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LOS NAUFRAGOS

POETAS CHILENOS DE LOS 90'S
segunda parte

 

 

 

JAIME HUENUN
VERONICA JIMENEZ
NICOLAS MARE
DAVID PREISS
ANTONIA TORRES
ALEJANDRA DEL RIO
RODRIGO ROJAS


 

 
 
 
 
 
 
 
JAIME HUENUN
 

Nace en el sur de Chile en 1967. Estudió Pedagogía en Castellano en la Universidad de la Frontera de Temuco. Ha publicado en Cartas al azar, 1989, y en "Simpson siete", revista de la Sociedad de Escritores de Chile, nr.II, al igual que en la revista "Pewma" (Nr.1, Temuco, primavera de 1994). Fue antologado en Zonas de emergencia. Poesía-Crítica. Poetas jóvenes de la Xa Región. Compilación y edición de Bernardo Colipán y Jorge Velásquez, Valdivia, Paginadura, 1994. Reside en Temuco, donde trabaja en la Casa de Arte Mapuche y es redactor de la revista "Mapuñuke". Su poemario Ceremonias permanece hasta este momento inédito.
 
 
LIBRO
 
Sólo puedo leer tu cara, huenún jaime luis,
sietemesino feo, sólo
puedo leer tu mitad hijo,
tu mitad hueso y calavera encarnada
tu débil número negativo
hecho de cuarteada eternidad
y carne.

Sólo puedo leer tu mitad
padre, hermano, aquel
que diariamente sale a conseguir
una mísera ración de estrellas, exiguo alimento
de palabras que no saben todavía ni
siquiera balbucear.

Sólo puedo leer al lado de Otro,
sólo junto a los conjuntos rotos de tu madre,
sólo solitario pero nunca solo,
mal ladrón de la blancura de las Páginas.

Sólo puedo leerte juntando las letras
al pie de un título de un poema de Tu Fu.

Sólo puedo tu raíz falsa, huenún
jaime luis, hombre
o duende porfiado o malo de la cabeza,
sólo puedo leer la mitad
del aire que te hace viejo,
la otra mitad la ganas
con el sudor de tus ojos
y aquello
no tiene explicación en mi
alfabeto.
 
Aquellos ojos del color del color, a una
altura azul,
cunden copihues, humo de agua,
con tanto encanto blanco en el espíritu.

¿Había viento a aquellas horas o
eran abejas borrachas
trayendo miel y sangre
al panal de mi cráneo?

Porque el agua es hermosa
y el cielo es hermoso
y ambos son buenos amigos -dijo-

Porque la luz es la cruz de la estrella
y mis pechos la cruz de la luz...

Porque en silencio sabemos lo que somos,
a una altura azul:
el águila y el cisne,
el venado y el puma,
montañas de carne y hueso,
cementerio de la eternidad.
 

CEREMONIA DEL AMOR
 
Los árboles anoche amáronse indios: mañío e ulmo, pellín e hualle
tineo e lingue nudo a nudo amáronse
amantísimos, peumos
bronceáronse cortezas, coigües mucho
besáronse raíces e barbas e renuevos, hasta el amor
despertar de las aves ya arrulladas
por las plumas de sus propios
mesmos amores trinantes.

Mesmamente los mugrones huincas
entierráronse amantes, e las aguas cholas
abrieron sus vertientes alumbrando, a sorbos
nombrándose, a solas diciéndose: aguas buenas, aguas
lindas, ay pero violadas somos aguas
Rahue, plorosas Pilmaiquén, floridas e parteras e aún
felices
las arroyos que atraviesan como liebres
los montes e los cerros.

E torcazos el mesmo amor pronto ayuntáronse,
los Inallao manantiales
verdes, las Huaiquipán bravas
mieles, los Llanquilef veloces
ojos, los Relequeo pechos
zorzales, las Huilitraro quillay pelos tordos,
los Paillamanque raulíes nuevos.

Huilliche amor, anoche amaron más
a plena chola arboladura,
a granado cielo indio perpetuo
amáronse, amontañados
como aguas potras e como anchimallén encendidos, al alba oloroso
amáronse, endulzándose
el germen lo mesmo
que vasijas repletas de muday.
 

CISNES DE RAUQUEMO
 
Buscábamos hierbas medicinales en la pampa
(limpiaplata y poleo, yerbabuena y llantén).
El sol era violeta, se escarchaban los pastos.
Bajaba el Rahue oscuro, ya sin lumbre de peces.

Oímos mugir vacas perdidas en la Vega,
y el ruido de un tractor camino a Cancha Larga.
Llegamos hasta el río y pedimos balseo,
un bote se acercó silencioso a nosotros.

Nos hablaron bajito y nos dieron garrotes,
y unos tragos de pisco para aguantar el frío.
Nadamos muy ligero para no acalambrarnos.
La neblina cerraba la vista de la orilla.

En medio del junquillo dos cuerpos de agua dulce,
blancos como dos lunas en la noche del agua,
doblaron sus dos cuellos de limpia plata rotos,
esquivando sin fuerza los golpes y el torrente.

Cada uno tomó un ave de la cola o las patas
y remontó hacia el bote oculto entre los árboles.
Los hombres encendieron sus linternas de caza
y arrojaron en saco las presas malheridas.

Nos marchamos borrachos, emplumados de muerte,
cantando unas rancheras y orinando en el viento.
En mitad de la pampa nos quedamos dormidos,
cubriéndonos de escarcha, de hierba y maleficios.
de Ceremonias
 
 




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VERONICA JIMENEZ
 
Nació en Santiago en 1964. Ha publicado sólo en la antología Códices (Santiago ,Red Internacional del Libro, 1993) y en la revista "Licantropía", editadas ambas por el "Grupo Códice" de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, grupo del que participa activamente desde 1992. En dicha facultad estudió la carrera de Licenciatura en Humanidades con Mención en Lengua y Literatura Hispánica, titulándose con una tesis sobre César Vallejo. Actualmente estudia periodismo en la Universidad de Chile. Tiene a su haber un poemario inédito titulado Islas flotantes.
 
 
LA DERROTA DEL MAR
 
Nosotros que tuvimos que pasar
por tantos puertos llenos de agitación
pernoctando en pequeña lanchas
azotados por la lluvia y por la olas
y que fuimos a un tiempo
alegres ebrios a bordo de cargueros sin destino
y silenciosos marineros abandonados en la bahía
nosotros que algún día soñamos en lechos
extensos como las velas de los barcos
y construimos un hogar sobre el viaje de las aguas
bendecidos por la música del mar en la noche
anclamos ahora en esta oscura rada
como náufragos arrojados a su mala suerte
vomitando espuma, con los pies enterrados en la arena
y la piel herida por la sal.
 
 
A Kurt Folch
 
LOS NÁUFRAGOS
 
Miro el mar desde la ventana
en un día de lluvia

el agua se junta con el agua

luego mis ojos miran desde el centro de la tempestad
una ventana iluminada en la playa
y las olas me arrastran hacia altamar

sólo la boya persiste


II

Tu mano reaparece en la superficie
dos, tres veces, despidiéndose.

Siempre bromeas así, haciéndome llorar.

Volverás a salir cuando te canses
de dormir entre las algas
en el fondo misterioso y negro
de donde salen los viejos remeros
para llevarnos a la playa
a la isla de los náufragos.
 
 
EL VINO DE LOS ABSUELTOS
 
Un chasquido de lenguas atraviesa el cuerpo del huracán
unos compases muerden los muslos de las piedras.

Cofre eras, bolsa de monedas de escaso valor
boca en que se quemaban las hojas secas
que de tanto en tanto emitían alguna señal.

Cofre soy,
y con saliva opaca voy besando los cristales.

Es un rumor el sitio al que se debe marchar.
O es el fondo del espejo de todos los espejos,
el agua, que nos llama con inconfundible temblor.
 
 
 
POSTAL DE PUERTO
 
El filósofo González Pérez, estibador del sitio número tres, examina con avidez imperceptible los movimientos sensuales de la mar. Cada gota de blanca espuma ha de brotar un gramo de ese gran secreto inmensurable. El rugir de los motores de las barcazas no le impide pensar en todos aquéllos que tierra eran y en tierra nunca se convertirán, porque corrieron un destino innombrable de la mano de rubias diosas, mitad peces, mitad mujeres comunes y corrientes.
 
 
 
ISLAS DEL SUR
 
En una cabaña, orilla de los rápidos del Baker, el hombre dejó su inútil caña de pescar y se sentó
al abrigo del fuego, mientras la muchacha iba por el vino.

Oye, tú, Pablo, o como te llames, dime de quién es el espíritu que hace saltar la botella de mis
manos para quebrarla contra la pared, inaugurando quién sabe qué cosa.

La luna, una esfera de plata sumergida en el agua, no oye la súplica del hombre que la mira
desde el umbral, porque debe luchar contra la corriente del río para no dejarse ir.
 
 
 
LA COSECHA TE SERÁ PROPICIA
 
Bien por ti
porque no lo ignoras y puedes decir:
la lluvia es sólo lluvia
vi los cuchillos caer y no fui herido.

Y los sellos cedieron a los gestos
abiertas las exclusas
alguien pretendió que fueras feliz.

Ahora muerde también el pulso ligero de la noche
ojo que blanquea los contornos negros
de toda desnudez, dale reposo.
 
 
 
LEYENDA DE LAS IMÁGENES
 
Piensa, piensa, piensa
escupe, cerebro, la pócima clara del aserto
date a entender.

Empieza setenta veces siete, nuevamente:
los muertos-náufragos agarrados a su tabla monótona
los individuos vestidos de materia oleaginosa, ojos que no ven
en procesión inacabable -alejarse y regresar-
sólo las cosas me llaman, de ellas soy.
 
 
A Germán Carrasco
 
 
ÉL ES UN CONSTRUCTOR DE BARCOS
 
Lo veo andar entre las maderas
atento a la prédica viejísima de los mares.
Marca con un lápiz, clava, cepilla
y cuando termina su trabajo
emocionado por el olor fresco de la brea
cierra los ojos y bautiza

a las pequeñas barcas que se llaman
Susana, Santa Elvira, María Ester
o cualquier otra capitana de sirenas.
 
 
 
HUELLAS EN EL PARAÍSO
 
Cuando le hicieron el retrato, esbozó una dulce mueca para desagraviar a sus antepasados. No te envilezcas ofreciendo un gesto fiero a los que hablan -se dijo-, que todo lo que digan es anzuelo para arrastrarte o plomo que abra tu pecho. Y se quedó extática, tratando de recuperar, al menos, la silueta solemne del Rehue incrustado en el cielo gris.
Afuera, los cantos, los pasos lentos de los que procesionan bajo la lluvia del Viernes Santo; el apuro de los que empujan para llegar antes a las hostias atravesadas por los clavos del madero.
de Islas flotantes
 
 




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NICOLAS MARE
 
Es el pseudónimo de Rodrigo Suárez, quien nació en Santiago el año de 1968 y -como posibilidad más segura entre las distintas elucubraciones sobre su muerte- se suicidó en esa misma ciudad en 1993. Su muerte se produjo justo en el momento en que finalizaba la carrera de Psicología en la Universidad de Concepción. La obra de Nicolás Maré permaneció estrictamente inédita hasta algunas apariciones en periódicos ("Zona de contacto" de El Mercurio) tras su muerte. Todos los poemas antologados son inéditos y no recibieron, por parte del poeta, titulación general. El padre de éste, León Suárez, se ha dedicado intensamente al ordenamiento de la totalidad el material poético que dejó Maré, para una posible publicación antológica que hasta hoy no se ha llevado a cabo.
 
 
***
Te desenvuelves en la maraña,
caes hacia dentro con tu ojo partido
en la nebulosa pálida de las estructuras
para construir tus varias voces,
los dialectos y las máscaras.
Te veo asesinar a la partícula del cambio,
reemplazarla por materia descompuesta
al borde de tierras sucias.
Del hambre son expulsadas la caricia y la herida,
un cuerpo vacío, un sueño de Dios apartado
del placer y la renuncia.
Del hambre nace el fruto negativo que te inventa.
Fácil el agua se hace constante,
veloz, demente como una piedra,
última de especies corriendo hacia la ciudad destruida.
Fácil el agua, fácil el terror con su sonrisa
estampada en el dibujo de tu iris, en el gesto tuyo
de la paz como tus mascotas abrigándote.
Parece no haber intervalo entre un hijo y otro,
todas las leyendas del origen se hacen pedazos
y ya sabes de qué se trata, cual es la respuesta conveniente
en este tribunal parcializado hasta la náusea.
Eres similar a la pantalla que te contiene,
eres el antiguo pariente de tu muerte
heredándole la carcajada y el revólver.
Afuera, por las calles, los perros se ensañan
mirando las manos del carnaval.
En su única llama el incendio
se traga las leyes del comercio,
mascando las monedas del cuerpo que te fue prestado.
No ,
más que a los peregrinos sobrenaturales de sus juegos,
pero ahora, tu sabes, los cuerpos pertenecerán al Instante.
Ella comía de tu mano con la confianza de la tierra,
se movía paralela a tu distancia
sin perder los detalles más fríos y vanidosos
como tu ilusión de ser el viento llevando las semillas
de donde germinaría su belleza.
Otra pérdida. Otra cuenta que cobrar en el infierno.
Serías el monje, la figura luminosa del concreto,
por ti pasarían las auroras y los productos esenciales
por los que entonces se mataba.
Serías la vedette incandescente; todos los ojos,
aglutinados, armarían tu estatua en el centro de la plaza.
El homenaje caería de los dioses a la tierra,
la ciudad misma sería la copia de tu reino en las alturas.
Ciudad de oro, ciudad de ángeles enamorados.
Se pudiera decir de ti el hambre,
se pudiera solventar los gastos de la escritura
con el potente soborno de tu historia.
Se pudiera también el amor por tus señales
o la vida misma por tu emanación de pérdidas.
Se estuviera en la condición del hacedor por el horror
y también por acercarse a tu destello.
Se pudiera hablar como hijo de las cosas
y como silencioso paseante de lugares que tu-viste.
Se hiciera fácil embaucar a la niña más hermosa
por la simple estatura de tu viaje. Se conquistara el mundo en vacaciones
con la pura mención de tu acertijo.
Pero hay palpitaciones de habitante
que no dejan de insultar a la palabra.
 
 
En los nombres que hay en las ciudades
hay una cosa que se mastica:
Yo podía ver mujeres hermosas y también perros
pero siempre el corazón caía como una pelota.
En las calles que quisieron morderme
había camaleones:
el camaleón de la electricidad y el de la madera,
una hembra con grandes dientes era mi esposa
mientras otra traía legumbres a mi cama.
Qué suicidio podía planificarse ?
 
 
***
Era el adorable, el que tuve dormido con mis nubes,
lo sentí sangrar en la noche abierta
y cerré, le bajé en su pasión el nivel respiratorio,
para calmarlo lo instruí desde el pecho hasta nosotros,
miraba como en el limbo, incompleto,
muchas veces mutando el hilo de su sueño,
venía de la guerra, roto, sulfurado,
paseante de la espada, nunca arrepentido
y amable con los muertos, excesivo,
pensando en la forma de salir.
Lo tuve dando vueltas por la savia,
creyendo en lo innecesario, inútil hasta el hartazgo,
con su cabeza en el golpe nulo,
con el elíxir del tornado cayendo de sus ojos.
Lo tuve animal y me tuvo espina,
dijimos las estaciones en el nudo del desorden.
Del corazón supimos la estaca,
del invierno la mancha y el escándalo,
de la calle aprendimos el fantasma,
del abrazo la eternidad
hasta que partí.
 
 
***
En la muerte se están parados
se están muertos en el espacio de la tumba vertical
los padres de la palabra, los ancestros
Absuelvo tus bocas hediondas todos tus libros
no quedará en este país nadie que condecore vivos
sólo los muertos se sentarán a mi mesa
Acaso pudiéramos confiar en alguna memoria
acaso yo pueda recordar mi cirugía natal
acaso lleven la frente en alto todos esos soldados
Lamentablemente la ceguera es colectiva.
 
 
***
Ebria, todo huele a frutas en tu cuerpo
frutas de climas antiguos y mañanas donde estoy sordo
Aprieta esa axila y sofoca la frase
mi mano se endurece la letra es falsa
nada está dicho la letra es falsa
En balcones negros la letra
en homicidios a plena luz la letra
en letrinas la letra es falsa
Pegadas las caras a la almohada miento
estoy sordo ahogado en frutas la letra
es falsa, borracha
Continuamente tu cuerpo huele a uva
la cebada y yo sordo y yo miento
no huelo a nada salvo a letra
 
 
***
De qué hablábamos, Dama mía, cuando hacíamos girar arbitrariamente
los mecanismos del calendario para pronosticar nuestra muerte ?
Qué diabólica maestranza eran nuestras voces
vaticinando una tumba compartida ?
El alboroto de los cuerpos y los recuerdos
pretendía asentar un orden impuesto para el deseo.
Irreverentes, lo reconozco, así como más me gusta,
fechamos en una pantalla poderosa la caída de los ídolos.
Nos hicimos hados de una temporada
que pasaríamos juntos en la corriente del aire
más prístina y luminosa de esta puta ciudad.
Y así fue, lo creo, esta bella historia
mal contada que nos atrevimos a perpetrar.
La desgracia, en todo caso, radica como un virus
en que el único realmente muerto fui yo.
 
 
***
No estaré en el lugar que prometí
no permaneceré de pie ante la estatua de polvo
ni diré una palabra ese día
Se acercarán alacranes mecánicos y personas de género
inmensas partículas de imágenes olvidadas
que renacerán desde el primer respiro de un niño,
hambrientas botellas de un vino seco y malherido
que no beberé.
No separé tu imagen del fondo de la ciudad
no reconoceré a mis hijos ni a mis libros
ni impediré que ellos se establezcan con sus bártulos
en medio de ese lugar que aún es sagrado
Se me exigirá una acción convincente
una pirueta salvaje que contradiga a la arquitectura
un sermón pesado, un lingote de ira.
Pero no haré nada, no partiré nada,
no asombraré a nadie:
Estaré colocado en el punto nulo
donde sólo nos atravesará el olvido:
a ti y a mí, no te escaparás
 
 
 
RECIEN TE FUISTE
 
Te escribo esta ausencia como una langosta
en el jardín donde escupí sangre por no estar lo suficientemente despierto.
Recuerdo que los calendarios siempre estaban atrasados
mientras bajo varias luces yo transparentaba mi acertijo:
los otros dos o tres que me acompañaban
jugaban a limpiarse de entendimiento.

Te escribo esta ausencia como contándote mi vida.
Ayer tuviste una preclara belleza
y hoy día te fuiste como con lágrimas
a bautizar la tierra un poco más al sur
donde tu cuerpo sintió frío la primera vez.

Era especialmente sensible a las palabras despiertas
pero toda la farra y la velocidad
me llenaban los ojos de cruces ceremoniales.
En invierno severo recorría la lluvia por montones.
Abajo de cualquier edificio bebía con mis amigos
que ahora se los tragó la tierra.

Una vez conseguí burlar al enemigo.

Yo no tengo soledad lo suficientemente rápido.
Un par de días me desbarandé por casas extrañas
y al final de la oscuridad alguien dijo mi nombre
como para estamparme en la vida:
Aquí me ves haciendo cabriolas que nadie entiende
a pesar de que traduzco mi mirada al idioma de los bares.

Te escribo esta ausencia demasiado pronto
pero el cáncer y todo lo demás.

Cuando empecé a conocer poetas
fui conciente de la agricultura.
Un caballo más un pez son una musa.
Una herramienta menos la musa es lo inútil
que ciertamente es un poema
que ciertamente es el poeta.
Millones de estrellas para no decir nada.

Después mi vida se fue volviendo interesante
con todas esa cicatrices en la cabeza
en las manos y en mis platos de comida.
Incluso el truco de hacer desaparece el ombligo.
Cuando no podía cantar el réquiem
cazaba lagartijas manchándome las manos con lo reptil de la congoja.
Pero nunca pude dejar de defecar
a pesar de haber leído tantos libros.

Varias veces la pretendida tristeza
y el miserable corazón
para después tener que echar a la broma
esta ausencia que te escribo.

Es cierto que existen animales mortales
tanto como lo insecto que somos.
Hay tantas cosas ciertas
que ya no sé cómo lograr que me creas el abismo.

Te escribo esta ausencia para podar los árboles
y no para venderte la religión de los fantasmas.
Te la escribo para acotar espacios
para no botar más flema
para contarte un poco de eso
que nunca te podré contar.
 
 
A J.L. Martínez
 
Tú puedes decir que el pájaro al decir
dice que no dice nada,
tú Martínez puedes

Pero yo ni eso

Yo digo menos que los pájaros
ni siquiera puedo decir que no digo

Todo esto es una mentira
yo sólo escribo algo así
como una constatación de vacío,
algo así como una radio
dedicada a programas de silencio,
un recipiente para encerrar nadas,
para formalizar ausencias,
para que esas mismas ausencias
ratifiquen que por lo menos algo hay,
algo hay en las hojas blancas
que ni tú Martínez ni yo Suárez
hemos amado lo suficiente
 
 




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.
DAVID PREISS
 
Nació en Santiago en 1973. Es psicólogo por la Universidad Católica de Chile y en esa misma casa de estudios curza la carrera de Sociología. Participó en el taller del poeta Guillermo Trejo, de donde surgió el libro Cinco azares (Santiago, 1989), antología donde se incluyen sus primeros poemas. En 1992 publica Señor del vértigo. (Anticipo). (Santiago, Daled, 1992) con el que obtiene mención honrosa en el Premio Municipal de Poesía que otorga la I. Municipalidad de Santiago.
En 1994 publica la versión íntegra de Señor del vértigo (Santiago, Daex, 1994) y a finales de 1995 publica el poemario Y demora el alba (Santiago, Daex).
 
 
 
JERUSALEM
 
Nunca se desvistió Jerusalem, siempre visité los brazos de sus
calles,
arrugadas,
elementales,
hundidas en la piedra;
siempre estuve en sus santuarios y bebí del sabor profano
de sus vísperas, siempre uní mi licor a sus mujeres,
nunca dejé atrás a sus umbrales, no partieron mis abuelos
ni los abuelos de mis abuelos en el largo clavel de las generaciones.

He cruzado el mundo sin dejar Jerusalem.

He desperdigado mi alma como una semilla bondadosa.
He amado en tierra extraña.
He besado mis labios con un carbón encendido
y todavía no enmudezco.
Mis pies se quedaron en la piedra y mis pasos rodean el mundo
como a una laguna sin saciar su sed.
Volverán a Jerusalem sin haber salido de sus puertas:

no tendrá luto mi corazón: serafines y centinelas celan su alegría
como a un mineral sagrado y escondido.
Sólo el mar implorará por visitar Jerusalem.
Por tocar la fragancia de su piedra.
 
 
LAS MARIPOSAS DE THERESIENSTADT
 
"Aquel último
resplandor de agudo y fuerte amarillo,
más vivo que el del sol, es una lágrima
sobre la piedra blanca....
Aquel resplandor de entonces era el último.
Pues aquí no vuelan las mariposas..."
Pavel Friedemann, 4 de junio de 1942.
Escrito en Theresienstadt.
He visto las mariposas de Theresienstadt,
pero no hay mariposas en Theresienstadt,
¿qué si no son mariposas?,
¿qué si no son de Theresienstadt?
Yo he visto las amriposas de Theresienstadt.
He visto los capullos de Thersienstadt,
pero tampoco hay capullos en Theresienstadt,
¿qué si no son de pétalo?,
¿qué si no son de Theresienstadt?
Yo he visto los capullos de Theresienstadt.
He visto los niños de Theresienstadt,
¿qué si no son de capullo?,

¿qué si no son de Theresienstadt?
 
 
AQUELLA EXTRAÑA RESIDENCIA
 
¿ En qué mito ?, ¿ en qué colina ?,
¿ sobre qué nopal instalose la ciudad ?,
¿ tras cuál paréntesis amurallada ?

Quiso la ciudad ser como la luna, mas era demasiado oscura;
quiso, luego, ser como la noche, mas era demasiado blanca;
aislada de Lo Eterno como un Caín gigante y bello
la ciudad -poema de ficciones- se hizo errante.

Hijos del polvo
todavía cuentan los mercaderes de La Historia,
aquella extraña y móvil suya residencia.
 
 
Y AL POLVO VOLVERÁS
 
(Sobre Majdanek)

¿Qué hay, Dios mío, más allá de la chimenea que se estira?
¿Homero al decir de Sócrates?
¿El polvo para darle a mis huesos trocados en ceniza?
¿Dios como la bruma?

Devuelve mi polvo, oh Señor del polvo,
antes del intacto blanco de mis huesos,
no quiero rasgarme en las ramas de Polonia,
no quiero este vértigo sin tumba, sin rocío
allá sobre la tierra,
no quiero desafiar al eco y crecer en su distancia hasta vaciarme,
oh Señor del vértigo,

amenazo con anudarme en una estrella, demorar la llegada de la tarde
y persistir en plena luz del día
tristemente intacto.

¿Quién pudiera recoger el crepúsculo de mis pies?


de Señor del vértigo
 
 
 
DESNUDA Y SAGRADA
 
1.

Frente a las teas del Silencio
el poema y el poeta se observan
solitarios.

La mirada del uno sobre la ceguera del otro.
El luto del otro sobre el blanco del uno.

Extraña cita une a dos extraños.

El poema y el poeta se debaten
sin las manos:
callan.

2.

Frente a las teas del silencio
desvestida
hembra
sola,
queda la palabra.
Sentadla desarmada:
-¡Amadla!
Anotad: la violencia es pura.
Amar es una manera de callar.
 
 
ÚLTIMO SEPULCRO
 
¿De qué abdicar si he perdido mi reino en un juego de barajas?
¿Caídos los imperios cómo temo
al alma no tocada
de una mujer?
Mi frente en la ventana.
Imagino un cigarrillo, eternidades, dunas solas...
No beberé del mismo viento.

Han acaecido todos los milagros;
Hemos repletado todos los museos. Nada acontece
bajo los sueños y los trajes; nadie bebe
vino blanco en aquel cristal oscuro:
nada apresura a los amantes y suicidas.
Nadie vestirá ese último sepulcro.
Mármol.
Silencio.
Amanece una semilla.
Ya dividió la medianoche
mas los extremos del fulgor no se tocan.
El día que anochece no es la misma noche que amanece.

Hay pueblos, hay piedrecillas solas,
hay zapatos solos
-hombres viudos- tan desnudos
como dioses muertos.
¡Ah corazón!, estéril rosa
que daña y alimenta...

Un hombre abandona sus brazos:
yo abandono este poema.
No hay palabras transparentes: para el blanco
bajó la luna; para el azul
alumbró la noche; para el silencio
bastó su Nombre.
Ah, por mi alma, escuchad
que profetizo
-con palabras-
que no existen las palabras.
de Y demora el alba
 
 




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ANTONIA TORRES
 
Nació en Valdivia en 1975. Estudia la carrera de Periodismo en la Universidad Austral. Participó durante su escolaridad del taller de poesía que dirigía Óscar Galindo en el Liceo Alemán de Valdivia, y publicó en varios números de la revista "Escritos", surgida de dicho taller. Entre otras distinciones, obtuvo el primer lugar en el VIII Concurso Nacional Juvenil de Poesía, organizado por la SECH filial Concepción con El espejo verde (Concepción, Ediciones Etcétera, 1992).
 
 
 
EL ESPEJO VERDE
 
I
De
tenme,
Que me hundo en tu ombligo
Cada vez que me amas.

(1)

Entre mi casa y la tuya
Hay tan sólo un ojo de perro muerto
y un espejo verde
Que florece dos veces al año.


II

De
tenme,
Que bajo tu máscara se está pudriendo el sol.


(2)

Crepúsculo de perros,
Luna azul, cantan sobre mi espalda.
Celebro el pájaro amarillo
Y el cielo se anaranja.
Mis suelas húmedas se saben exquisitas
Y saltan la cerca.
El cielo es verde,
Y entre tu casa y la mía
Crece el desencanto.


*
A veces suelo ver tus manos en el tejado
Al borde de un sol que se quiebra.
De mis ojos a ellas hay sólo su respiración.

Suelo sorprenderlas
Y se vuelven violetas sobre una nube:
Cuando se acercan, las alcanzo como a un cigarro
Y las fumo secretamente bajo mi estrella.

Otras veces,
Las bebo como a un amanecer
O como a un sol que desnuda
Y entonces despiertan sus religiones
Y se trenzan en torno a mi costilla.
Y mi piel verdosa se vuelve azul como ellas.

Hoy,
Se acercaron hasta mi lámpara,
Rondaron mi cama,
Y yo no supe ni qué hacer con ellas.
*
Tu paso sobre el mío,
En este mercado de pulgas
En el que desnudo eres un paraguas cerrado.
Es tu pupila que se trenza sobre la mía
Donde nace el vuelo de vino que me desnuda.

El alba es pegajosa desde tu cornisa,
Y aún así me preguntas:
¿Dónde estabas ayer?
*
Como una sala de espera
Desnuda de sombreros y abrigos,
Espero mi tren de segunda
Entre confusión de rieles
Y trenza de andenes.
Un maquinista ebrio de patria
Mastica entre dientes su uniforme
Y en mi vagón llueve,
Florece.
*
"...Como el silencio,
Cómplice de la luna"
(de la ENEIDA)
I

Me hundo en el tango apretadito
Noche de humo y vino
No hay nada que hacerle:
Gardel fue el gran Dios de este siglo
En este mundo que fue y será una porquería
Yo también lo sé.


II

La luna se destiñe en el tango
Del cigarrito desnudo.
Mesas, música y parejas sobre la arena
Tu abrigo resbala junto
A mi aliento en tu copa.
Mi estrella borracha
Se hunde en tu mar eterno.
Tres gaviotas soñolientas
Beben licores oscuros.
Y secuestran tus zapatos negros.
Vamos, dijiste rasgando mis medias,
A buscar un frenesí y ritual de llantos
mientras a los zapatos
Los besan las olas.


III

Un frenesí rojizo me he topado la otra noche
Con su paso meticuloso
Penetró en mí envejecidamente.
Hoy, ya no sé de sutilezas.
de El espejo verde

* * *
He recorrido la playa de la memoria
y aún estoy segura de conocerla sólo yo.
Las parejas buscan ocultarse en casas abandonadas
en donde soñarán el paisaje.

Solitario es el pensamiento,
único y ermitaño pisando las arenas.
Entretanto,
inventamos la realidad
hasta lograr cierta complicidad en el amor.

Y es que el recuerdo es el sueño
de lluvia eterna y profunda
-como sobre el mar-
la pesadez de la imaginación cuando cava hondo.
 
(1995)
 
Como el enemigo que acecha
contesta el poema al otro en su mismo idioma,
bestias sumergidas en las aguas del tiempo
submarinos sus cuellos aéreos,
y en conversación vedada
el lomo del viento juega sobre las olas
de cuestiones sinceras.

Los Cantares son una conversación
entre personas inteligentes.
 
(1995)
 

* * *
Nada tenemos que ver con la vida
cuando caminamos de la mano y nos besamos en las esquinas
y empañamos con un suspiro los espejos torcidos
de todas las vitrinas.

Nada tenemos que ver con la vida
y así y todo recorremos la ciudad que ignoramos
con la fe a punto de cuajar en la cocina.

Nada tenemos que ver con la vida
pero la derramamos en todas las acequias
y juntos besamos a todos los ambulantes.
Nada tenemos que ver
pero a partir de esta ciudad despeinada
será trazada la ubicación de nuestros días.

De la ventana penden los espejos de la bella miseria,
las ropas que olvidamos llevar, el espanto como una tripa.
En cada muro
las casas que no habitamos pero que poseemos.
Corremos a ocultarnos en ellas
a mirar el mismo atardecer de mañana
y la vida mordiéndonos el corazón con su mirada.
 
(1996)
 
 
"El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe."

Alejandra Pizarnik
Más allá,
en el despeñadero del romanticismo
la memoria no guarda
ni siquiera un soneto que con cada uno
de sus perfectos huesos, como sílabas,
despierte el silencio del poema que crece.

No sé qué de lirismo contienen aún los amantes
a la hora de los parques en sus respiraciones
ni qué sesuda oscuridad
los versos borrachos de alguna alcantarilla
versos que no preguntan ni responden,
pero eres mi testigo como gotera espantosa.

Está hermosa la edad de tu palabra,
me dices,
yo la creo gastada.
 
 
ADVERTENCIA
 
No se debe traspasar el sueño con el rayo de la espada
así como tampoco someter a juicio la poesía de los camaradas
Remover los dormideros con asuntos inoportunos,
como es la crítica,
es encender la luz del velador y volver inefable el sueño.

Déjese en paz
musitar los febriles delirios
No sea que el amanecer sorprenda
al demonio partiendo nueces.
 
 
TODO LIBRO ES UN CAZADOR OCULTO,
empolvado,
que espera en su nicho,
su tumba momentánea,
la secreta ilusión de cantar al unísono
Porque todo libro es un cantante ansioso,
envilecido por el tiempo,
única voz que, en silencio,
retumba entre las cuatro paredes.

Estoy rodeada de un coro mudo de voces
las escucho, a veces, mas
de un bosque cercano suele llegar el soplo
de un sueño pegajoso que no abandona
Y como siesta empozada en invierno
en el charco del hastío
duermo
sin escuchar

El cazador anida en mi oído
y murmura,
así,
despacito,
el SECRETO.
 
CIUDAD QUE VIAJA PARA ADENTRO
Aquí
la vaguedad y sus signos son fijados
con certero golpe de tinta sobre la tierra.
El viento no duda cuando dibuja
el verso que es un surco en la tierra de una quebrada
sólo sus reminscencias marinas
oxidan, a veces, con el tiempo
el esqueleto del poema.

Aquí
la vida se mira pasar con gafas de turista antiguo
y se puede oler la pestilencia del verbo.
Las coronas del monje y sus continuas renuncias
son pan de cada día,
las manzanas ya no huelen, no tienen raíces.

La geografía y sus intersticios son el tejido del día
que se deja leer,
tirando del ovillo,
a cada punto,
te confundes con el paisaje.

Más fácil es renunciar al pan que a las palabras,
se nos advirtió.
Siempre lo supe
cuando me vine a vivir a esta ciudad
y me detuve a escuchar el paso del tiempo entre las hojas.
 
TERCO EL SOL OTOÑAL

"Cuanto más cerca se mira una palabra,
más aparta ella misma la mirada"
Karl Kraus
Terco el sol otoñal de mis días
que me sueña y me duerme
Terco el quemador de testas,
que entre plazas y parques
me obliga a recoger las hojas
húmedas olvidadas de su libro:
Las metáforas que van a dar al resumidero del día,
esas quebradas en donde musgo y paciencia
tejen la atmósfera de lo que es igual en el mundo.

Terco el que en su majadería
pregona el "mi mano es muchas manos"
y la llamamos mi mano que escribe,
boca y ojos cosidos,
la mano escribe
en este vasto cuerpo que somos, territorios sin límites,
el cuerpo en donde se congrega
la tarde con todo su sueño secular.
 
 
LA DESPEDIDA
 
"También el cuerpo se descompagina
porque lo hojeen distraídamente"
E. Lihn "El yo libro"
La despedida pudo ser
la metáfora de un beso;
labios y aliento a modo de olas y orilla
-insistente el mar pendular
recreando el diálogo de la escritura-.
Tú eras el lente, el fisgón,
aquel del que toda diva precisa
-yo, para el caso-
el que, oculto, tentó a la serpiente.

Terminó junto con la estación,
como quien cierra un libro
o bebe la última copa del tibio licor de otoño
Y el cuerpo se deshojó
sin abrir ni cerrar los labios
La precaución del adiós
apareció a la orilla del camino como señal de tránsito:
en bocas
cerradas
no entran
moscas.
 
 




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ALEJANDRA DEL RIO
 
Nació en Santiago en 1972. En 1994 obtuvo el primer premio en el "Concurso de Poesía para Obras Inéditas" convocado por el Departamento Técnico de Investigación de la Universidad de Chile. El mismo año publica su primer libro, titulado El yo cactus, ganador del certamen citado anteriormente. Desde entonces ha finalizado el libro Escrito en Braille, que obtuvo en 1998 el Premio "Eusebio Lillo" de la I. Municipalidad de El Bosque, de pronta publicación en la Editorial Lom. Actualmente trabaja en el poemario Material Mente Diario y en la obra de monólogos líricos Míticas contemporáneas.
 
 
YO CACTUS
 
I
Yo no soy moderna
o tal vez lo soy. Vivo con mi sangre puesta
goteando encima de las cosas
en una absurda imitación del universo.
Yo no llevo guantes ni ropa blanca
cuando toco metales
cuando escarbo en las miradas
y me seduce el olor cuando fermenta.
La palabra es una viga
donde posan su alma los muertos
el verbo una cornisa en movimiento
y mi oscura vitalidad
el camino que no cesa.
Acaso me hablaré de ese silencio.
Acaso alguna vez poder vestirme del vacío
sonreír desde la mueca.
Acaso cegar el mundo con los ojos abiertos.
Ser siempre lo que no soy
-muriendo en cada intento-
a espaldas del reloj que avanza.
 
UNA MUJER PESA SOBRE MI LENGUA
 
Yo que te habría propuesto
empezar tartamuda
una historia de tropiezos.
Besos de lengua en rebeldía con las bocas
besos besados en la hoguera de las brujas
soga al cuello en tu risa de duende:
un animal pretérito y molesto
asomado a tu hombro y saludando.

Yo que te habría mostrado
el pez infierno que nada en nuestra sangre
una caricia que estalla al filo de la mueca
el feroz insulto de un cordero mudo
y mi celo que grito torpemente
amparada en la esperanza
de mil mañas insolentes, son sólo signos:
por todas partes brotan dedos
que hacen más sol este caudal.

Yo que habría escrito coplas de vino ciego
con mujeres calladas que se adivinan en lo oscuro,
a tientas habría parido extrañas criaturas
que te nombrasen en la ausencia
y tejieran de tu recuerdo sendas túnicas
para ir ataviada como Reina,
toda entera: disfrazada de ti.

( Estaba pensando en mordisquearte en las semillas
para que brotara esa sonrisa de niña seria y deseosa
para que brotara ese canto que canto
a la sombra que despides en todas direcciones,
pero apenas escribo cierto nombre
como para que te sirva de alfombra
lo escribí hace rato con las huellas que dejaste:
para verte caminar sobre el verbo en fuego
para ver como escalda tu mirar
para ver si con eso no me duele tanto este querer ).
 
 
CRIATURA SIN BAUTISMO
 
No he engendrado aún el monstruo que te duplique.
En blancas estepas se yergue una torre
allí soy yo la presa de esta lengua cántara
allí soy yo la Amante de este Amante en celo.

Para sufrirlo, subió el silencio por mis trenzas
yo querría nombrarte en su guarida
así pues encadené mi voz a la mudez
y traté de hacerte espacio entre sus besos.

Para zafarme, escalé su valla de palabras
y rodé reino abajo para unirme al caos.
Desbocados los potros. Se es el ojo
pero se siente en el rostro todo el cuerpo.

No me indica el Caos ni en él te encuentro
pero en medio del tifón mí vida pertenece.
No da el silencio frutos propios ni es posible con él
erguir aparato alguno, mas bajo su ala permanezco.

Yo llevo días errando por tu nombre
como cierta Alicia que mengua y que crece
ya te veo escrito en humo y en agua
pero lo cierto es la risa de mi Amante.
La soga que me amarra sólo a mi imagen
el estupro que comete mi vano esfuerzo
las bestezuelas que gimen en mi vientre,
ese todo su poder que me impide parirte.
de El yo cactus
 
 
* * *
"En ti sólo, en ti sólo, en ti sólo."
César Vallejo
No es necesario recuperar los besos.
La boca es necesario recuperar
y la boca con sus dientes y sus lenguas
y sus filamentos que en otra boca dicen más
que boca, diente y lengua.

La mano y no el gesto hay que atrapar
y tampoco el abrazo sino el cuerpo
y más aún la sed que nunca cabe dentro de la propia carne
y más aún el hambre que siempre es poca para la propia carne.

Así se geste todo con razón
y la muerte sea esperada sin nada acabado.
Así no sea necesario recuperar las palabras
cuando la voz sea necesario recuperar.

* * *

Nunca has salido tampoco.
Más bien parece que una música vive encerrada en las orejas
y no dices oídos porque a machetazos
se han instalado los acordes de tu carne,
fieros acordes que suenan más o menos así:

ciudades estacionadas con enloquecidas niñas desatadas por las calles
con enloquecidas niñas interrogando a las estatuas de la entrada
por la permanencia de cada segundo,
la satisfactoria permanencia sobre la piel de cada segundo
y así interrogadas responden así las esfinges:

"Del Padre sólo se aprende con su caída
no lo anuncian heraldos ni lentejuelas
al Padre se llega de golpe y porrazo
puesta la sed en la boca de los Hombres"
 
* * *
Funda para ti un país de pieles, azoteas y naufragios.
Fúndalo para que calcen tus pies el cosquilleo de las estrellas.
Recoge a tu paso el sabor de las ciudades,
la palabra confusa de sus caminos
y hazte fabricar un traje que te lleve dentro.

Dale a tu país el fruto extraño de una bandera
pues toda esquina merece un ícono
de madera o de metal o del viento de los peregrinos
para que se pregonen en las historias un suelo hecho de parches.

Alimenta tu país y da posada al sediento y al vacío
con la vastedad de tu propio cuerpo;
siempre estarán brotando recodos desconocidos,
gestos de hambre y jirones interrogando
la permanencia de cada segundo, de cada certeza, de cada caricia.

Mantén a los sabios abocados a la tarea de habitar y descifrar
los brazos, las calles y las piernas,
los ríos de mieles amarillas, el pájaro carnicero de la boca
y por supuesto el ojo que en cada cosa aposa su marca,
el ojo que de cada plaza jamás se marcha.

No edifiques cementerios y confíate duradero pues en tu país
la vida hace pagar caro todo instante recuperado de la muerte.

Y levanta tu país como una torre en el exacto lugar del llanto.
de Escrito en braille
 
 
LA SIBILA
 
Podría haberme advertido el maldito dios de la razón
que no me sería dada la juventud para la eternidad
adiviné tanto en su nombre que podría haberse dado la molestia,
pero me dio 9 vidas consecutivas de 110 años cada una
y no me dejó con ellas la ternura que me conoció en el principio
cuando yo sostenía entre mis pechos sus atributos
cuando él todavía era dios sobre la tierra
hoy apenas recuerdo cómo era
cómo alcanzaba a los ciervos con sólo sus ojos que devenían flechas
cómo tornaba ambrosía el agua de sus manos,
de él apenas me queda la burla, mi odio y su don.
Soy la Sibila de Cumas,
famosa por recibir al piadoso de Eneas
aquel que debía bajar a los infiernos
y temía de Hades, temía tentarse
ven para acá, preciosa semilla de futuros asentamientos humanos
yo te ayudaré. Tenía el cabello ensortijado mi titán adolescente
y la sed del que bajará a los eternos fuegos.
Le di yerbas que debía quemar en su momento invocando al dios
y un mapa, el mapa de los infiernos.
Soy la Sibila de Cumas,
la misma que se encerró 180 días a escribir
180 días acompañada solamente por alacranes y espejos
éramos yo y el insecto, su veneno, la fiebre y la escritura,
fueron 9 libros como 9 visiones de la materia
o la sombra que proyecta la materia
el sentido con que la nombra el humano, escribí
todo lo que fuera la materia actuando el espíritu sobre las cosas.
Entonces me fui a Roma, reinaba uno al que llamaban El Soberbio
pensé soberbio comprador de los libros síbilinos
-Traigo nueve joyas de la profecía
-¿para qué me servirán, mujer?
-serán el esplendor que le falta al conocimiento en tu reino
-no es suficiente
Hay quienes me critican por haberme acriminado contra mi propia obra
pero el rey no quiso mirarme, despreció mi talento
por su culpa serán sólo pavesas
los secretos que habrían sido su única luz
y frente a la fastuosidad de su mansión romana
hice un hoguera con mis visiones,
los tres primeros libros no pudieron salvarlos
ni siquiera las lágrimas de los sabios
y los segundos tres tampoco pues ya estaba convencida
de querer darle hijos al emperador.
Entonces abrió su puerta y me acomodé en su corazón.
Hijos no tuvimos, es que las sibilas tenemos estéril el vientre
en compensación por la fecundidad de nuestro ojo,
Casandra tuvo gemelos porque a ella nadie le creía.
En todo caso, con el dinero en mis arcas me fui tras un filósofo
no era gran cosa pero era libre.
Así fue como entre tanto triunfo consagrado a Apolo
me fui olvidando del presagio.
Ahora pienso que tal vez mis amistades venusinas pusieron celoso al dios
y empezaron las palabras del augur a darse calladas,
me confundí por amor; adiviné concentrada sólo en mi propio calor,
olvidé el fuego consagrado a la deidad, la luz del consultante,
me enredé en mi ombligo, esa es la verdad.
Un día apareció Apolo y me ofreció ser inmortal
lo que dure el mundo dije embriagada por la vida terrenal.
Se fue el maldito dios dejándome la inmortalidad goteando entre mis piernas,
pero olvidé pedir la juventud.
El resto de la historia es esta jaula, el paso lento de los siglos
esta como cucaracha seca o este mustio pájaro
que antaño fuera arúspice de Apolo y por naturaleza
todavía prevé pero ya no predice nada.
Si he visto despeñarse a los dioses, a la morada de los dioses
al retazo del dios solitario que se estaba manteniendo
y una tras otras las lenguas que se van secando
y una tras otra las pieles que se fueron confundiendo.
Si he visto desaparecer lo conocido y conocer lo que será desaparecido
no me preguntéis entonces ¡niños malcriados! qué es lo que deseo
pues lo único que siempre oiréis será:
Morir, morir.
de Míticas contemporáneas
 
 




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RODRIGO ROJAS
 
Nació en Lima, Perú, en 1971. Pasó su infancia en la Patagonia argentina y la adolescencia entre África y Medioriente. En el año 1995 fue becario de la Fundación Pablo Neruda y el mismo año obtuvo el primer premio en los "Juegos Literarios Gabriela Mistral", organizados por la I. Municipalidad de Santiago. En el año de 1996 publicó su primer libro de poemas, Desembocadura del cielo (Santiago, Cuarto Propio), al que pertenecen los poemas aquí seleccionados.
 
 
 
 
DESCENSO
 
i
Atrapamos la tormenta por dentro,
una fuerza de caballos ahogándose en el mar.
El descenso nos llegó silenciosamente,
con la belleza vendada
y el supurar del fuego en los ojos.

Una noche nuestro velamen cruzó el aire encendido
el cielo se adornó de bellísimos signos y figuras.
La hinchazón de fuego prendió el barco
los tablones se enroscaron imitando el paisaje.
Mientras el río se volvía una corriente negra de cenizas
gozamos de la lluvia.

Los feroces cortes en la panza del cielo,
invocando a la tristeza
con la boca abierta hacia las nubes.
Triste fue la sal de los labios
y sentir el brote de líquenes en el cuerpo.
Bajo estos aguaceros pasaban los días.


ii
 
Seguimos el descenso alocado de los coleópteros,
todos en tormenta rajándonos las velas.
Vejigas infladas nos sostenían sobre el agua
haciéndonos duros en la corriente.
Corría con tanta furia el río que nos causó pavor.
Cuando atrapados en las piedras
soltábamos un sólo grito para ensordecer a la vida.
Por momentos encarnamos el dolor de los altos cuerpos.
EL NUEVO MAR DEL CIELO
Luminosa pende la vida de los árboles
pudriéndose delicada y abundante.
Mientras las aguas se arrugan en la orilla,
el viento toma el vacío para llenarlo desde el borde.

Nuestra navegación se hacía
por el viento al que se llama Bolturno.
Mirando la barriga inflada del cielo
desplegamos nuestra tristeza sin atarla al mástil.
Pusimos la proa bajo el mediodía
y la nave corrió a palo seco.

Abandonamos todas las velas al viento,
los benditos trapos
se hincharon hacia nubes afiebradas.

Sueltos por el ramaje y el rugir de las aguas
fueron ángeles empapados.
Esos harapos que se perdían por los desfiladeros
nos pusieron de rodillas.
Dios sea loado en el torrente,
que hunda nuestro casco al sargazo
y nos sumerja en el nuevo mar del cielo.
 
 
 
SOBRE LA HIERBA ILUMINADA
 
Cuando barro mi pecho,
cuando me atrevo,
su polvo nubla el mundo,
se fractura el cielo sobre la hierba.
Estirado entre pastizales rasga carnes
tibio aún, beso lento el borboteo de mis tajos.
Sé que no puedes esconderte,
el escándalo de pájaros en tu cabeza te delata.
 
 
CARTA DE MAREAR
 
Miradas desde el agua,
las estrellas son algo más que gelatinas
- luminosas gelatinas de fósforo -
y tienen un crepitar callado,
una asfixia en el oleaje oscurecido del cielo.
de Desembocadura del cielo
 
 
 
 
 




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