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 Marilyn Mason: la derrota a la censura
Bernardo Chapa

          

 Para quienes tienen menos de 30 años, un concierto de Rock es un espectáculo cotidiano, como ir a ver el futbol o una corrida de toros. Para los mayores de 30 años, un concierto de Rock aún se relaciona con el amor y paz, con woodstock, desnudos, drogas y represión: por traer el pelo largo, por oir esa música para locos, porque esto te convertía automáticamente en un delincuente o eras un delincuente en potencia.

Un cocierto de Rock era un riesgo, una aventura difícil de creer; incluso por años estuvieron prácticamente prohibidos. Cuando a principios de los 80's Alice Cooper ofreció un concierto en Monterrey (México) fue tal el temor de las autoridades, que lo autorizaron con la condición de que se efectuara ¡ A la una de la tarde¡ con un calor cercano a los 40 grados centígrados, pero al fin y al cabo se realizó. Todo esto, después de un fallido concierto de Kiss que ya estaba anunciado, incluso con panorámicos en la ciudad.

EL CONCIERTO

La Santa Inquisición local logró reunir solamente unos cuantos miles de firmas en una área metropolitana con tres y medio millones de habitantes e instaló a muchachitos persignados a la entrada del concierto para disuadirte de caer en pecado, incluyendo folletito del tipo "mira cómo será el cielo, si te portas bien".

MM es la venganza a 20 años de aquel concierto de Alice Cooper en Monterrey; un concierto que no pudo presentarse con la mítica guillotina, ni las proyecciones, ni el juego de luces, etc. por la censura, la misma que quería cancelar este concierto para adoradores del diablo y la perversión.

Pink Floyd, Génesis, The Tubes y Alice Cooper fusionaron el Teatro y el Rock hasta sus máximas expresiones. MM continúa en esta escuela al compás de una agresiva imagen y una machacante atmósfera de música industrial, aunque su nueva propuesta no es mejor que la de "Antichirst Superstar" o la de "Animal Mechanical" logra desatar la suficiente adrenalina como para mantener a la audiencia de pie todo el concierto.

EL ESPECTÁCULO

El show fue impecable porque aleccionó a la totalidad del público asistente al compás de la música hipnótica y contundente a un volumen bastante alto, más alto que los grupos abridores. MM manejó al público a su antojo, los condujo por los caminos fáciles de la obsenidad y la lujuria, con bailarinas bastante bien alimentadas (¿anti-anoréxicas?) alternando en posiciones sexuales explícitas y sugerentes al más puro estilo de Cabaret, película interpretada por Liza Minelli que representaba a los cabarets de la Alemania nazi.

Todo giró en torno al espectáculo; cada coreografía y movimientos llevaba como fin una reacción entre el público: llevar el ritmo con las palmas de las manos, gritar, levantar el brazo derecho, acompañar la canción, más lo que saliera de la gente en forma espontánea.

Show dentro del show y fuera de él: desfile de modas, lenguajes, leyendas en la ropa, maquillaje y peinados, hasta un par de chicas disfrazadas de vaquerita y de diablita complaciendo a los asistentes con apasionados besos en la boca ante la rabiosa reacción del sector masculino y lesbico. Ropa negra casi en su totalidad, algunos en pantalón de mezclilla y camiseta (classic rockers), raperos y hiphoperos y algunos grupitos de niños bien.

LA PROPUESTA

Todo mundo piensa que MM incita a la obscenidad, a la bisexualidad o sexualidad indefinida, a la violencia y la agresión cuando es todo lo contrario. La propuesta de MM es la de personificar toda la basura que echamos debajo de la alfombra; todas nuestras obscenidades ocultas o manifiestas, nuestra agresividad con los mismos miembros de nuestra familia, con los conocidos o desconocidos, la perversión bajo llave en el clóset de nuestras vidas.

Todos somos unos animales por instinto, todos somos lo contrario a Cristo, todos adoramos la superficialidad y la enajenación de los grandes espectáculos tipo Disneylandia: Todos vivimos un big brother para quien nos observa allá arriba (sean extraterrestres o sea Dios, ja ja). La obscenidad de la vida cotidiana, de los bares, en nuestra mente al ver pasar a una chica o a un chico, la carnalidad, la materialización de las relaciones sexuales hasta convertirnos en máquinas, en robots programados sólo para aparearse por aparearse, sexo sin ninguna otra intención que el placer, el sexo con quien sea, donde sea.

MM nos muestra nuestra animalidad y lo alejado que estamos de todo lo que implica pensar, sentir, amar, vivir. Nos muestra lo que la sociedad mediática y mercantil hace de nuestras conciencias y de nuestros cuerpos; la protesta en la vestimenta y en las actitudes, nos da una razón, un por qué la juventud actual está harta del sistema y de sus promesas de una vida mejor, cuando la realidad nos hiere día a día con desempleo, abusos, corrupción e impotencia ante la desigualdad de oportunidades ¿Será acaso que la vida es un gran reality show para el disfrute de los dioses? (nada nuevo, porque los griegos ya lo apreciaban de esta manera) ¿Serán los paraísos artificiales quienes resolverán nuestros problemas, lograrán lo que no han solucionado los políticos, los pastores, los curas, las drogas, los intelectuales y los líderes de opinión? ¿No será acaso la vida un juego de atínele y gane?