Antología
de Poetas Jóvenes Uruguayos
(selección de textos)
compilador: Luis Marcelo Pérez

AG EDICIONES
Montevideo,
Uruguay
elmural@montevideo.com.uy
ISBN
9974-628-21-0
Derechos Reservados
FOTOGRAFÍAS LEJANAS
tu sonrisa tiene un sabor a nostalgia; te miro en ya lejanas fotografías
y no consigo aprender aquella voz primaria;
resuelvo entonces pensar en soles del ocaso
o imaginarte desnuda frente a mí.
tal vez vuelva a escribir poemas de amor
o me dedicaré al estilo apocalíptico de los locos de atar.
JORGE ERNESTO OLIVERA
dicen que los caballos van dejando de existir,
les creo,
aquí no hay caballos perdidos en la noche,
dicen haber terminado con los perros vagabundos,
les creo,
aquí no escuchan ladridos en la noche,
dicen que pronto la inflación descenderá
milagrosamente,
dios instauró cajas de cambio en todas las esquinas,
dicen que el ozono se terminará en pocos años,
les creo,
la transacción de un pedazo de cielo ha sido muy beneficiosa.
JORGE ERNESTO OLIVERA
SIRENAS
las he visto desnudando la aurora
alejarse entre muchedumbres de delfines
raspar el agua como aviones de titanio
surcar el cielo como barcos entrevistos al filo del horizonte
las he visto pasear tu mirada en los árboles del trasiego
dominar las olas como látigos de pluma
allanar senderos de espuma tras estela de vapor
carguero,
tu nombre no tiene el sentido de
ángeles parados a la siniestra de aquel
tu nombre no tiene el nombre de quien
vino sobre el agua
tu nombre no sacude corazones de nubes en
los desiertos del cielo
las he visto con sus cabelleras de fuego trenzado
sacudir los verdes del río como mar,
iluminar la tarde en rayo verde,
despedida fugaz,
aturdir la noche con su canto insoportablemente real,
pasear su sombra en los ocasos de la escollera.
JORGE ERNESTO OLIVERA
LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS
acerca de los trabajos y los días puedo decir que no domé
tigres en el asia
no cabalgué a lomo de elefantes cazando fantasmas en la
niebla
no obligué la voz llamando a los otros changadores,
se sin embargo la exacta huella donde
tocar el hombro de una mujer en solar desierto, mugriento,
subiendo la sangre, sangrando desde abajo,
sudando en los trabajos y los días,
en la semipenumbra del día agonizante,
en la entrepierna sibilante y lúbrica
en la línea exacta de su terminación
donde espalda y nacimiento dejan lugar
para envainar sables de vigor y dolor.
JORGE ERNESTO OLIVERA
NACEN
Tu beso galopó
sobre labios olvidados
tus manos jugaron
a no sé qué recuerdos
en mi mapa.
Tu voz agonizó
en círculos
ahora,
somos gigantes inmaculados
a punto de estallar.
Desde que existe
Nada se asemeja.
Lento veneno
Que devora
placer
sangre
silencio.
SHIRLEY CARRERAS
LOCURA SIDERAL
Hoy la tierra se subió a la luna
trasnochada de atardecer
embebida de nostalgias olvidadas
llegué como puertas
asombrada
sacudida de escorpiones
agrietando tierra
alucinada
por resabios de violetas y
colores desteñidos.
Hoy fue el día que la tierra y la luna
fueron amantes.
Hoy fue el día que salí
A ventilar mi locura.
SHIRLEY CARRERAS
ALUMBRAMIENTO
Tu,
después del abismo
silueta caoba remanso de llanura africana
fuerza ancestral.
Hombre tambor
de la simiente feliz y generosa.
Yo,
caracoleada
abierta al sol
danzando al viento.
Estoy llegando...
atrévete.
SHIRLEY CARRERAS
PAISAJE
Caí del puente
en tu profundo
me perdí en vuelos
aleteé brumas
bajé por tus laderas
crecí desde el río
parí en el encuentro
de las aguas.
SHIRLEY CARRERAS
IV
una estrella escala
los hilos negros de la noche
se detiene de pronto
sobre tus ojos alzados
tenue
llama
a la puerta de tu cuerpo
PABLO THIAGO ROCCA
III
sube hasta tí
acércame
hurga a tientas
dime si
en la sombra del lenguaje
sólo sueño
PABLO THIAGO ROCCA
VII
el cuerpo de la imagen
pervive su tiempo
- la memoria es un cine
al que siempre llegaremos tarde--
PABLO THIAGO ROCCA
II
en breve
tu cuerpo añadido
echará a andar calles
urgido de premuras
inconfesas
y tú sola con tu torso
peculiar y primero
entre los cuerpos
de mujeres que desconozco
calles abajo
con airada determinación
carente de certezas
entonces para alguien
-o para sus manos--
diciembre en tu cuerpo
será
una ciudad
una prisión
un estado
de gracia
PABLO THIAGO ROCCA
XII
Llevo la piel atada en jirones:
las raíces atascadas, colgadas como una estola
Uso el rostro marcado, tengo suelto cada diente:
bailan en mi boca como un puñado de piedras.
Llevo la boca saturada por un vino exquisito,
brebaje rojo:
áspero rezumadero de mis tajos.
Labios abiertos más allá del grito
Y aún no es bastante.
Dios levantó la piel de mis huesos, dejó los pómulos
ventilados, las venas expuestas,
perseguidas por la sombra de una extrema delgadez.
El hierro quemó como plancha y tuve olor a brasa y a carne
asada al mediodía.
Fue la quema de todas mis edades.
PABLO THIAGO ROCCA
XV
Tensos los músculos tras el flanco:
fruto del mar o densa res.
Los varoniles muslos cubiertos de polvo de piedra.
La mujer inclinada sobre su presa
contando rostros en la arena,
la fauna languideciendo ante su vista.
Amargo es el sabor en la boca:
insípido beberaje de huesos triturados.
Hay un guerrero enredado en la espada,
un marino apresado en la ola.
El mar ayuda a amasar las presas
y el que desprecia los sabores
perdido tiene el cuello entre sus piernas.
Depredadora tira dientes,
apresta su mandíbula ansiosa
porque estrechos son los caminos de la presa
y amplio el territorio de la caza.
Virgen no hay ni ánfora inmaculada.
Vientos que se persiguen unos a otros,
sólo ellos encuentran reposo.
Y los límites son inconsistentes:
vanas armaduras para evitar el pánico.
PABLO THIAGO ROCCA
Leyes sobre la venta,
leyes sobre la compra.
Pero todos flaquean ante la textura lisa
Bastante una manta en los pies o un joyel en el dedo.
Aquellos beben la sangría de sus piernas,
otros sorben muñecas y tobillos.
He aquí un sitio donde estampar la firma,
un hígado para ensartar el filo.
Es el sitio de la caza:
altas torres para Venus
aunque el mar ruja en las rocas
y la tierra se eleve en remolinos.
PABLO THIAGO ROCCA
Mi vida es una sucesión
de casas y pasillos y parientes
que no me pertenecen.
Los pasillos se alargan y doblan
hacia el fondo.
En lo de mi abuela había un pasillo largo
con puertas
que recorría toda la casa
hasta el final.
Mi vida, como dije
es una confusión de ambientes interiores
y pocos al aire libre. Hay rocas y arena.
Un parador huele a pescado frito.
Baldecitos de plástico con hermanas
que venían y volvían a irse
en extraño ritual.
Entran en escena caballos;
un campo recién estrenado y pobre.
Una piedra y un Pedro
que quiere fundar muchas iglesias.
Yo misma dejaría de pertenecerme...
Temo por mi vida:
única acumulación
de casas, pasillos y personas
que no me pertenecen.
CATHERINE WILD
Un ojo amarillo
me mira
desde el perdón
Ávido
de mi pequeña aldea
Lo tomo
Aún en estado de barbarie
Quisiera poder
Prenderlo
a mi estela de viento
CATHERINE WILD
Sola
en el andén principal
el conductor apenas a la vista
Cerrada la ventana que da al mar
el alma de la tierra calla
Pienso, debe ser hora de dormir
por lo negro del aire, acaso
cierro los ojos
A lo lejos
una niña
remonta olas
CATHERINE WILD
Niñas hacinadas en un vagón gris
Respiran el oxígeno del hombre
que las cuida
les da de beber
abre el parasol antes que llueva
Niñas mudas
pierden la sonrisa
En un silencio hondo y sin colores
Se les puede oír llorar
Sueño,
en algún lugar está mi barrio
esperando desde hace mucho tiempo
Será que nací en el sitio equivocado
Hay un lugar que se llevó mi gente
mi vestido de novia, mi hija Clara
Sólo una casa tiene la puerta abierta
malvones enterrados en la vereda
CATHERINE WILD
Las tunas se ríen del hombre
Y su forma de cactus frío
Llora en la noche
A través de minúsculos ombligos
Inmóvil aguarda el sol
De nada le valen las espinas
CATHERINE WILD
SEGUNDA COMUNIÓN
Hoy senté a la locura
en mi mesa
frente a frente
como hermanas
Y sin tratarnos de usted
ni hacemos confidencias
compartimos el milagro
del agua y la sal
CATHERINE WILD
BASTA
Basta de monólogos
la tierra
está clamando sombra
altura
Basta de agonía
a veces
la muerte
también puede ser una promesa
CATHERINE WILD
Todo el amor
no descansa
nada
entre pelusas de algodón
busca esos hilitos de lana de lava
nuestra
un amplagued de delgada pared
despierta
velan esas gotas nuevas
tocan la madera sincera
Aumenta ese humo azul
se prueba tu luz. Aura
que demora y resplandece
sube y se mece
sin pausa
Hágase la luz
amanece en casa
apasionada / aura
hamaca lenta
esponjosa / confianza
el humo sube azul
sin nombrar las almas
PABLO GALANTE
GUERNICA
Un cuadro muy oscuro
de una época que no sé
hay que ver como las manos
se abren sin querer
Todo parece
frag
mentado
quebrado antes de nacer
y es un aullido
y un desdén
La luz alumbra una zona oscura
que sigue negra
a pesar de la quimera
de esa lámpara aferrada
en explicar esa pena
Tengo los ojos idiotas del caballo
intentando escapar
otra guerra me sorprende
sin avisar
Para llorar hay que refugiarse al lado de un toro
Para morir tener
sólo una flor en los ojos
Todas las miradas distintas
todos los motivos del odio
en un espacio siniestro
a pesar de todo
PABLO GALANTE
MÚSICA
Busco lo que prometo traer desde lejos
(el sonido del viento en el caracol del deseo)
estaba pensando en el corazón de un león en invierno
y en una mujer soltándose los pétalos
en un segundo de descalzo principio
debajo de un bosque de sueño
esta es la música que siento
hundiendo la humedad en lo desconocido
lo que no nos pertenece nunca eso es lo que más deseamos
sólo pedimos un poco de tiempo
necesitamos aullar en las profundidades calmas
del perfecto silencio.
PABLO GALANTE
4
Me preguntaste esa vez, que era el Norte:
¿Área para el naufragio de los mares?
¿Retrato oval de la noche y su cohorte
iniciada en cultos cortando el jade?
Al amanecer te di estas respuestas:
- Iracunda arboleda inmersa en prisas,
no muy distintas al viento y la arena.
Eva ahogada en el agua donde iza
su ofrenda de flotantes camalotes.--
Cuando cayó la luz, me preguntaste
ávida de saber - ¿Por qué los montes
se han cubierto el rostro con manto grave?
(Temí velar la verdad de mis venas)
Repuse: - El mal sueño crece deprisa
obrando en el musgo, el viento que piensa.
(Supuse con error, que entenderías
cuando el monte mencionara el convite).
Ofendida, ocultaste mi sextante
tallado en jade por un dios del límite,
tan tenue en la niebla de los mercantes.
Ida en llanto creíste navegarme.
TAGORE SILVERA
5
Mano que abre el mapa de las espinas,
ata junto al castor la espera, el cíclico
retorno de treinta monedas frías;
induce al viento mesiánico y nítido;
abraza el litio en la hermana Sor Juana
Inés de la Cruz que besa la sorda
nuez del primer Adán que vio la nada.
Es la nada en la cruz, blanca sombra
sin trama y que mana sin luz precisa.
Cruza la piel, la mano el lago insípido,
arrastra su voz de salino estigma,
suda sobre el castor y el clavo tímido,
trabaja en la traición y la caja
roída en la oración de la carcoma.
¡Oh!, ración de amor herido que avanza
salvando a Sor Juana en sangre barroca.
Cae la sombra niña de la Estigia
orientando la espina que va al grito;
traición que traba un destino de migas
tenues, de metales en treinta gritos
inaudibles bajo el manto del cinco.
TAGORE SILVERA
APASIONADOS
Sostuve el suelo con los ojos
y me dejé caer vestida de negro.
Sus dedos descosían los encajes
que habitan sobre los senos.
La piel tan blanca, quemó sus iris negros.
Es de esos amantes que esperan
con la paciencia de un sabio
mientras dura el juego
y luego atropellan la carne
hasta hacerla pedazos.
Tira de mi piel hacia la suya
en el incontrolable decisión
de dos bocas nacen cuatro.
La piel, no nos limita
y ambos nos continuamos.
ALICIA SOLARI
A...
Cuando duermo estiro
los dedos de los sueños
para intentar tocarte...
Duele el amor en silencio
que se toca y no se alcanza.
Duele la herida del costado
que cierra la boca
que priva el abrazo
que enloquece a la distancia.
ALICIA SOLARI
TORMENTO
Agonizaban ebrias las tardes
por tu culpa el alcohol me bebió
y en fósforo encendido tu imagen
bajó por mi lengua hasta quemarme.
ALICIA SOLARI
ESCUCHA
Escucha: he aquí tu vida
en los dedos de mi mano
dócil, vulnerable, siempre
sometida al vuelo de mi voluntad.
Escucha: he aquí tu vida
en el báculo de mis caprichos,
famélica, rebelde y confundida
pero siempre en los dedos de mi mano.
Escucha: he aquí tu muerte,
he desintegrado todo tu cuerpo,
un soplo de mi boca te despide,
polvo has de ser en mi vida para siempre.
ALICIA SOLARI
EL SILENCIO DE LA LUZ
Gente hundida en los vertederos
Un tren sin destino
Un alud de gracia
El campo llueve amplio
su lugar de verde