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LOS NAUFRAGOS

POETAS CHILENOS DE LOS 90'S
primera parte

 

 

 

PEDRO ANTONIO ARAYA
ANDRÉS ANWANDTER 
JAVIER BELLO
GERMAN CARRASCO
NICOLAS DIAZ
DAMSI FIGUEROA
JUAN HERRERA 

 

 
 
 
 
 
PEDRO ANTONIO ARAYA
 
Nació en Valdivia en 1969. Estudios de Ingeniería Civil Electrónica en la Universidad Técnica Federico Santa
María, de Valparaíso. Participó en el taller literario de dicha universidad y en el taller de poesía de la Corporación Cultural de Valdivia/ SECH. De esa formación es resultado la publicación Palabra
inaugural (Barba de Palo, Valdivia, 1991). Ese mismo año obtiene el Premio Gabriela Mistral, que otorga la Ilustre Municipalidad de Santiago. En 1992 publica el libro de poemas Arcosanto (Barba de Palo). Entre 1994 y 1996 vivió en Berlín. Cuenta con un libro inédito, titulado Ícaro pernocto.
 
 
COMO UNA ORACION EL ALBA
 
esta como agua vertical, este filo de piedra pura
a bolsillos llenos; un golpe de tu dedo sobre
las sombras de los libres, el trágico desvelo allá
abajo en la hora bella en que fui otro.
este instante a tus dolores y tus amores descarnados,
tus pasos de alma a alma.
el aire y el mundo no buscados.
la vida más terrible y hermosa, la primera aventura
dónde se lanzan las noches, los jadeos de
sufrimiento y placer -detrás de las fachadas
de los palacios-, y los pálidos destellos de los
ojos.
cuando todo quede reducido a una estrella,
a una única estrella mendiga
tibia y viviente con un día dentro
la transfiguración agazapada profunda ardiente
sobre las silenciosas tejas
el torbellino de las formas los labios
el reposo sobre el lecho o sobre el prado
la viga maestra los muros
investiremos las ciudades las nuestras
sólo el mar y el fuego mezclados
emergiéndonos uno a uno los velos
de Arcosanto
 
 
 
ANTIGUO ACASO DE HABER
 
De haber estado herido o condenado
de haber elegido el verano
la araña o el luto; pero no no
frente a mi alcoba sin luz si imaginas algo de esto
a una sola gota oscura la tuve junto a mi
la ebrio injurié le rompí el costado y la quise así
besé sus piernas dejé que sus manos regasen mal cerradas mi cuerpo sus labios a cada
hora sin leyes se abrían de amor y sangre la mordí
suavemente
llorando el miedo vino
conmigo ella tarde porque ya no pedía nada
tú y quienes éramos yo el allí
pareció que ya antes había sucedido
le comencé a desatar los cabellos
y cada cabello era una voz para un nosotros éramos la tibia corriente bajando por
atrapados la cara un hilillo
entre el cómo de denso follaje demandando la vida de un hombre
corona éramos
de espinas nos cubrimos demasiado
del vértigo y ya sabía qué se iluminaba donde
sobresaltó
su delirio adentro
por los aires yéndose un ella tal vez me decía
era la novia olvidada
gritamos de amor tan nuevamente como al arder de las cosas
una que era tejida red luminosa y relucían ciudades enteras las blancas al fondo los anillos inconclusos de un prisionero
soñaba bruno el que olvidado sobre su desnudez
y recogí a la belleza tus ojos abismos hermosamente tan para esto
dejé unas valvas de breves moluscos entre las grietas
de las murallas cuando el cielo del oeste se escondía
adentro tan de mi sombra cambiando
siete veces un puñal o un lirio escondido
entre sus senos
sobre las suaves montañas: el sol
se había roto en goterones sobre mis muslos las manchas
de mis estas tierras ropas oscuras de hijos
sucios de sonreír un algo de hambre y los abracé también a ellos
como un mendigo que fuera y soy aún con estas líneas
sentados en un montón de basuras fumábamos melodías
ni siquiera inventadas las caras
los hermosos héroes y los hermosos santos
eligieron a quiénes saber el ya que
una pobre loba muerta yacía junto a nosotros
pariendo en el barro de la calle.
 
 
 
LA TIERRA ES UN HOMBRE
 
Las grandes mandíbulas del silencio eso es lo que oyes
lo que oyes no es lo que oyes
vahídos el dónde en tu mente
la quizás ni acabas de oír palabra
y así pareciera que viniera a nacer en el medio
del camino entre el origen y el fin del mundo
qué tan mundo miras y los párpados entreabiertos de miedo
a la inmensidad cambiada de hombre
van considerando las manchas que pronto arremeten
y sientes el golpe el sobreruido del polvo denso se levanta
ante ti y reconoces las formas de los cuellos erectos la tensión
de la escritura que cae cae de incendio de bruces y vomita
sobre la boca del musgo sus cenizas por volcán urdido
de aposentos puros sembradíos sudorosos en la toda rápida
marea que resbala ante los músculos las ancas duras de hermoso pelaje contra el sol y es
el abrazo vivo también los cascos el suelo pulsante la extensión de los siglos en sus ásperos crines y debes correr por dios que
tienes que correr abriendo las alas
los labios la cabellera pintada entre la vida y la muerte para el cruce ante estas manchas potreras granates garras de relincho puro y tierra contra el esternón blandamente frente a
un paisaje de inmensos ojos espumas olores todo porque todo el horizonte está cubierto sin
tener el con qué
devolver
el habla al cauce bárbaro de las familias
cubierto de caballos hermosos sementales yeguas perfectas galopándonos encumbrándonos así habitando habitando no el mundo sino su creación.
 
 
 
VARADO EN LONDRES
 
No hay mes cruel acuérdate de Blake que no sé qué de cosas vió por estos lados al fuego con las inspiradas lecciones hagamos trato diles lleguemos con el sonido del apenas no molestar please do not disturb aunque te digan tómate el té tranquilo pasa delirio a la lengua al antes que volaba y calma hombre no hay mes cruel te digo no hagas caso tal vez a más de alguno se le ocurra ordenar la ropa de otro modo recibir encomiendas extrañas con su papel de diario y su pita pero eso sí apréndete la melodía y ojo no mires por las ventanas pasa tranquilo o como viéndote tranquilo no mires por las malditas ventanas especialmente diseñadas para que no las miren allá frente a frente y frente al ebrio espejo desnudos estarán enfrentando la nobleza obsequiada de un nombre si te preguntan encógete de hombros los diablos apagarán la luz sentados en un gran sofá de cuero en cualquiera de los pub antes de las diez y medía hora de la última campana la última ronda y del cierre alguien terminará sus líneas con la palabra toda y por hoy el resto será previsible: una pinta de cerveza amarga tibia la rubia loca que andará por ahí mostrando el culo y los locos que se han cebado saltarán en el poeta la mirada que el vernos sepultan largando sobre los puentes del Támesis uno a uno sus aguas acaso como para un tiempo más propicio al polvo y las bodas.
 
 
 
para Mauricio Redolés
 
OYES LOS PUMAS NOCHEBRAMAR
 
A cada uno su regreso
oyes noche los pumas bramar para no decir la palabra inocente la última vez de los muertos
hasta aquí la mar nos ha traído varados y está lo suficientemente tierra abonada de nadie y alguien que sabes nunca abandonaste silba el silencio de las cosas al fondo deshechas del instinto
todo recuerda a todo como debe ser la muchacha se inclina escuchar el latido pequeño de sus hijas dormidas el viento cede a las cumbreras algo más que un manto con dados juega una diosa encendida su obsesión creo por los ventanales inmensos mirando los manzanos como lo haces también a veces del sur pensando en las preguntas que tampoco te respondieron esos años afuera
la casa tiene sus rutas te esperábamos labios hay para el súbito odre
pumas hijo mío nochebramar a lo lejos oigo en un país como éste y quisiera dormir de veras adormecido por los apacibles pumas una y otra vez la noche se llama y no se llama así y qué sabe uno hijo qué sabe uno
muéstrame el grabado de Durero sobre la mesa relatando los rostros de 1511 y sus nerviosas figuras así me sueño la cara hace años esas líneas siquiera devolviendo un poco al adentro lo que sea de resurrección
incesantes hay que entonces acribillar a la nada
escuchar levemente a los pumas en su adormecer nochebramido.
 
 
 
ARRULLASTE ENTERO EL FIRMAMENTO
 
Ciego del sello dulce en las bocas
deshielando recién su corpiño entrelazado
par
ciegos y par
estallido fuimos a ser entre las sábanas
saliendo algo pasó temblando su bruma su huidizo
sexo por nosotros
y llegamos al mar al final del mar
de fulgir el cuero aleccionado contra el mundo
silenciotendidos
creímos ver una gran lágrima que nos tragaba
por pródigos y dimos en acuerdo el nos
porque entonces ya no seguíamos a nada ni a nadie
queríamos devueltas las preguntas
y aquello era pura pasión
puro aún
honrados decidimos descorchar las pocas botellas
que trajimos para beber
por la suerte de los diluvios y las de historias
que se escucharían hasta entrada la noche en los boliches
del sur y hasta nos dijimos diluvio un poco (había querido orinar
sobre los fascinantes monumentos
lejos crujían otros días te dije quizás más hermosamente
-cambiémonos- agarramos maletas y todo) en eso acordándonos
del tú y yo sacando el caído mármol de las faldas
de los cafés de Berlín y sus hermosas y tristes mujeres
amados vencidos dimos a la ganancia dos orquídeas
y todo parecía ser como en la niñez armados de
juego y orquídeas para los muertos juego y rosas
para los enamorados risas sin risas y mirar el cielo por pastos
y tú agarraste el chal que tu abuela te había tejido
aún en el regazo arrullaste entero el firmamento era un canto
encendido lo arrullaste entre los senos llegando casi a las aguas
destapados de blancos
y lo soltaste para que volara y como la vida repitiéndonos
el morir la belleza y su resurrección fuimos
por otro diafragma a morir
dormir tal entonces vez soñar
largo viendo en ello creí decirte algo así como la alegría.
(para Ina Jennerjahn)
 




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ANDRÉS ANWANDTER
 
Nació en Valdivia en 1974. Es Licenciado en Psicología por la Universidad Católica de Chile. En el año de 1995 obtuvo el primer lugar en el concurso de poesía organizado por la Federación de Estudiantes de esa casa de estudios. En 1996 publicó el poemario El árbol del lenguaje en otoño (Santiago, DAEX). Desde 1993 integra el grupo cinematográfico Centro de Estudios del Inconciente Óptico. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda durante 1993
 
 
 
 
ESPECIE DE ARTE POÉTICA
 
Proporcional el vértigo de la palabra
a la altura de la torre de papel: marfil
de unos cuernos que soplo y no suenan
desconsuelo de un mareo que me ocupa
y me obliga a cierta noche: la boca
profiere en la sombra, aficionada
se desfonda por esta figura muda
vana, una proposición: proporcional
el vértigo de la palabra, etcétera
 
Comienzas a escribir un poema
cuyo tema es un lago profundo
en esto te alcanza la noche
ahora no sabrás cómo volver.
 
 
 
CLAVES PARA UN MONÓLOGO DE DOS
 
Caminábamos oscuros por la noche sola
de la mano de unos versos que cosían la boca
con un par de puntos a favor del silencio
-un juego de palabras-, la lengua
se hacía un nudo de hilo, para enredar
la metáfora de esas citas nocturnas
que se llevaban a cabo en parques
cuyos nombres convertíamos en claves
o cruces para marcar el mapa
de nuestros desaciertos.
 
 
 
EL ROSTRO
 
Las letras son los rasgos de la muerte
sus cejas cuando frunces el ceño: no entiendes
que en este poema la muerte se escribe en tu cara.
 
Desde hace más de un siglo
la vocación por la poesía requiere
de la cohabitación del escritor
con un demonio. Baudelaire
trató de conjurarlo orando
su humor satánico (secreto
alquímico ausente en los tratados
su posibilidad): la expulsión
de esta bestia en poetas actuales
es signo de su triunfo, y una prosa.
De El árbol del lenguaje en otoño
 
 
 
LONG PLAY
 
(en tomo a "Hat and Beard" de Eric Dolphy)
Un contrabajo camina a tu lado en el otoño de los parques
o en tu cuarto lleno de hojas, das vuelta como un león destronado
calculando el perímetro de la jaula, geómetra
también al disolverte en los deseos y los días
un vaso de agua, esta escritura incipiente
se acumula junto al polvo que levanta el jazz.
 
 
 
ATARDECE
 
Espera -la luz- ahora sigue
contándome tu viaje:
la tarde
navega sobre nubes a otras tierras.
El barco que recuerdas llega a puerto.
 
 
 
EVENTO
 
Se asoma en el espejo un pez: desaparece
y entonces (su cabeza) queda un círculo
(que ya se multiplica hacia los bordes)
sobre la superficie de tu rostro. Un pez.
 
 
 
CRÁNEO
 
Si comienzo a caminar por ese espacio cuya forma
es la forma de un espacio que recuerdo y no conozco
conozco y no recuerdo: en esos casos
el eco -en esos casos, espantoso- de mis pasos me despierta
todavía ante la puerta de esa forma: abierta.
 




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JAVIER BELLO
 
nació en Concepción el 25 de octubre de 1972. Es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile. En esa misma casa de estudios conformó el "Grupo Códice" y colaboró en la publicación del boletín "Cave Canem", en la revista "Licantropía" y en la antología Códices, de la que es coautor. En 1987 publicó el poemario La noche venenosa (Concepción, Letra Nueva) y en 1989 fue antologado en Las plumas del colibrí. Quince años de poesía en Concepción. Ese mismo año publicó el poemario La huella del olvido. En 1992 fue becario de la Fundación Pablo Neruda, y en 1994, con La rosa del mundo (Santiago, Lom, 1996) obtuvo el primer premio en la categoría inéditos de los "Juegos Literarios Gabriela Mistral". Entre 1997 y 1998 cursa el Doctorado en Literatura Española Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid. En este último año obtiene un accésit en el "VIII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma" con el poemario Las jaulas, que será editado por la Editorial Visor
 
 
 
 
Yo no creo en las estatuas,
las estatuas son dioses que nunca he conocido,
que nunca han padecido frente al mar al mirarse el corazón.
 
Yo no creo en el filo que hay detrás de algunos huecos
ni creo en la oración que esas vidas tan largas nos provocan
ni en las filas que orinan una enorme ave frente al amanecer de la piedra.
 
Es que hay paisajes que me hieren las manos,
su ruido de alas mojadas, su ruido de semillas que arden,
y yo no quiero hablar de los reinos donde está encendida siempre la lengua de \ mi madre,
yo quiero hablar como habla el manzano,
preciar un labio más que oír el relámpago
y en la algarabía de la música saber la estrofa de los vientres como un
\ parlamento conocido,
poseer la ceguera de la nieve, de sus bestias gemelas y enterrarlas.
 
Yo no creo en las estatuas y aguardo en mitad de mi lengua el oficio de los nigromantes,
su ópalo gastado en los desiertos contra el hueso del hambre.
 
Yo no creo en los dioses que tienen un olor a ceniza
ni en los ojos redondos que la lluvia conoce,
que la lluvia fermenta despacio con su negra corona,
dueña de la flor, de la piedra y del agua.
 
Yo no creo en las estatuas ni en sus labios que arden poseídos de pájaros
\ rojos,
no creo, yo no creo sino hasta que mis manos hayan bebido cada muslo que
\ quema.
de La Rosa del Mundo
 
 
 
LA JAULA DEL CANTO
 
Cuánto amo todavía mi buche hinchado de presagios, mi vientre preñado de
\ tormenta,
cuánto quiero a mi animal que se echa a dormir los días de lluvia junto al
\ patio,
mi bestia que se tiende mirando hacia el sur con la lengua teñida de números
\ impares,
su lengua que llega hasta el mar para lamer la barba de mis antepasados,
los brazos abiertos en honor a mis deudos indicando la casa de los polos,
el desastre del pájaro que silba en el jardín quemado por el viento de las
\ premoniciones,
la cantidad de almendras que ahora he de contar para morder las sílabas que
\ me otorguen la gracia,
los heliotropos que acarrean el mal, el canto como una gran paloma.
Cuánto amo todavía mis orejas como imanes de una fertilidad que no cabe en
\ mi boca,
mi espejo sin azogue con el día enterrado al final de la noche,
mi uña melancólica que araña en el fondo el papel de plata junto al tigre,
mi cabello mojado por el agua sin nombre que cae como un alambre lento en
\ las
destilerías,
un hilo que se despeña en vano del alambique que ata las palabras con fuego
y se acerca a mi frente y se extiende en el frío y cumple su mandato cuando
\ aúlla en mis
huesos
y es otro el que se llueve y se escurre sin pausa
y restriega a mi hijo y mis llaves con arena,
los enigmas, las piedras, las manos que irrumpen de noche con las largas herencias.
 
Cuánto amo mi cabeza destinada a la sal que llora la plegaria,
la oscura radiación de los lechos que entierra el vendaval de hormigas,
la caja cerrada donde escupen, el saco que llenan las víctimas con nieve,
las negras guarderías donde viven los graves rayos inmunes,
el lamento de las tortugas en el abecedario,
la mujer decapitada con un ideograma en la rodilla,
la cabeza del poema que arde en mi cabeza de madera cortada,
tabla de oscuridad, pájaro negro contra el cielo arañado por los discos.
 
Cuánto amo mi nombre y mis falsas predicciones sin dueño,
mis pobres ropas en la fotografía del tiempo entregado como limosna a los náufragos,
el túnel tan ajeno con que intentan probarme,
la avispa en las bodegas donde canto
y oigo a un anciano y a su madre hablar de los incendios
y entonces reconozco a mis hermanas,
un rostro con dos cestas donde yace abundancia.
 
Amo todavía mis cantos, el polvo de mis venas,
mis instrucciones para arder en el vocablo del sábado,
pero no he comido de ellos, su fe me ha abandonado,
el suicidio del pájaro de Dios contra el árbol sin cielo,
el adulterio blanco que eyacula las letras de la palabra hijo.
 
 
 
LA JAULA DE LOS ESPEJOS
 
Lo cierto es que los dioses no debieron dejarse ver,
su sombra muerde en el umbral de los ojos mortales,
una mano delgada apenas se posa sobre la madreselva,
medio rostro asoma quemado por el aliento de la vegetación,
un ojo encinta de luz, una luz decaída y musgosa
lame el cuerpo con suave piel de yedra
que apenas roza la lengua en el dintel, su saliva
de oscura anunciación teje en los dedos una red de silencio,
un resoplido tuerce el maicillo sin medir la ebriedad de la víctima,
es dorada la harija cuando cruza la luz con su manto
y su efecto es el mal,
un paso
abre la túnica cerca del hilván, el paso
de la cierva preñada que va a saltar al aire, un pie
desnudo en el boscaje del relámpago, el tobillo
donde toda la leche fosforece
y destila sin término por la garganta del encubridor.
Lo cierto
es que los dioses no debieron dejarse ver, menos de noche
acercarse por un camino invisible
que alguien más dibujó para que ellos vinieran
bellos, desposados con una soledad sin hospicio, con toda
su falta de educación, cuando estamos dormidos
nos palpan el borde de la piel
o el arco dulce de la cara, y entonces, sin ruido
una niña abre toda la luz al correr la cortina
de la estancia repleta de sombras, y en ese largo embudo
un alambre mojado tirita en la red interior
y la niña se escapa, y la cierva nos huye
y aquello que deseamos es hambre
cuando reina el verano y en un tiempo redondo el estío
igual que un viejo encorvado se presenta, saciado en él, triunfante
con su pata de abeja, su pezuña
que quema el pasto seco
y lo devuelve sucio sobre sus mismas huellas,
infinito en la rueda de la transformación.
 
Sin dejarnos dormir se acercan con cuidado
por las piedras del río que divide aún la Eternidad
de este lado del mundo más sutil en las sombras.
Allí la claridad, sus reflejos que hechizan, aquí
las hermanas pequeñas se ríen del domingo final.
"Este niño no debe morir", piden las nanas
agazapadas en su solemnidad,
"En esta habitación viven los males".
 
"Ese Espejo es mi Espejo",
me dice aparecida la Figura: "Ese cuerpo es tu cuerpo,
pero su peso es mío ¿si me llevo mi parte
qué te quedará?"
Lo cierto
es que los dioses no se dejan ver
ni de día ni a la hora de la oscuridad
cuando el mundo se acaba y los ojos
rojos de los conejos expuestos en el desolladero
brillan bajo la luz del error. Los invitados entran
y heridos de tanta perfección, nosotros, nos callamos
mirando de reojo la belleza
que se golpea contra las bombillas de la realidad.
La verdad
no hace amistad con las potencias, ellas
no tienen corazón, pues en su estado
no hay más que liquidez de luz, finos hilos de baba
que descienden de un gran caracol
y esparcen un olor que no es de este mundo.
Llueve
sobre las tablas de la oscuridad la cabeza cortada de los dioses, llueve
sobre mi propia frente.
Abro los ojos
y en esta habitación miro mis males.
 
 
 
para Juan Cobos Wilkins.
 
 
JAULA DEL PADRE
 
De todos los que comen de esta mesa
el único que vive de su fuego es el padre.
Yo no sé de donde vienen estas piedras
ni tampoco conozco a quien las trajo,
pero aquí las comemos, pero aquí las mascamos.
Salvaje padre sorprendido en tu error,
enemigo caliente de mirada amarilla,
me refiero a tu casa quemada por los bárbaros,
me refiero a tu lecho marcado por un nudo,
me refiero a tu alma que sale a predicar a la calle
el domingo volcánico de los evangelios,
palabra medio rota que envenena el suburbio
coronado por la lengua de un ángel,
coronado por la lengua que has de obedecer,
el decimal que te dará la muerte.
Padre en silencio, eliges el peso de tu voz,
el exacto calibre que arma tu vergüenza,
el bastón de la rabia, el cristal de la sed
cuando el cáncer congela tu garganta
y te deja alucinar en su hueco.
Padre furioso contra un sol de neón,
padre furioso contra un grito de fuego,
encerrado con la luz que no entiendes,
encerrado en la jaula del mal,
perseguido por tus bestias de piedra
ofendes la raíz de los árboles.
Los moros hablan en lengua de cascada,
llenan la calle de abejas y restos de miel,
llevan otros dioses, traen otra ley,
un tibio cascabel atado a la cintura.
Las hormigas se comen un perro,
el perro se come la cara de un hombre,
el hombre el excremento de un buey.
Bajo las mantas están tus hermanos
agazapados en la lágrima de su propio calor.
Este fuego es su fuego, y es mi fuego también,
este fuego es su hambre con las alas de mosca.
Un hombre se come la cara de un hombre.
Yo, mi padre, el padre de mi padre.
Para Guadalupe Grande
 
 
 
LA JAULA DE LA SENTENCIA
 
I
Cuídate de los viajes, hijo mío,
cuídate de los viajes y de los trenes
y del tambaleo de los barcos en la batalla del amanecer.
 
Cuídate de los trenes
y de la tierra donde baila sepultada una llama,
cuídate de los barcos y de los fuegos fatuos
como escondes tus rodillas del tormento de la tempestad.
 
Nunca entenderás el recorrido de los animales
por las veredas y los parques,
los animales malos que se comen la sed.
Nunca entenderás los ojos de los perros
que desaparecen tras el silbido de los cazadores.
No me digas que no has visto
los animales negros que tienen cara de anciano.
No me digas que no has visto
los caballos cansados que cruzan con sus patas la verdad.
 
Ten cuidado de los viajes,
ten cuidado de los trenes y de las potencias malignas
y de perderte entre tus propias aguas.
 
No dejes tu sombrero fuera de la casa,
no dejes tus guantes lejos del amanecer,
porque las hormigas te golpearán con sus antenas hasta causarte daño,
porque las piedras arderán en tus zapatos negros,
para que aprendas a no jugar con las líneas de tus manos,
para que recuerdes, hijo mío,
que el norte de las brújulas se come la cabeza de tu propio animal.
 
Cuídate de los viajes,
cuídate de los viajes y de los trenes
y del tambaleo de los barcos en los mares sin ley,
porque en los viajes va la muerte hablándote al oído,
porque en los trenes va la muerte sentada
y en los barcos va la muerte de pie.
 
 
para Ana Rossetti
 
III
 
Los que marcan los libros mueren jóvenes,
lo invisible quema nuestros actos con la fuerza del sol.
No hay libertad en la transparencia de las partituras,
no hay libertad a la hora confiscada por el cielo,
tatuamos nuestros días con el dedo de un dios.
 
Hijo de la paz y las decapitaciones,
hijo de la semilla que derrama el ahorcado,
no hay libertad en los ladrillos rojos,
no hay pureza en la palabra que dicta la noche a los patios.
Escondes tus libros del amanecer,
no pones en ellos tu nombre,
sólo tu luz de animal,
sólo tu caballo en la casa del padre.
No estás a resguardo,
no estás a resguardo.
 
Temes más a los vivos que a todos los espectros.
Mueren jóvenes aquellos que se van,
los viejos mueren viejos en sus camas,
los que marcan los libros y los que no los marcan,
los que cantan plegarias,
también los que maldicen,
los que esperan en la paz del señor,
los que van a la guerra con traje,
todos, todos.
 
Sólo tú cuando comes el fuego,
sólo tu caballo en la casa del padre,
sólo tu luz de animal,
hijo proscrito contra mi abecedario,
hijo cojo ante el ramo del sol.
 
Los que marcan los libros mueren jóvenes,
también los que les rezan,
también los que les ladran.
Cualquier otra verdad es ominosa,
cualquier otra mentira es un campo de alambres,
la palabra que viene, va descalza.
para Antonio Dueñas
de Las jaulas
 




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GERMAN CARRASCO
 
nace en Santiago en 1971. Tiene estudios en Lengua Inglesa en la Universidad de Chile. Entre 1991 y 1993 participó en el taller de poesía de su facultad y algunos de sus poemas fueron publicados en la antología Códices del "Grupo Códice" (Santiago, 1993). En 1994 obtuvo el segundo premio en el "Concurso de Poesía para Obras Inéditas", convocado por el Departamento Técnico de Investigación de la Universidad de Chile, que edita, ese mismo año, su libro Brindis. En 1998 publicó el poemario La insidia del sol sobre las cosas (Santiago, Dolmen). Figura en diversas antologías y revistas.
 
 
 
 
HAMMELIN
 
Los bufones están en otra parte
No tienen noción están en otro círculo
al que arrastraron también a los escuchas
Los bufones están en otra parte
con las baquetas trompetas y contrabajos
en las manos como arañas de rincón.
 
 
 
POR UNA CABEZA
 
¿Y si lográramos ganarle al tiempo:
ese caballo loco,
ese purasangre favorito
que parte siempre con varios cuerpos de ventaja?
 
 
2
 
Acostúmbrate a apostar
cantidades más grandes
-me dice un amigo-
Acostúmbrate:
si el suelo fuera vertical
tendrías que dormir de pie.
 
 
3
 
Purasangres desbocados
y bellos.
 
de Códices
 
 
 
UN VIEJO Y UN ZORZAL CON FONDO ROJO
 
Este zorzal que siempre es bienvenido
en la plaza en la página en el patio
constituye con el vino y el diario
el último sabor que he conseguido.
 
Sólo yo de verdad entiendo el trino:
el presente es el presente es el canto
el pájaro el oído el pelo cano.
Rato hace lo demás perdió sentido
o lo tuvo mucho, yo estoy tranquilo.
Zorzal canta y camina con los nervios
camina agachado y se para recto.
Zorzal con fondo rojo, decidido
a convencerme que nada es más cierto
que la aurora el crepúsculo el infierno.
de Brindis
 
 
 
DEL TITANIC Y EL ZEPPELIN
 
Recuerdo la lectura de poemas, el eco de la ovación.
Una rubia bautizaba la proa de la nave con champagne:
espuma de mar, semen liviano del que nacen acróbatas
y bardos (cada metro el latigazo de una ola)
como el que los despedía en ese momento épico
del poderío americano: magnitud y misterio comparables
al del zeppelin nacional-socialista,
majestuoso velo sobre la insidia del sol:
metáforas colosales
aunque lamentablemente poco prácticas
cuya historia, junto a la de Babel, escribimos
con sumo cuidado
en barcos de papel, granos de arroz.
 
 
 
EL SOL DE LAS TRES DE LA TARDE I
 
Para las urracas o el abatido nido de sus ojos
brillan los tesoros: sillas de ruedas, baratijas
en manos virginales, en regazos.
Capta su plasticidad: el sol
puede afiebrarte como a un recién nacido
o a un raquítico y afectado manos finas
al concentrarse en los trozos brillantes
de una botella rota en plena acera, al asolar
y desolar las fachadas continuas de esta parte;
al enmarcar defectos físicos, bellezas excesivas;
al cruzar parabrisas y ojos claros. No es justo
decir que afea el día cuando pone
un velo de bruma sobre el género
insidioso, acentuado de las cosas
ni culpar a la noche de la traición, el crimen
o de los últimos sucesos, cualesquiera
que estos sean. Un buen día (se podría decir)
a pesar de la engañosa apariencia
del sol sobre las cosas. Además, recuerda
lo terrible que fue ver (aunque por algunos segundos)
al sol como una moneda vieja
o una ampolleta de bajo voltaje
hace algunos años, en el eclipse, en Putre.
 
de La insidia del sol sobre las cosas
 




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NICOLAS DIAZ
 
nació en Santiago en 1970. En 1991 obtuvo el primer lugar en el concurso "Arthur Rimbaud". En 1992 fue publicado en la antología de ese concurso, titulada Poesía Menor (Santiago, Francisco Zegers Editor), un grupo de sus poemas, llamado Hotel Bristol. Durante 1993 es becario de la Fundación Pablo Neruda
 
 
 
 
HOTEL BRISTOL
 
El yagán jamás llora y vi tus lágrimas rodar hasta por tus senos que jamás he visto y que quisiera ver antes de morir, darmes de mamar y darmes de vivir, sólo soledad y parras de vid, leche irracional. Ojo despiadado, la llorona, la aparición. Papas con ají y arrollao de chancho y chuchoca de trigo y una caña de ñachi y chupilca del diablo. Agarrados a ellos ¡ay! me quiero ir en la madrugada de aquel porvenir que no llega nunca y que nunca llegue porque si me voy vos te vais conmigo, como un recuerdo, como un sentimiento tierno más no poder contemplar mis ojos despiadados y besar mis labios y mi entendimiento llevarlas consigo las eternidades tus sensibles senos ¡¡ay !! mis damajuanas de leche fucsia e irracional. ... y para qué llorai, mi niña Yagán, no veis que la sangre se me recalienta ante la inminente ajusticiá de aquel viejo pillo que nos criaturizó.
... y que nos alza a su regazo, a su morada, a su madriguera, a la suit nupcial del Hotel Bristol.
 
 
 
DIETRICH
 
Sobre mi lecho de prostíbulo de sábanas de seda y raso rosadas y rojas, escribo, sobre mi lecho de patíbulos de los amores y los sufrimientos, sobre un nido de pulgas y gusanos y serpientes y óvulos y espermio, escribo, sobre mi lecho, sobre mi colchón de resortes vencidos. Sobre mi catre cantor, sobre el camastro de los dioses y las diosas y de los humanos perros y gatos y las cisnes y las águilas y las carroñas y las bailarinas de la luna, escribo. Sobre el lecho de las obreras enajenadas del amor o de las putas hermosas y junto a ellas y sus camadas y a sus crías y a sus muévedos, junto a ellas y sus raspajes y junto al feto de la paz, lactando de sus senos sagrados, escribo. Sobre el lecho de las princesas y las huachas, en el nido de la murciélaga y de la loica y de la miel y de la sangre, escribo, en el nido de Magdalena, entre sus sábanas y entre sus piernas, duermo, amo y escribo y profetizo el placer y profetizo la lujuria de mi carne y a ella la profetizo, de mi alma, de mis ojos, de mi mente y la lujuria de mis manos percibiendo tus senos o los senos de una cualesquiera ramera de mi ramera vida. Escribo, al mundo y al inmundo y a nadie a Dios y al Diablo y a nadie, sobre el lecho donde la vida copula y peca alegre y fornica feliz con la muerte y con nadie. Sobre el lecho donde la vida se masturba y donde la muerte se masturba con una cruz o con una vela encendida en la oscuridad o con una prótesis, donde el poetiso se masturba imaginando a su amada y a su odiada y a nadie, aquí escribo, en el nido, en el nido donde duerme mi niña desnuda. Aquí escribo como una musa y como una maja y como una puta y como la vampiresa de Dietrich ...
de Hotel Bristol
 
* * *
 
Yo soy un loco, un barro tocado. A mi me elevaron en el equinoccio de septiembre del año de 1969 y me quedé arriba. Yo quiero vivir en el siquiátrico toda mi vida. Por que ahí podré ensayar mis actos de los suicidios y mis danzas de apareamiento y mis mímicas de soledad y mi música de invocación a mis amantes. Ahí volver a ver la visión de mi amada orar desnuda en mi obscura imaginación, rodeada por las luciérnagas que me rodean mientras oro desnudo en su obscura imaginación. Por que soy mi belleza y su belleza son la misma visión. Ahí, cuando nos cierren acurrucaremos nuestros cuerpos y oraremos juntos y desnudos, los ancianos y las niñas, los depresivos y los antropozoomorfos, en adoración a la poesía de mierda que nos reunió en esos claustros en donde el aire brilla y es el silencio que brilla. Cuando nos priven de la luz y nos encierren y nos priven del rocío y del sereno y del veneno y hasta que hagan de nuestro amor violencias infinitas. Ahí, raparán mi cabellera de mujer descarriada y lloraré y caminaré dejando lágrimas, de la mano huesuda de mi amante, rapada por odio a su hermosura. Por odio a su fecundidad. Rapada, siempre la noche de luna llena, por que su cabellera crece según las fases de aquella actriz, que nos hace olvidar la miseria de los sanos y que enaltece nuestros cuerpos en la oscuridad y a nuestra esperanza de la muerte de la muerte y de la vida de la muerte y de la muerte de la vida y de la vida de la vida y de nuestro amor desesperado en la soledad de la esperanza. Por que esas noches de luna llena la cabellera roja de mi amante se transforma en llamas de fuego que crecen hasta su cintura y ondean sus rizos al danzar para mi y para las chiquillas rapadas que la contemplan danzar para ellas danzar por sí sola. Y sólo para que vengan las niñas sin temernos y sólo por la esperanza de verla entrar por el portón de nuestro aposento siquiátrico camposanto y de que traigan sus muñecas, para darles vida, darles un alma, un espíritu y nada más. Sólo para verlas danzar con sus ondeantes vestidos, a las niñas y peinarlas y despeinarías y hacer finas y muchas trenzas con sus cabellos y adornarlos con las flores fucsias de la bugambilia del jardín de mi siquiátrico. Y sólo para que alguna olvide su muñeca. Y sólo para que tú olvides tu muñeca, para coronarla con la diadema de las flores fuccias de la bugambilia y para mirarla, sólo para mirarla, en el patio del siquiátrico, oculta en el jardín, pero visible desde nuestras ventanas quebradas por los puños y trizadas por el grito agudo de alguna hermana que no puede concebir la violencia de sus sueños y que llora al amanecer, frente a la ventana, porque la muñeca que olvidaste ya no se encuentra en el jardín, porque los perros del siquiátrico la desgarraron y se la llevaron del jardín. Mi amada llora desgarrada. Volver a acurrucarnos desnudos y volver a negarnos a comer, comida de perros. Y coronar nuestros craneos rapados con las
... diademas de las flores fucsias. Yo sufrí de demencia precoz al escribir mi primera poesía. Yo nací con un mal que la ciencia no conoce, pero que cualquier perro quiltro de la calle lo percibe. Y que
... nadie jamás exorcisará.
Yo maté a la poesía, cuando yo tenía 17 años, maté a la
\ poesía, le puse 21
... cuchilladas en el tórax.
En el jardín de mí siquiátrico.
 
 
 
MALAMOR
 
* * *
El arcoiris del mal vive en la garuga de los geiseres
y nada es hermoso.
La mar es mi hermana, es una niña abandonada por su madre
maldita en los ojos de mis ojos.
Las imágenes llegan a la velocidad de la luz desde lejanas
constelaciones y poblaciones obreras.
Llegan nítidas violáceas, sanguíneas fosforecentes, espejismos de luna que amanece.
Nació hace siglos en tu vientre puntudo el diamante de mi vida
y las detonaciones
de amor y dinamita pulverizaron en segundos a la eternidad y \ al tiempo.
Somos nubes
diseminadas por los vientos en las profundidades invisibles e infinitas del aire.
La muerte nos una...
 
 
AMOR Y DINAMITA
ATIMANID Y ROMA
 
* * *
Creeis que la vida está escrita
entonces, es que no habéis escuchado esto:
"La vida es el cuaderno de dibujo
de un niño demente"
Y esto :
"Las raíces más profundas de la evolución humana
son la demencia"
Y esto :
-"Hey, hey, ven. Quieres besarme, cruza la calle
Quieres tocarme, cruza la calle".
- Quién eres tú ...
-"Soy la niña, la que aparece en los callejones
y quita la razón.
La que se arrancó del siquiátrico"
-Tu rostro es hermoso, tu cuerpo es hermoso y tu vozSe parece a la del viento del barranco.
-"Ya, cállate, tómame la cintura, apártame y dame tus labios.
Aquí es más oscuro."
Y esto último:
"En su infancia nadie quizo jugar con el niño demente,
sólo una niña se acercó al anochecer
y al ver que no reía
le besó los labios muy suave, muy fugaz
y desapareció;
parecía una niña perdida por las calles
...y lo hizo sonreír.
Y siempre que recordaba el beso y la imagen
de la niña,
sonreía y nadie comprendía por qué sonreía."
Y todos creyeron que estaba loco
por su sonrisa de musaraña.
 




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DAMSI FIGUEROA
 
Nació en Talcahuano en 1976. En 1993 es invitada al Encuentro Nacional de Escritores en el Bío-Bío. Ha participado en el primer y segundo Encuentro de Poetas Universitarios, organizados por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción. Su poesía figuró inicialmente en antologías de ganadores de diversos concursos regionales y, actualmente, en revistas universitarias. En 1995 publica su primer poemario, Judith y Eleofonte, Concepción, Editorial Letra Nueva.
 
 
 
JUDITH Y ELEOFONTE
 
Eleofonte y Judith
Amadores desesperanzados
Imitadores de muertes sucesivas
Ambos paridos en la cueva de Faetón
Por la ociosa necesidad de existir
Ociosa necesidad de trascender
los círculos fosforescentes
del Sinmemoria
Macho cabrío Eleofonte
Cálido desorientado eterno besador
de labios negros propios y prestados
¡Ah y la hermosa virgen ocasional!
Labia toda
Labia entera
Labia entreabierta como sombra extinta
Danzante
Fundadora del deseo sobre la Tierra
Reencarnación sagrada
de todas las carencias del mundo
Ella que no es lo que es
Amará lo que amará por otros
hasta vencer a Eleofonte
El espejo sutil de su Pureza.
 
 
 
SI FUESE LA JUDÍA
 
Si fuese la judía
Abriría las puertas de la ciudad
de un soplo
Soportaría la injuria del cautiverio
Viuda y virgen sería
A la vez
Devoradora de ejércitos
Y le bastaría ser hombre
para caminar erguida sobre sus muertos
Pero a la judía
le bastó ser mujer
para beber en exceso
para comer en exceso
y pasear por los sueños desnudos
de los asirios
Inventiva solitaria
Amamantadora universal
Razón del tiempo y de la historia
Si fuese la judía
Levantaría con su belleza
Los templos caídos de la Tierra
Cortaría la cabeza de Holofernes
para saltar a la luz
desde su cueva
Pero es Judith la que espera
por el espejo encorvado de su destino
Nuestra Judith aún no está bendita
y envejece a la par
de los cortejos de Eleofonte
El tejedor de cantos opacos