Periódicos
Luis
Eduardo García
A Guadalajara la odian muchos por su clima. Los de fuera, claro. Es un clima templado, fresco, delicioso. En las tardes de mayo se forman grandes grupos de nubes que empiezan a tronar como indios que se aprestan a la guerra. La lluvia cae, pero muy sabia ella, se detiene cuando lo considera necesario.
—Es como una ansiedad, Rodrigo...
Rosa se veía muy fatigada.
—Se te ve... dime ya que te pasa... ¿tu novio o qué?
Estaban en el Vips de cerca de la Minerva. Era su café de siempre, el de los martes por la tarde al que Rosa había faltado dos seguidos, de manera inaudita entre ellos.
Uno, sí, a veces se salta, ocupaciones y ocasiones especiales que suelen caer en martes. ¿Pero dos seguidos?
Afuera caía la tormenta.
—Nada, ni lo he visto casi en los últimos días... está trabajando... lo que pasa es que no he dormido bien...
—¿Por? ¿Qué te apura? ¿Los recortes de siempre de personal? A ti jamás te pasará nada, te dije, eres la de Recursos Humanos...
—No, no es eso... lo que pasa es que... me la he pasado empacando...
Rodrigo detuvo su café a media altura entre la mesa y su boca. Sonrió. De seguro había algo más que no le decía su vieja amiga. Ya lo diría cuando estuviera con deseos de hacerlo. Así eran las cosas entre ellos. Transparentes. Como siempre.
—¿Qué? ¿Qué tienes que estar empacando tú?
—Periódicos... todos los días...
Rosa sólo lo dijo como si fuera algo común, pero al mismo tiempo sospechando que eso estaba muy distante de serlo.
Rodrigo se extraño tanto que de pronto no supo que empezar a preguntar. Se decidió por lo más sencillo:
—¿Para quién...?
—Para... un amigo arabe...
—¿Qué? ¡Arabe! ¿Con qué objeto?
—Me dijo que es una investigación de mercado...
Rodrigo seguía sin dar crédito. No sabía si enojarse con su amiga.
—¿Qué tipo de investigación de mercado se puede hacer así... eh? Eso es muy sospechoso, pueden investigarlo por ellos mismos, ¿no? ¿Serán terroristas o qué?
—No lo creo, Rodrigo... Omar siempre se me ha hecho muy amable...
Rodrigo la miró con paciencia y con deseos de regañarla. Se refrenó lo más posible.
—Rosa, te dije que tuvieras cuidado con esas amistades raras... No sabes quién se te pueda acercar en esos ambientes, no hay control...
—Y tú bien sabes que soy la primera que tiene cuidado con ese tipo de cosas...
—Me parece clarísimo... antes di que no te pidió dinero... ¿sólo fueron periódicos dices?
—Así es...
Rosa miró a la calle a través de la ventana a los automóviles que iban pasando en medio del agual. Todos con las luces prendidas y manejando con su precaución debida. Las gotas parecían bajar en secuencia rápida y precisa, como si las estuvieran mandando a través de una manguera exacta y verde. Rosa no sabía porqué, pero la manguera debía ser verde.
Rodrigo daba señales de estar exasperado:
—¿Y de dónde es te dijo? ¿De qué ciudad? No es de aquí de Guadalajara, ¿verdad? No tiene sentido que siendo de aquí te venga con la papalina esa de que le guardes los periódicos... debe de ser de fuera... Oye, por cierto, ¿a dónde le envías los periódicos...? ¿Y cuánto te está costando...?
—Nada, sólo los empaco y los llevó a la oficina de transportes esa de los autobuses de aquí cerca... Sólo doy su número... y se los llevan...
—¿Pero a donde?
—A las oficinas de los transportes en México... a OCURRE como le dicen...
—¿Omar que se llama?
—Omar Tariq...
—¿Y se apareció así de la nada...?
—Sí, estaba conectada y de repente un aviso de los de siempre solicitando que le diera permiso de entablar conversación... y así de sencillo fue... ¿sabías tú que la palabra Guadalajara viene del árabe Wadi al-Hijara?
—¿Sí? ¿Y qué quiere decir?
—Sólo un lugar. Y antes la ciudad original de la que tomamos el nombre en España se llamó por los romanos Arriaca...
Rodrigo insistió:
—No cambies el tema. Esa es una posibilidad, te digo, que ellos sean terroristas...
—No lo son, sólo me lo pidió. Como favor especial.
—Pero no entiendo, Rosa... tú no eres así... ¿por qué no sólo lo dejas de hacer?
—No puedo evitarlo, algo me dice que lo haga... él me convence, ya ha habido varias ocasiones que le he dicho, pero no me hace caso y ni modo...
—¿Cómo que ni modo? Sólo dile no y ya...
—Es lo más curioso... lo he hecho y varias veces, de verdad... y ahí me tienes guardando el periódico del día siguiente...
—No entiendo... olvidas tu propia decisión... ¿cómo es eso?
—No la olvido, pero así de la nada empiezo a pensar que ya es hora de guardar y acomodar el periódico...
No le podía decir a Rodrigo lo de la ansiedad que le daba el no hacerlo. Rosa temía estar volviéndose loca.
Rodrigo ya estaba más que preocupado por su querida amiga. La solución se le hacía tan sencilla.
—¿Te hipnotizó o qué...? ¿Has hablado por teléfono con él? Porque sigues sus instrucciones sin oponer voluntad, es lo que me dices, ¿verdad? ¿Estás loca o qué? ¿Por qué lo quieres complacer? ¿Estás enamorada de él...?
Rodrigo no quiso aparentar celos. Pero pensó que de seguro Rosa pensaría que sí.
—Jamás he hablado con él... te lo juro... y ya sé que piensas, que pude haber hablado con él y que me hipnotizo para que olvidara esa llamada... eso son tonterías, como si hubiera una conspiración o algo así... es muy tonto...
—Mira quién habla...
Rosa apenada y todo se encolerizó con su amigo.
—Ya párale, Rodrigo...
—De acuerdo, no dije nada...
Rodrigo se sintió apenado también. Respiró profundo. Preguntó:
—¿Cúando vas a volver a hablar con él...?
Rosa miraba hacia su café. No se sentía con fuerzas para mirara Rodrigo a los ojos.
—Mañana...
—Deja te digo que vamos a hacer, Rosa: Voy a ir a tu casa. Me voy a conectar yo esta vez con tu nombre. Quiero que te encierres en tu cuarto... vas a estar con llave, y me darás tu celular, así tendré el control en ese rato, ¿estás dispuesta a aceptarlo? Voy a hablar con él. Después de hablar con él lo bloquearé y lo borraré de tu lista de contactos. Jamás podrá entrar de nuevo, por lo menos con ese nombre. Y por favor, no te conectes en un buen tiempo mientras las cosas se desahogan. El celular luego te lo llevo a tu casa.
Ella calló. Asintió con la cabeza. Esta amabilidad por Internet había ido demasiado lejos.
La lluvia pareció cesar en sus intentos de inundar Guadalajara. Rosa se sintió mejor. Ya había empacado el periódico de ese día y lo había enviado antes de llegar al café, a punto de comenzar a llover.
La tarde siguiente Rodrigo llegó a la casa. Al subir a la escalera dónde estaba la computadora miró un grupo de periódicos debidamente empacados. Resopló con coraje y prendió la computadora.
Se conectó con la cuenta de Rosa. Y esperó y esperó hasta que...
Tariq: Hola Rosa. ¿Cómo estás amiga?
Rosa: Hola Tariq. Sólo para decirte que no soy Rosa. Déjala en paz. Me conecté con su cuenta sólo para exigirte que la dejes en paz. No te va a seguir mandando periódicos. No se de dónde seas o si es cierto o no quién dices tú que eres, pero esto me huele mal y te pido solamente que te busques a otra persona para que te haga ese tipo de favores... Ya me escuchaste...
Tariq: Bueno. Aprovechando también para aclararte... No está Tariq, soy su hermana Nazira...
Después de media hora, Rodrigo terminó su sesión.
—Listo.
Rosa salió. Rodrigo le entregó su celular.
—¿Ya? ¿Hablaste con él? ¿Cómo te fue? ¿Se enojó?
Rodrigo sonrió.
—Todo arreglado.
—¿Cómo sabes? Acuérdate que era algo muy raro...
—Muy sencillo. Hablé claro. No pueden hacerte ese tipo de cosas... no es correcto... Y ya quedó, ya no esperan nada de tí. Era sólo hablarles claro, repito.
Se despidieron. Rosa respiró hondo, sintió que le habían quitado una carga completa de la espalda.
Pasó por la escalera y ni siquiera se percató de los periódicos.
Tan de repente como había empezado a guardar periódicos mecánicamente, así Rosa cesó de hacerlo. No que sintiera que tuviera más tiempo libre. Así era su ritmo de los días.
Pero algo sí cambió. Casi no veía a Rodrigo últimamente.
Pasaron varios cafés sin encontrarse.
Otra vez la lluvia a reventar queriéndole recordar a Guadalajara una vez más lo de la tierra mojada.
Rosa estaba una noche en un Vips, esperando la llegada de una amiga cuando divisó a Rodrigo entre un grupo de personas.
Se veía bien, pero algo demacrado. Así era Rodrigo, pensó Rosa, comprensiva como era con su amigo, se exigía demasiado. Ya le reclamaría, se sonrió.
Se acercó mientras le gritaba.
—¡Hey, Rodrigo! Rodrigo, ¿cómo estás...? ¿Dónde te has metido, niño? No contestas correos, ni eléctronicos ni de voz...
—Hola, Rosa... Bien, estoy bien... ¿Vienes llegando? Te acompaño...
Se sentaron.
Rosa se sentía incómoda. Algo no fluía en ellos, las conversaciones no se tardaban tanto en comenzar. Eran más de quince minutos y estaban con sus cafés enfrente de ellos, cómo vigilándose ambos entre sí.
Ella estaba a punto de pedir otro más y Rodrigo, extrañamente no había tocado el suyo. De seguro ya estaba frío.
Dijo él:
—Ya me tengo que ir...
Rosa en medio de su confusión, quiso protestar:
—Pero si no me has dicho nada, de como te va en tu trabajo... ni nada...
—Bien... todo bien... ya te contaré...
—¿Estás bien, Rodrigo? ¿Seguro? ¿Todo bien? Todo Guadalajara me ha preguntado por tí...
—Sí, estoy bien, te lo juro... te ves tú también muy bien... ¡Eh, señorita, la cuenta por favor...!
Rodrigo miró su reloj por enésima vez y se levantó.
—Por cierto —dijo sonriendo—, curioso que lo digas... ¿sabías que la palabra Guadalajara viene del árabe Wadi al-Hijara? Lo leí por ahí... no sé dónde...
Rosa se quedó con la boca abierta.
Rodrigo se levantó. Miró la cuenta. Dejó un dinero para cubrirla y sencillamente se fue sin decir más.
Ella sólo pensaba que para cuando Rodrigo dejó el dinero, éste ya había dejado de sonréir.
La lluvia afuera reventó una vez más.
Ingeniero en Sistemas Computacionales, Universidad de Monterrey (1979-1983).
Colaborador para el periódico "El Porvenir" en la seccion Joven 1991-1993 y colaborador semanal para el periódico "El Norte" de Monterrey, N.L. en la seccion Vida! 1993-1995.
Colaborador en 1993 del Grupo Radio Alegria, Monterrey, N.L. y como articulista en 1997 de “Stereo 7” (radio), Monterrey, N.L. Colaborador en 1998 de la revista “Complot”.
Pionero y diseñador de un website, antecediendo por un año al multipromocionado proyecto de Stephen King, el 3 de octubre de 1998; siendo promovido en la Feria Internacional del Libro de Monterrey de ese mismo año.
Diseñador de un cd book presentado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Monterrey en octubre de 2001.
P r o y e c t o s
Radio UDEM programa “Papiro digital”.
Productor
y conductor desde 1997 de la novela “Technotitlan: año cero”.
Autor, editor, y promotor
desde 1993 del libro “Nuestras guerras secretas”.
Autor, editor, y promotor desde el 2002 de la novela “Sangre de neón”.
Autor, editor, y promotor desde el 2003 del cd book “Technotitlan: año cero”
Programa de tv por cable “Navegando”.
Lector incansable de temas de ciencia, tecnologia, politica, historia, cine, rock, literatura, ciencia ficción, sexualidad y religion, en libros, revistas e internet.