Nació en Valdivia en 1969. Estudios de Ingeniería Civil Electrónica en la Universidad Técnica Federico Santa
María, de Valparaíso. Participó en el taller literario de dicha universidad y en el taller de poesía de la Corporación Cultural de Valdivia/ SECH. De esa formación es resultado la publicación Palabra
inaugural (Barba de Palo, Valdivia, 1991). Ese mismo año obtiene el Premio Gabriela Mistral, que otorga la Ilustre Municipalidad de Santiago. En 1992 publica el libro de poemas Arcosanto (Barba de Palo). Entre 1994 y 1996 vivió en Berlín. Cuenta con un libro inédito, titulado Ícaro pernocto.
COMO UNA ORACION EL ALBA
esta como agua vertical, este filo de piedra pura
a bolsillos llenos; un golpe de tu dedo sobre
las sombras de los libres, el trágico desvelo allá
abajo en la hora bella en que fui otro.
este instante a tus dolores y tus amores descarnados,
tus pasos de alma a alma.
el aire y el mundo no buscados.
la vida más terrible y hermosa, la primera aventura
dónde se lanzan las noches, los jadeos de
sufrimiento y placer -detrás de las fachadas
de los palacios-, y los pálidos destellos de los
ojos.
cuando todo quede reducido a una estrella,
a una única estrella mendiga
tibia y viviente con un día dentro
la transfiguración agazapada profunda ardiente
sobre las silenciosas tejas
el torbellino de las formas los labios
el reposo sobre el lecho o sobre el prado
la viga maestra los muros
investiremos las ciudades las nuestras
sólo el mar y el fuego mezclados
emergiéndonos uno a uno los velos
de Arcosanto
ANTIGUO ACASO DE HABER
De haber estado herido o condenado
de haber elegido el verano
la araña o el luto; pero no no
frente a mi alcoba sin luz si imaginas algo de esto
a una sola gota oscura la tuve junto a mi
la ebrio injurié le rompí el costado y la quise así
besé sus piernas dejé que sus manos regasen mal cerradas mi cuerpo sus labios a cada
hora sin leyes se abrían de amor y sangre la mordí
suavemente
llorando el miedo vino
conmigo ella tarde porque ya no pedía nada
tú y quienes éramos yo el allí
pareció que ya antes había sucedido
le comencé a desatar los cabellos
y cada cabello era una voz para un nosotros éramos la tibia corriente bajando por
atrapados la cara un hilillo
entre el cómo de denso follaje demandando la vida de un hombre
corona éramos
de espinas nos cubrimos demasiado
del vértigo y ya sabía qué se iluminaba donde
sobresaltó
su delirio adentro
por los aires yéndose un ella tal vez me decía
era la novia olvidada
gritamos de amor tan nuevamente como al arder de las cosas
una que era tejida red luminosa y relucían ciudades enteras las blancas al fondo los anillos inconclusos de un prisionero
soñaba bruno el que olvidado sobre su desnudez
y recogí a la belleza tus ojos abismos hermosamente tan para esto
dejé unas valvas de breves moluscos entre las grietas
de las murallas cuando el cielo del oeste se escondía
adentro tan de mi sombra cambiando
siete veces un puñal o un lirio escondido
entre sus senos
sobre las suaves montañas: el sol
se había roto en goterones sobre mis muslos las manchas
de mis estas tierras ropas oscuras de hijos
sucios de sonreír un algo de hambre y los abracé también a ellos
como un mendigo que fuera y soy aún con estas líneas
sentados en un montón de basuras fumábamos melodías
ni siquiera inventadas las caras
los hermosos héroes y los hermosos santos
eligieron a quiénes saber el ya que
una pobre loba muerta yacía junto a nosotros
pariendo en el barro de la calle.
LA TIERRA ES UN HOMBRE
Las grandes mandíbulas del silencio eso es lo que oyes
lo que oyes no es lo que oyes
vahídos el dónde en tu mente
la quizás ni acabas de oír palabra
y así pareciera que viniera a nacer en el medio
del camino entre el origen y el fin del mundo
qué tan mundo miras y los párpados entreabiertos de miedo
a la inmensidad cambiada de hombre
van considerando las manchas que pronto arremeten
y sientes el golpe el sobreruido del polvo denso se levanta
ante ti y reconoces las formas de los cuellos erectos la tensión
de la escritura que cae cae de incendio de bruces y vomita
sobre la boca del musgo sus cenizas por volcán urdido
de aposentos puros sembradíos sudorosos en la toda rápida
marea que resbala ante los músculos las ancas duras de hermoso pelaje contra el sol y es
el abrazo vivo también los cascos el suelo pulsante la extensión de los siglos en sus ásperos crines y debes correr por dios que
tienes que correr abriendo las alas
los labios la cabellera pintada entre la vida y la muerte para el cruce ante estas manchas potreras granates garras de relincho puro y tierra contra el esternón blandamente frente a
un paisaje de inmensos ojos espumas olores todo porque todo el horizonte está cubierto sin
tener el con qué
devolver
el habla al cauce bárbaro de las familias
cubierto de caballos hermosos sementales yeguas perfectas galopándonos encumbrándonos así habitando habitando no el mundo sino su creación.
VARADO EN LONDRES
No hay mes cruel acuérdate de Blake que no sé qué de cosas vió por estos lados al fuego con las inspiradas lecciones hagamos trato diles lleguemos con el sonido del apenas no molestar please do not disturb aunque te digan tómate el té tranquilo pasa delirio a la lengua al antes que volaba y calma hombre no hay mes cruel te digo no hagas caso tal vez a más de alguno se le ocurra ordenar la ropa de otro modo recibir encomiendas extrañas con su papel de diario y su pita pero eso sí apréndete la melodía y ojo no mires por las ventanas pasa tranquilo o como viéndote tranquilo no mires por las malditas ventanas especialmente diseñadas para que no las miren allá frente a frente y frente al ebrio espejo desnudos estarán enfrentando la nobleza obsequiada de un nombre si te preguntan encógete de hombros los diablos apagarán la luz sentados en un gran sofá de cuero en cualquiera de los pub antes de las diez y medía hora de la última campana la última ronda y del cierre alguien terminará sus líneas con la palabra toda y por hoy el resto será previsible: una pinta de cerveza amarga tibia la rubia loca que andará por ahí mostrando el culo y los locos que se han cebado saltarán en el poeta la mirada que el vernos sepultan largando sobre los puentes del Támesis uno a uno sus aguas acaso como para un tiempo más propicio al polvo y las bodas.
para Mauricio Redolés
OYES LOS PUMAS NOCHEBRAMAR
A cada uno su regreso
oyes noche los pumas bramar para no decir la palabra inocente la última vez de los muertos
hasta aquí la mar nos ha traído varados y está lo suficientemente tierra abonada de nadie y alguien que sabes nunca abandonaste silba el silencio de las cosas al fondo deshechas del instinto
todo recuerda a todo como debe ser la muchacha se inclina escuchar el latido pequeño de sus hijas dormidas el viento cede a las cumbreras algo más que un manto con dados juega una diosa encendida su obsesión creo por los ventanales inmensos mirando los manzanos como lo haces también a veces del sur pensando en las preguntas que tampoco te respondieron esos años afuera
la casa tiene sus rutas te esperábamos labios hay para el súbito odre
pumas hijo mío nochebramar a lo lejos oigo en un país como éste y quisiera dormir de veras adormecido por los apacibles pumas una y otra vez la noche se llama y no se llama así y qué sabe uno hijo qué sabe uno
muéstrame el grabado de Durero sobre la mesa relatando los rostros de 1511 y sus nerviosas figuras así me sueño la cara hace años esas líneas siquiera devolviendo un poco al adentro lo que sea de resurrección
incesantes hay que entonces acribillar a la nada
escuchar levemente a los pumas en su adormecer nochebramido.
ARRULLASTE ENTERO EL FIRMAMENTO
Ciego del sello dulce en las bocas
deshielando recién su corpiño entrelazado
par
ciegos y par
estallido fuimos a ser entre las sábanas
saliendo algo pasó temblando su bruma su huidizo
sexo por nosotros
y llegamos al mar al final del mar
de fulgir el cuero aleccionado contra el mundo
silenciotendidos
creímos ver una gran lágrima que nos tragaba
por pródigos y dimos en acuerdo el nos
porque entonces ya no seguíamos a nada ni a nadie
queríamos devueltas las preguntas
y aquello era pura pasión
puro aún
honrados decidimos descorchar las pocas botellas
que trajimos para beber
por la suerte de los diluvios y las de historias
que se escucharían hasta entrada la noche en los boliches
del sur y hasta nos dijimos diluvio un poco (había querido orinar
sobre los fascinantes monumentos
lejos crujían otros días te dije quizás más hermosamente
-cambiémonos- agarramos maletas y todo) en eso acordándonos
del tú y yo sacando el caído mármol de las faldas
de los cafés de Berlín y sus hermosas y tristes mujeres
amados vencidos dimos a la ganancia dos orquídeas
y todo parecía ser como en la niñez armados de
juego y orquídeas para los muertos juego y rosas
para los enamorados risas sin risas y mirar el cielo por pastos
y tú agarraste el chal que tu abuela te había tejido
aún en el regazo arrullaste entero el firmamento era un canto
encendido lo arrullaste entre los senos llegando casi a las aguas
destapados de blancos
y lo soltaste para que volara y como la vida repitiéndonos
el morir la belleza y su resurrección fuimos
por otro diafragma a morir
dormir tal entonces vez soñar
largo viendo en ello creí decirte algo así como la alegría.
Nació en Valdivia en 1974. Es Licenciado en Psicología por la Universidad Católica de Chile. En el año de 1995 obtuvo el primer lugar en el concurso de poesía organizado por la Federación de Estudiantes de esa casa de estudios. En 1996 publicó el poemario El árbol del lenguaje en otoño (Santiago, DAEX). Desde 1993 integra el grupo cinematográfico Centro de Estudios del Inconciente Óptico. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda durante 1993
ESPECIE DE ARTE POÉTICA
Proporcional el vértigo de la palabra
a la altura de la torre de papel: marfil
de unos cuernos que soplo y no suenan
desconsuelo de un mareo que me ocupa
y me obliga a cierta noche: la boca
profiere en la sombra, aficionada
se desfonda por esta figura muda
vana, una proposición: proporcional
el vértigo de la palabra, etcétera
Comienzas a escribir un poema
cuyo tema es un lago profundo
en esto te alcanza la noche
ahora no sabrás cómo volver.
CLAVES PARA UN MONÓLOGO DE DOS
Caminábamos oscuros por la noche sola
de la mano de unos versos que cosían la boca
con un par de puntos a favor del silencio
-un juego de palabras-, la lengua
se hacía un nudo de hilo, para enredar
la metáfora de esas citas nocturnas
que se llevaban a cabo en parques
cuyos nombres convertíamos en claves
o cruces para marcar el mapa
de nuestros desaciertos.
EL ROSTRO
Las letras son los rasgos de la muerte
sus cejas cuando frunces el ceño: no entiendes
que en este poema la muerte se escribe en tu cara.
Desde hace más de un siglo
la vocación por la poesía requiere
de la cohabitación del escritor
con un demonio. Baudelaire
trató de conjurarlo orando
su humor satánico (secreto
alquímico ausente en los tratados
su posibilidad): la expulsión
de esta bestia en poetas actuales
es signo de su triunfo, y una prosa.
De El árbol del lenguaje en otoño
LONG PLAY
(en tomo a "Hat and Beard" de Eric Dolphy)
Un contrabajo camina a tu lado en el otoño de los parques
o en tu cuarto lleno de hojas, das vuelta como un león destronado
calculando el perímetro de la jaula, geómetra
también al disolverte en los deseos y los días
un vaso de agua, esta escritura incipiente
se acumula junto al polvo que levanta el jazz.
ATARDECE
Espera -la luz- ahora sigue
contándome tu viaje:
la tarde
navega sobre nubes a otras tierras.
El barco que recuerdas llega a puerto.
EVENTO
Se asoma en el espejo un pez: desaparece
y entonces (su cabeza) queda un círculo
(que ya se multiplica hacia los bordes)
sobre la superficie de tu rostro. Un pez.
CRÁNEO
Si comienzo a caminar por ese espacio cuya forma
es la forma de un espacio que recuerdo y no conozco
conozco y no recuerdo: en esos casos
el eco -en esos casos, espantoso- de mis pasos me despierta
nació en Concepción el 25 de octubre de 1972. Es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile. En esa misma casa de estudios conformó el "Grupo Códice" y colaboró en la publicación del boletín "Cave Canem", en la revista "Licantropía" y en la antología Códices, de la que es coautor. En 1987 publicó el poemario La noche venenosa (Concepción, Letra Nueva) y en 1989 fue antologado en Las plumas del colibrí. Quince años de poesía en Concepción. Ese mismo año publicó el poemario La huella del olvido. En 1992 fue becario de la Fundación Pablo Neruda, y en 1994, con La rosa del mundo (Santiago, Lom, 1996) obtuvo el primer premio en la categoría inéditos de los "Juegos Literarios Gabriela Mistral". Entre 1997 y 1998 cursa el Doctorado en Literatura Española Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid. En este último año obtiene un accésit en el "VIII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma" con el poemario Las jaulas, que será editado por la Editorial Visor
Yo no creo en las estatuas,
las estatuas son dioses que nunca he conocido,
que nunca han padecido frente al mar al mirarse el corazón.
Yo no creo en el filo que hay detrás de algunos huecos
ni creo en la oración que esas vidas tan largas nos provocan
ni en las filas que orinan una enorme ave frente al amanecer de la piedra.
Es que hay paisajes que me hieren las manos,
su ruido de alas mojadas, su ruido de semillas que arden,
y yo no quiero hablar de los reinos donde está encendida siempre la lengua de \ mi madre,
yo quiero hablar como habla el manzano,
preciar un labio más que oír el relámpago
y en la algarabía de la música saber la estrofa de los vientres como un
\ parlamento conocido,
poseer la ceguera de la nieve, de sus bestias gemelas y enterrarlas.
Yo no creo en las estatuas y aguardo en mitad de mi lengua el oficio de los nigromantes,
su ópalo gastado en los desiertos contra el hueso del hambre.
Yo no creo en los dioses que tienen un olor a ceniza
ni en los ojos redondos que la lluvia conoce,
que la lluvia fermenta despacio con su negra corona,
dueña de la flor, de la piedra y del agua.
Yo no creo en las estatuas ni en sus labios que arden poseídos de pájaros
\ rojos,
no creo, yo no creo sino hasta que mis manos hayan bebido cada muslo que
\ quema.
de La Rosa del Mundo
LA JAULA DEL CANTO
Cuánto amo todavía mi buche hinchado de presagios, mi vientre preñado de
\ tormenta,
cuánto quiero a mi animal que se echa a dormir los días de lluvia junto al
\ patio,
mi bestia que se tiende mirando hacia el sur con la lengua teñida de números
\ impares,
su lengua que llega hasta el mar para lamer la barba de mis antepasados,
los brazos abiertos en honor a mis deudos indicando la casa de los polos,
el desastre del pájaro que silba en el jardín quemado por el viento de las
\ premoniciones,
la cantidad de almendras que ahora he de contar para morder las sílabas que
\ me otorguen la gracia,
los heliotropos que acarrean el mal, el canto como una gran paloma.
Cuánto amo todavía mis orejas como imanes de una fertilidad que no cabe en
\ mi boca,
mi espejo sin azogue con el día enterrado al final de la noche,
mi uña melancólica que araña en el fondo el papel de plata junto al tigre,
mi cabello mojado por el agua sin nombre que cae como un alambre lento en
\ las
destilerías,
un hilo que se despeña en vano del alambique que ata las palabras con fuego
y se acerca a mi frente y se extiende en el frío y cumple su mandato cuando
\ aúlla en mis
huesos
y es otro el que se llueve y se escurre sin pausa
y restriega a mi hijo y mis llaves con arena,
los enigmas, las piedras, las manos que irrumpen de noche con las largas herencias.
Cuánto amo mi cabeza destinada a la sal que llora la plegaria,
la oscura radiación de los lechos que entierra el vendaval de hormigas,
la caja cerrada donde escupen, el saco que llenan las víctimas con nieve,
las negras guarderías donde viven los graves rayos inmunes,
el lamento de las tortugas en el abecedario,
la mujer decapitada con un ideograma en la rodilla,
la cabeza del poema que arde en mi cabeza de madera cortada,
tabla de oscuridad, pájaro negro contra el cielo arañado por los discos.
Cuánto amo mi nombre y mis falsas predicciones sin dueño,
mis pobres ropas en la fotografía del tiempo entregado como limosna a los náufragos,
el túnel tan ajeno con que intentan probarme,
la avispa en las bodegas donde canto
y oigo a un anciano y a su madre hablar de los incendios
y entonces reconozco a mis hermanas,
un rostro con dos cestas donde yace abundancia.
Amo todavía mis cantos, el polvo de mis venas,
mis instrucciones para arder en el vocablo del sábado,
pero no he comido de ellos, su fe me ha abandonado,
el suicidio del pájaro de Dios contra el árbol sin cielo,
el adulterio blanco que eyacula las letras de la palabra hijo.
LA JAULA DE LOS ESPEJOS
Lo cierto es que los dioses no debieron dejarse ver,
su sombra muerde en el umbral de los ojos mortales,
una mano delgada apenas se posa sobre la madreselva,
medio rostro asoma quemado por el aliento de la vegetación,
un ojo encinta de luz, una luz decaída y musgosa
lame el cuerpo con suave piel de yedra
que apenas roza la lengua en el dintel, su saliva
de oscura anunciación teje en los dedos una red de silencio,
un resoplido tuerce el maicillo sin medir la ebriedad de la víctima,
es dorada la harija cuando cruza la luz con su manto
y su efecto es el mal,
un paso
abre la túnica cerca del hilván, el paso
de la cierva preñada que va a saltar al aire, un pie
desnudo en el boscaje del relámpago, el tobillo
donde toda la leche fosforece
y destila sin término por la garganta del encubridor.
Lo cierto
es que los dioses no debieron dejarse ver, menos de noche
acercarse por un camino invisible
que alguien más dibujó para que ellos vinieran
bellos, desposados con una soledad sin hospicio, con toda
su falta de educación, cuando estamos dormidos
nos palpan el borde de la piel
o el arco dulce de la cara, y entonces, sin ruido
una niña abre toda la luz al correr la cortina
de la estancia repleta de sombras, y en ese largo embudo
un alambre mojado tirita en la red interior
y la niña se escapa, y la cierva nos huye
y aquello que deseamos es hambre
cuando reina el verano y en un tiempo redondo el estío
igual que un viejo encorvado se presenta, saciado en él, triunfante
con su pata de abeja, su pezuña
que quema el pasto seco
y lo devuelve sucio sobre sus mismas huellas,
infinito en la rueda de la transformación.
Sin dejarnos dormir se acercan con cuidado
por las piedras del río que divide aún la Eternidad
de este lado del mundo más sutil en las sombras.
Allí la claridad, sus reflejos que hechizan, aquí
las hermanas pequeñas se ríen del domingo final.
"Este niño no debe morir", piden las nanas
agazapadas en su solemnidad,
"En esta habitación viven los males".
"Ese Espejo es mi Espejo",
me dice aparecida la Figura: "Ese cuerpo es tu cuerpo,
pero su peso es mío ¿si me llevo mi parte
qué te quedará?"
Lo cierto
es que los dioses no se dejan ver
ni de día ni a la hora de la oscuridad
cuando el mundo se acaba y los ojos
rojos de los conejos expuestos en el desolladero
brillan bajo la luz del error. Los invitados entran
y heridos de tanta perfección, nosotros, nos callamos
mirando de reojo la belleza
que se golpea contra las bombillas de la realidad.
La verdad
no hace amistad con las potencias, ellas
no tienen corazón, pues en su estado
no hay más que liquidez de luz, finos hilos de baba
que descienden de un gran caracol
y esparcen un olor que no es de este mundo.
Llueve
sobre las tablas de la oscuridad la cabeza cortada de los dioses, llueve
sobre mi propia frente.
Abro los ojos
y en esta habitación miro mis males.
para Juan Cobos Wilkins.
JAULA DEL PADRE
De todos los que comen de esta mesa
el único que vive de su fuego es el padre.
Yo no sé de donde vienen estas piedras
ni tampoco conozco a quien las trajo,
pero aquí las comemos, pero aquí las mascamos.
Salvaje padre sorprendido en tu error,
enemigo caliente de mirada amarilla,
me refiero a tu casa quemada por los bárbaros,
me refiero a tu lecho marcado por un nudo,
me refiero a tu alma que sale a predicar a la calle
el domingo volcánico de los evangelios,
palabra medio rota que envenena el suburbio
coronado por la lengua de un ángel,
coronado por la lengua que has de obedecer,
el decimal que te dará la muerte.
Padre en silencio, eliges el peso de tu voz,
el exacto calibre que arma tu vergüenza,
el bastón de la rabia, el cristal de la sed
cuando el cáncer congela tu garganta
y te deja alucinar en su hueco.
Padre furioso contra un sol de neón,
padre furioso contra un grito de fuego,
encerrado con la luz que no entiendes,
encerrado en la jaula del mal,
perseguido por tus bestias de piedra
ofendes la raíz de los árboles.
Los moros hablan en lengua de cascada,
llenan la calle de abejas y restos de miel,
llevan otros dioses, traen otra ley,
un tibio cascabel atado a la cintura.
Las hormigas se comen un perro,
el perro se come la cara de un hombre,
el hombre el excremento de un buey.
Bajo las mantas están tus hermanos
agazapados en la lágrima de su propio calor.
Este fuego es su fuego, y es mi fuego también,
este fuego es su hambre con las alas de mosca.
Un hombre se come la cara de un hombre.
Yo, mi padre, el padre de mi padre.
Para Guadalupe Grande
LA JAULA DE LA SENTENCIA
I
Cuídate de los viajes, hijo mío,
cuídate de los viajes y de los trenes
y del tambaleo de los barcos en la batalla del amanecer.
Cuídate de los trenes
y de la tierra donde baila sepultada una llama,
cuídate de los barcos y de los fuegos fatuos
como escondes tus rodillas del tormento de la tempestad.
Nunca entenderás el recorrido de los animales
por las veredas y los parques,
los animales malos que se comen la sed.
Nunca entenderás los ojos de los perros
que desaparecen tras el silbido de los cazadores.
No me digas que no has visto
los animales negros que tienen cara de anciano.
No me digas que no has visto
los caballos cansados que cruzan con sus patas la verdad.
Ten cuidado de los viajes,
ten cuidado de los trenes y de las potencias malignas
y de perderte entre tus propias aguas.
No dejes tu sombrero fuera de la casa,
no dejes tus guantes lejos del amanecer,
porque las hormigas te golpearán con sus antenas hasta causarte daño,
porque las piedras arderán en tus zapatos negros,
para que aprendas a no jugar con las líneas de tus manos,
para que recuerdes, hijo mío,
que el norte de las brújulas se come la cabeza de tu propio animal.