hasta ahora hemos enfrentado a los secuestradores con los `gaulas', que investigan y ponen el pecho frente a los delincuentes, pero ya estamos incorporando la más alta tecnología electrónica para rastrear y ubicar los teléfonos celulares que son utilizados por los secuestradores para exigir rescate y poner en contacto a los rehenes con sus familias'', señaló Bohórquez. Debido a la escasez de recursos presupuestales, sólo cuatro de estos aparatos han comenzado a instalarse a un costo de 700 millones de pesos ($296,000) cada uno. Se necesitan otros 22 para los diversos grupos `gaulas' que operan en el país. La utilización de la tecnología de punta es la fase más importante de las operaciones de rescate de secuestrados, pero lo fundamental es la fase preventiva, dice el coronel Bohórquez.`` `¿Soy secuestrable?' Esa es la pregunta que debe hacerse cualquier colombiano en un país donde, ricos, pobres, jóvenes, ancianos y niños caen en poder de la guerrilla, los paramilitares y la delincuencia común'', manifestó el coronel Bohórquez, en una reciente presentación ante el Colegio de Abogados de Bogotá sobre las medidas que cada persona debe tomar para proteger su libertad.``Resuelta esta pregunta, hay que minimizar los riesgos. Quienes detentan el poder político y financiero deben utilizar escoltas y autos blindados, y todos deben cambiar las rutinas, ser discretos en el manejo de dineros e información y mantener planes de emergencia'', agregó. Los números telefónicos del Gaula --165 y 147-- deben estar a la mano de cualquier persona que esté en riesgo de secuestro, porque un aviso oportuno ya ha permitido frustrar varios secuestros debido a la rápida reacción de las unidades especializadas, afirmó.``Mantener la reserva sobre teléfonos de residencias y oficinas es una medida de seguridad elemental'', agrega Bohórquez. ``Nadie conoce el número del teléfono de mi residencia''. Pero hay otros peligros insospechados.``Los amores clandestinos aumentan los riesgos'', advierte Bohórquez, quien recordó que hace pocos meses un ciudadano danés cayó en manos de la guerrilla cuando se encontraba con su amante casada en una zona del occidente del país. ``La amante debió llamar al esposo para informarle del secuestro''. En iguales circunstancias fueron secuestrados un ingeniero norteamericano y un comerciante argentino. Los extranjeros son blanco favorito de los secuestradores, especialmente aquellos que trabajan en empresas multinacionales. Desde 1996 hasta la fecha fueron secuestradas en Colombia 13,317 personas, de ellas 209 extranjeros, en su mayoría venezolanos, italianos, norteamericanos, españoles y ecuatorianos.Mantener un entorno de seguridad no es, empero, suficiente en un país donde la delincuencia va más de prisa que los agentes de la ley. Los ``secuestrables'' deben estar preparados para resistir torturas físicas y psicológicas. La semana pasada en Cali, la tercera ciudad de Colombia, la Policía descubrió una banda de secuestradores que aplicaba terribles torturas, como planchas ardientes en el cuerpo de sus víctimas, para obligarlas a pagar los rescates y obtener información sobre sus bienes. Secuestrados que han regresado del infierno del cautiverio relatan que sufrieron largas jornadas amarrados a un árbol soportando el frío del páramo, o simulacros de ejecución para obligarlos a suministrar la información sobre sus bienes. Las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con 3,546 plagios desde 1996, y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), con 3,183, son los campeones del secuestro, pero el delito también está proliferando entre ciudadanos comunes. ``El año pasado un padre secuestró a su hijo menor de edad durante más de un año hasta obtener un rescate de 800 millones de pesos [$338,000] que fueron pagados por su esposa'', informó el jefe del Gaula militar. Los esfuerzos combinados de las fuerzas militares, policiales y los ejércitos privados de seguridad permitieron reducir en los primeros cuatro meses del año los secuestros en un 30 por ciento, pero en mayo, con el secuestro masivo de 201 personas ejecutado por paramilitares en la pequeña población de Villanueva, las estadísticas se dispararon nuevamente. Simultáneamente, las extorsiones se han incrementado en un 36 por ciento.
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