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A todos los que creyeron en mí. A los que no creyeron, también.
A mis hijos: Bertha Alicia
Jaime Isaac
Daniel Orlando
A mis padres: Isaac y Alicia
A todos los que amo y me aman.
PRÓLOGO
BETTY GALAVIZ: UNA POETICA DE LA EXISTENCIA COTIDIANA
Desde el mero título de este primer poemario de Betty Galaviz, El día Bético y otras jornadas, asistimos a una intención, si no de extremadas innovaciones, sí de propuesta marcadamente personal. En esto hay, pues, una voluntad de estilo, una apelación a entregar significados estéticos tanto como enunciados afectivos.
¿De dónde parte la autora, de qué zonas de un oficio de escritura aún en proceso, de qué regiones de la sensibilidad, de qué caladuras del inconsciente, de qué momentos de la experiencia?
Tal vez la lectura profunda de cada poema en sí mismo, sin tomar en cuenta la totalidad del libro ni qué lugar ocupa tal o cual texto en cada una de sus tres partes, nos ayude a responder dichas preguntas.
En un inicial acercamiento, parece evidente que estamos ante una escritura desde el cuerpo, o mejor dicho, una poética de lo corporal. Por lo tanto, la voz poética o yo lírico se manifiesta en una constante y casi obsesiva primera persona del singular. Esto permite a Betty Galaviz realizar una serie de variaciones a propósito de pocos temas, pero de modo que la propia escasez temática le dé ocasión para desenvolver una fructuosa creatividad.
La autora recurre, pues, a la dialéctica de Toynbee: reto/respuesta; diríamos con más precisión: autorreto/autorrespuesta. ¿Cómo resolverla en una síntesis estética, que implica obviamente no pocos riesgos? Por el camino del libre lenguaje metafórico, de la utilización de contradicciones y neologismos, de la asunción de tópicos “menores”, del replanteamiento de añejas situaciones, de la mención de la concreta inmediatez y aun de lo biológico, etcétera; como en una especie de paralelismo entre los males del cuerpo y los deseos de la carne cotidiana, por un lado, y por otro, las opacidades afectivas y las apetencias espirituales.
Además de la capacidad de la poeta en cuanto a asumir los procedimientos y recursos ineludibles, poco menos, en toda escritura lírica (decimos lírica en función del señalado tono subjetivo del poemario), debemos resaltar tanto los reiterados tonos invocativos como el que cada poema resulta, en general, un pequeño cosmos en el que el vocabulario encuentra un indudable equilibrio. Es decir, los vínculos directos o indirectos entre palabras (sustantivos, adjetivos, verbos, etcétera) proceden de un parentesco lógico, simbólico y asimismo pleno de ilogicidad. Estas relaciones se acentúan en razón de un énfasis permanente, que no niega la multiplicidad de interpretaciones ni tampoco la ironía ni el cuestionamiento.
Es cierto que el yo poético se confunde o identifica con el yo existencial; pero esto es, quizás, el centro ideológico del poemario, y desde allí se expanden los tópicos abordados y la modalidad de una escritura original, abierta y audaz.
Nos complace, pues, trazar este esbozo de presentación de El día Bético y otras jornadas, que puede leerse también como una responsabilidad sustancial que Betty Galaviz ha sabido adjudicarse.