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 El retorno de los mitos
Alexandro Aldrete

 

En el último mes, he ido al cine seis veces. Sin embargo, no he visto seis películas, sino tres. La razón es muy simple: había otras opciones, pero no tan buenas. Como cinéfilo, me gusta ir al cine a ver películas que nunca van a ser lo mismo si no las veo en el cine. Se puede argumentar que todas las películas son así pero en realidad hay algunas que siempre sobresalen. Y cuando una de esas películas llega, la verdad es que trato de verlas la mayor cantidad de veces que pueda en la pantalla grande. Llámenme geek, obsesivo, lo que sea, soy un adulto y creo saber perfectamente bien en qué ocupar mi tiempo sin sentir que lo estoy perdiendo.

La verdad es que durante los 90's, el cine se hizo menos espectacular. Las películas independientes se volvieron el refugio de la calidad (tanto en el cine de Hollywood como en el internacional) y aquellas cintas que uno quería ir a ver al cine porque apenas así las iba a poder uno disfrutar como se debía se fueron volviendo cada vez más tontas y aburridas. El verano las traía, y yo iba a verlas pero rara vez realmente me entusiasmaban. Es difícil entusiasmarse mucho con Independence Day, Godzilla, Armageddon, The Perfect Storm, etc...sí, son películas llenas de efectos especiales increíbles, con un sonido de lujo, pero da hueva volverlas a ver. Pero hace dos años todo cambió una vez más. Primero, llegó el reestreno de una de las obras cumbre de la cinematografía mundial: Apocalypse Now, ahora llamada Redux, que con su duración total de casi cuatro horas le recordó a aquel público que fue a verla el verdadero significado de la palabra “épica”. Y no solo eso, sino que es una épica con cerebro, espectáculo, y un enorme sentido de la mitología. Nadie se queda como si nada después de verla, entra en tu cabeza y no se va por días y días. Tal vez fue casualidad, pero unas semanas después llegó a esta ciudad una nueva épica llamada “El Señor de los Anillos”. El principal factor que ha hecho de esta trilogía el tremendo éxito que son es que a todos nos tomaron por sorpresa. implemente ya nos habíamos olvidado del espectáculo que puede llegar a ser el cine.

Yo nunca estuve muy entusiasmado por estas películas porque la verdad es que todas esas ondas fantasiosas de dragones y calabozos me daban hueva. Fue hasta que vi una “still” de una escena de batalla con los Orcos que quedé atrapado. “Si las películas son tan buenas como se ve esta foto”, pensé, “esto va a estar cabrón”. Para este momento, no tiene caso hablar del excelente, diría más bien genial trabajo que ha hecho Peter Jackson con estas películas.

 

 

 

 

 

 

 

 

El cuidado de los detalles en todos los rubros de la cinta, las actuaciones impecables de todo el elenco, una serie de factores que milagrosamente se combinaron y nos trajeron esta que es indudablemente la trilogía más lograda en la historia del cine.

Fui a ver la primera cuatro veces al cine, la segunda tres, y ya vi la tercera dos veces. Sé que la veré al menos una vez más en estos próximos días. Simplemente quiero volver a vivir esta experiencia en el cine. Un ejemplo de lo opuesto: Otra de las películas que vi recientemente es Mystic River. Buena película, muy bien hecha, muy bien actuada. Con una vez en el cine me basta, esperaré el DVD. ¿Y qué es lo que hace que estas películas sean tan exitosas con el público y la crítica? La respuesta no es fácil porque, como ya dije, se trata de una combinación de elementos, pero yo creo que finalmente, el secreto está en el tremendo sentido de respeto que la película tiene por sí misma y sus mitologías. A lo largo de las diez horas de duración que tiene la aventura completa, hay innumerables momentos cursis, pero a diferencia de otras películas hollywoodenses con momentos cursis, estos se sienten sinceros, y orgánicos con la historia que se está contando. Uno conoce a estos personajes y vive con ellos su travesía, se identifica con ellos y comprende sus acciones. No había habido personajes tan honestamente honorables y valientes desde....mmmmmh...no me acuerdo ya desde cuando. Pero es eso. Cuando Sam dice en Las Dos Torres que hay bondad en este mundo y que vale la  pena pelear por ella, nadie se ríe, ni piensa: “que mamadas”, cuando Frodo siente compasión por el malvado Gollum todos lo entendemos, cuando los hombres, elfos, etc. se unen para pelear por el honor de sus propias vidas estamos con ellos. Lejos de parecernos ridículo nos conmueve, y nos da gusto cuando ganan una batalla. Ya habiendo visto las tres, debo decir que mi favorita es la segunda. Yo sé que críticos y público andan todos diciendo que El Retorno del Rey es la mejor del año y no solamente del año sino una de las mejores películas de la historia, pero no sé, tal vez yo este mal.

 

 

 

 

Sin embargo, he pensado en ello y creo que se debe a que, bueno, finalmente, es una sola película de diez horas dividida en tres partes.

Esto tiene que ver porque aunque cada una cumple como película individual, al analizarlas, La Comunidad del Anillo se siente como tres horas de principio, Las Dos Torres como tres horas de medio, y El Retorno del Rey como tres horas de final (y más). Y siento que es en el medio, no solo de esta sino de la mayoría de las películas, donde se profundiza más en los temas de la historia. Intelectualmente para mí, Las Dos Torres ofrece mucho más que la primera o la tercera. Se explora libremente la naturaleza de los personajes, y la situación en la que están. Lo digo habiendo visto Las Dos Torres hace poco en DVD y emocionándome otra vez como si fuera la primera. Siento que el tema central del libro: la dualidad, el ying y el yang, es analizado y explotado aquí con más fuerza que en las otras dos, a través de la doble naturaleza de Gollum, o de las fuerzas de la industria contra las de la naturaleza, etc.

Sin embargo, El Retorno del Rey es un triunfo también, una ilación constante de una secuencia chingona tras otra, sin parar, durante tres horas y media. Y además reboza de emoción y sentimientos, y aunque no chillé como se me había dicho que iba a chillar, sí hubo al menos un par de momentos honestamente conmovedores para mí: el rechazo de Frodo a Sam, y al final, cuando todo mundo le aplaude a los Hobbits.

La otra película que vi en el último mes la vi tres veces, y si pudiera, la vería otra vez: Kill Bill, Volumen 1.He aquí otra prueba de que los mitos verdaderos han regresado al cine. Los mitos políticamente incorrectos que no pelean por un país o una sociedad, sino por motivos internos como el honor, el amor, o la venganza. Hollywood nos adereza los héroes con motivaciones mundanas, o los hace buena onda, o los suaviza para que nadie se ofenda, pero ni en toda la trilogía de El Señor de los Anillos ni en Kill Bill existe eso. Todos los personajes de los libros de Tolkien son corrompibles, y más de uno parece ceder ante el poder del anillo en varias ocasiones. Y en Kill Bill, lo políticamente correcto no existe, porque bajo el código que los personajes siguen, ese termino ni siquiera ha nacido. Lo que me encanta de Anillos y Kill Bill, repito, es ese enorme respeto por sus propios códigos morales. Lo que a la sociedad occidental le parece trivial (honor, venganza, respeto por el enemigo, sangre) a estos personajes los motiva a hacer absolutamente todo.

Kill Bill es como una película de Kung Fu combinada con un western. Ambos, géneros donde las cualidades de los personajes van más allá de la moral social. De ahí que sean antihéroes.Cuando La Novia (Uma Thurman) mata a Vernita Green (Vivica A. Fox) en su propia casa y es luego descubierta por la pequeña hija de la muerta, no se disculpa en una forma dramática standard de la película hollywoodense standard de hoy, sino que le hace frente y le dice lo que le dice en la completa y total estilización del western.No voy a decir que yo digerí a Kill Bill inmediatamente. La primera vez que la vi no supe qué pensar. Había momentos muy chidos, sin duda, pero no había entendido realmente de qué trataba todo esto, o cual era el punto de tanta violencia. Oh, que torpe y sobre todo que poco cool me siento cuando pienso en mi reacción inicial. Lo bueno fue que con el paso de los días, cada vez que me acordaba de la película me daban ganas de volver a verla y así fue como regresé, y aprecié ahora sí, la maestría y el perfecto balance entre película de acción, kung fu, western y comedia que es esta maravilla. No es necesario, como algunos dicen, ser un amante del cine asiático para entender lo que Tarantino está haciendo. O tal vez sea que a mi de morrito me gustaban las caricaturas japonesas, tal vez no las de karate, pero sí los dramones espectaculares que se aventaban como Belle y Sebastián o La Familia Robinson, donde las situaciones casi sádicas en su sentido trágico nunca paraban, o como en Mazzinger Z, donde cuando un personaje importante sufría, SUFRÍA. Pero Tarantino vuelve a los mitos. No solamente con Uma vistiendo el mismo traje de Bruce Lee en la escena final de la película, sino con las innumerables referencias a todo tipo de mitos como las películas de Sergio Leone, los villanos clásicos, la presencia de Sonny Chiba y Bill Carradine, programas como El Avispón Verde, y sobre todo a la sangre, la sustancia más mitológica de todas. Todas las escenas de Kill Bill comienzan y terminan con sangre, incluso un mosquito llega en un momento y succiona su alimento del brazo de la novia.

 

¿Y qué es lo que ha sucedido con estas películas? Éxito total. Los Anillos, yo sé, no tengo ni qué mencionar los billones de dólares que están produciendo, además del reconocimiento de público, crítica y geeks fans de los libros en general. Kill Bill fue un hit bastante respetable, y con el segundo Volumen listo para estrenarse en febrero, créanme, la mayor parte de las personas que vieron la primera irán a ver la segunda. A esto hay que aunarle la existencia de las películas de Matrix, que aunque desafortunadamente no tuvieron los resultados esperados en su segunda y tercera parte, sí demuestran un interés de la gente por ver este tipo de historias llenas de mitología una vez más.

         

Y estas películas hacen del mismo cine un personaje más, puesto que la grandiosidad de El Señor de los Anillos no puede ser apreciada en una pantalla chica, y puesto que en la trilogía se apela nostálgicamente a obras del cine clásicas como Los Nibelungos (Lang), El Mago de Oz (Fleming), Ran (Kurosawa); o en el caso de Kill Bill, a todo tipo de referencias mitológicas del cine asiático, italiano y americano (con la música de Twisted Nerve, de Herrman, etc.), se puede decir que regresan al cine a su lugar privilegiado como creador de mitos, que, sí, por favor, sean más que simplemente actores, que sean historias, películas completas, donde la estrella es lo que se ve en la pantalla, como en los tiempos de Griffith, o en las obras maestras de Hitchcock.