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 ¿Cómo percibimos la realidad?

 

Miriam Leticia Ruvalcaba Amador

 

DEFINAMOS LA REALIDAD

 

Yo digo que existe una sola vocación

para el ser humano; sólo una, no muchas.

La única vocación es descubrir lo que es real.

 

Jiduu Krishnamurti

 

 


Para entender la realidad, tomemos primero la definición de los diccionarios. Según los léxicos, realidad es: calidad de lo real, cosa o hecho real, lo efectivo o que tiene valor práctico, verdad, existencia real y efectiva de una cosa.

De acuerdo con estos conceptos, la realidad es la parte de las cosas que podemos ver, palpar, la existencia real y efectiva de una cosa. Podríamos agregar que depende de lo que para cada uno de nosotros sea la verdad. La realidad es unilateral y sólo se vuelve general cuando hablamos de cosas, eventos, acontecimientos o hechos que pueden ser observados por todos.

No obstante, lo aparente a veces no es lo real, pues la realidad tiene diversas caras, por ejemplo:

Cuando estamos en el cine y vemos un documental, aunque sabemos que es una proyección reflejada en la pantalla, nos parece real, a pesar de que son imágenes captadas en otro lugar y dependientes de la objetividad de la persona que las filmó. Podemos estar viendo sólo un fragmento de esa realidad, podemos estar viendo una escena actuada, en fin, no tenemos certeza de lo que vemos. Así es que de nosotros depende creer o no en eso que vemos, en ese documental. La realidad depende del conjunto, no de un fragmento.

Por el lado científico, tenemos la física cuántica que nos habla de lo que se encuentra más allá de los átomos, esas partículas subatómicas que están separadas por grandes espacios, partículas que vibran aisladas, haciendo que cada átomo esté constituido en un noventa y nueve por ciento de espacio vacío. La física cuántica define quantum como a la unidad más pequeña que puede considerarse partícula. Si observamos un objeto cualquiera, no a simple vista, sino analizado a través de un microscopio electrónico, veremos partículas en movimiento, millones de partículas que vibran entre grandes espacios. Esto nos da una visión diferente a la real, suponiendo que lo real es lo que vemos. Partiendo de esta definición física, tenemos otro punto de vista, donde podemos corroborar que lo que aparentemente vemos no es lo real. Que las cosas de nuestro entorno, por más sólidas y diferentes que parezcan, al mirarlas bajo la luz de la ciencia se convierten en partículas fluctuando separadas. Nuestra percepción de la realidad cambia, es fraccionada.

También existen definiciones de la realidad desde el punto de vista psicológico y filosófico, que nos han dado a través de los tiempos numerosos eruditos en la materia.

Se plantea que una de las formas de ver la realidad es irla asumiendo conforme se nos presente, sin manipularla, sin acomodarla en un contexto de tiempo.

La diferenciación de la realidad es un producto del intelecto. Ésta es, sin duda, la forma en que intentamos comprenderla para utilizarla en nuestra vida cotidiana. Pero esta forma de entender la realidad no satisface a nuestro corazón. La diferenciación nos ayuda a manipular la realidad, a hacer que funcione para satisfacer nuestras necesidades físicas e intelectuales, pero lo cierto es que no colma nuestras necesidades más profundas. Para que esto ocurra, la realidad debe ser asumida tal y como la experimentamos de inmediato. Ubicarla, por ejemplo, en el espacio y en el tiempo, la mata. Éste es precisamente el error más grande que hemos cometido en nuestra comprensión de la realidad.

Para el psicólogo Paul Watzlawick realidad es el resultado de la comunicación. La más peligrosa manera de engañarse a sí mismo es creer que sólo existe una realidad; que se dan, de hecho, innumerables versiones de la realidad, que pueden ser muy opuestas entre sí, y todas ellas son el resultado de la comunicación y no el reflejo de verdades eternas y objetivas.

No obstante, durante la comunicación algunas veces se pierde la idea original. Al pasar de boca en boca un comentario se distorsiona y deducimos que la información que recibe la última persona no es equivalente a la inicial, es como el juego conocido como el teléfono descompuesto.

Una realidad nace de nuestra imaginación, otra se va aprendiendo en la cotidianeidad. En algunas ocasiones nos percatamos tarde de que no es real lo que percibimos, pues la realidad depende de la persona y del punto de observación. Con ella convivimos, a fuerza de repeticiones en el diario devenir la admitimos, la aceptamos como real; pero esa realidad que se aprecia o esa realidad creada ¿será la realidad verdadera? Es una pregunta que nos podemos hacer si decidimos salir de la rutina, de la inercia, si decidimos enfrentarnos a lo nuevo.

Si aspiramos a encontrar una respuesta a nuestras dudas, una respuesta a nuestras incomodidades, una respuesta a nuestros sufrimientos, angustias, ansiedades, temores o miedos, entonces podemos seguir adelante buscando.

¿Es nuestra realidad lo que vemos o lo que suponemos que Es? Nuestra memoria, nuestros sueños e ideales, todo ese vasto conocimiento que hemos creado, toda la carga de vivencias, empiezan a cumplir su función, nos dan un panorama muy particular de la realidad y ésta a veces se desfigura, se deforma a pesar de lo evidente.

El desvencijado andamiaje de nuestras cotidianas percepciones de la realidad es, propiamente hablando, ilusorio; y no hacemos sino repararlo y apuntalarlo de continuo, incluso al alto precio de tener que distorsionar los hechos para que no contradigan a nuestro concepto de realidad en vez de hacer lo contrario, es decir, en vez de acomodar nuestra concepción del mundo a los hechos incontrovertibles.

Vamos acomodando nuestras experiencias a la realidad del momento, en algunas ocasiones se acoplan a la perfección con el hecho sin causarnos ningún conflicto, pero hay otras experiencias que son contradictorias a la realidad misma y, mientras no nos demos cuenta, podemos caer una y otra vez en discordancias. Hasta que logremos una visión más extensa, no fragmentaria y de esa manera conseguimos cambiar nuestra concepción de los hechos.

La realidad puede ser ilusoria, depender de la comunicación, del contexto, del punto de vista del observador, de tantas cosas, pero comprender la realidad en el momento que nos fomente el dolor, el sufrimiento o la desarmonía, podría darnos una mejor calidad de vida, al igual que la que provoca placer y/o felicidad. Podríamos sortear los problemas rutinarios sin dejarlos crecer.

Terminamos este capítulo con un poema muy bello atribuido a Buda que nos habla de la realidad, que dice:

 

Sabed que todas las cosas son como esto:

un espejismo, un castillo de nubes,

un sueño, una aparición,

sin esencia, pero con cualidades que pueden verse.

 

Sabed que todas las cosas son como esto:

como la luna en un cielo brillante

en algún lago transparente reflejada,

aunque a ese lago la luna nunca se ha desplazado.

 

Sabed que todas las cosas son como esto:

como un eco que deriva

de música, sonidos y llanto,

y sin embargo en ese eco no hay melodía.

Sabed que todas las cosas son como esto:

como un mago que crea ilusiones

de caballos, bueyes, carros y otras cosas,

nada es lo que aparenta ser.

 

 

Miriam Leticia Ruvalcaba Amador.

Nació en Monterrey N.L. (1951).

Egresada de la facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Autónoma de Nuevo León (1973) y de la facultad de Medicina de la Universidad de Monterrey (1993).

Ha tomado cursos, entre los que destacan los de Acupuntura, Iridiología, Oligoterapia, Tanatología, Magnetoterapia y Tratamiento Metabólico.

Asimismo talleres de creación literaria en el área de narrativa y poesía.  Tiene publicado el libro de poemas: Mi vida, mis pasos, mis sueños (1998). ¿Cómo percibimos la realidad? es su segundo libro.