
|
|
II. Lo supe en algún nudo de la cuerda que abrazaba al hogar: esa mujer era una criatura infeliz. Asomarse a sus ojos, vértigo. Asomarse a sus labios, cuchillos. Asomarse a sus tacones, sogas. Asomarse a sus manos, cucarachas, laberintos, vacío, esmog. Lloraba
y de sus lágrimas teníamos que beber. |