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  LA CAJA DE PANDORA
 

 

 

Como los hombres se habían vuelto malvados y soberbios, Zeus decidió aplicarles un castigo ejemplar: le ordenó a su hijo Vulcano que fabricara rápidamente una mujer.

Vulcano contestó que eso era mucho más difícil que forjar la armadura de Marte o cincelar el escudo de Minerva, pero ante la insistencia de Zeus, regresó a la fragua y empezó a modelarla hábilmente hasta hacerla en todo semejante a las bellísimas diosas, después le dio alma a través de una chispa de fuego divino traída de los sagrados hornos del Olimpo.

Minerva acudió y admirada por su belleza le regaló un cinturón de perlas y un riquísimo vestido de púrpura y piedras preciosas; Venus esparció sobre la cabeza de la recién creada doncella, las más exquisitas virtudes femeninas, mientras las Gracias, las Charites y las Horas le adornaban el pecho y los brazos con joyas refulgentes y guirnaldas de flores perfumadas.

Júpiter le dio por nombre Pandora, que significa “la mujer de todos los dones”; en cambio, el dios del Olimpo, Zeus, le dio por regalo un cofrecillo; le pidió que lo llevara consigo cuando baje a la tierra para conocer a los mortales, pero le puso como condición que nunca lo abriera, pues podía ser fatales consecuencias.

Pandora, descendió a la Tierra sobre un magnífico carro mientras se preguntaba: ¿Qué contendrá este precioso cofrecillo que me regaló Zeus?¿Y si lo abriese tan sólo un poco para ver qué contiene?

Pandora levantó un poco la tapa y se asomó tratando de ver que contenía, pero tuvo que apartarse rápidamente, asustada, pues de entre la ranura salía un humo denso y negro en forma de espiral, mientras horribles espectros dejaban en tinieblas al mundo al oscurecer el sol.

 Estos espectros eran las enfermedades, los dolores, las fealdades y todos los vicios que se esparcieron entre todos los seres humanos.  En vano, Pandora trató de cerrar el cofrecillo queriendo remediar este desastre; el destino inexorable se cumplía y desde entonces la vida de los hombres fue desolada por todas las desventuras originadas por este regalo de Zeus.

Cuando todo el humo denso que contenía el cofrecillo se esfumó, Pandora miró hacia adentro y se encontró con un gracioso pajarillo de alas tornasoladas; era la Esperanza, el único bien que le queda a los mortales para consolarse de estas desventuras.

 




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