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Escrito por Adán Echeverría
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 Maquillaje Adán Echeverría
Silvia se concentra en la abertura de sus poros. El agua ha hidratado su piel, y el jabón le ayudó a retirar el exceso de grasa que le daba brillantez. Se siente opaca, traslúcida. Mira su reflejo e intenta reconocer el rostro descolorido, ya sin luz ni ánimo para ir más allá, seguir esta carrera que le ha arrebatado los años. Al atardecer se deshará de las imágenes de sí misma, ahora prefiere concentrarse en esa piel sin brillo, lisa y humectada. Ser ella una vez más, real y sin engaños, como en el nacimiento, volver a sentir aquello que alguna vez pudo ser inocencia, en el principio de la vida, aunque sea los últimos instantes que le quedan.
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Escrito por Adán Echeverría
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Día 8 Adán Echeverría |
...no hay más Talpa no hay más Talpa no hay más Talpa. Repetía incesantemente con un tac tac tac metódico y huraño; ahí en la silla de madera, la mirada hacia el agua que escurría sobre los vidrios. No ya más Talpa. Talpa no hay. No Talpa. Más Talpa No. No. No queda nada en las memorias de alguien que mira el agua mientras todo va escurriendo alrededor, deshaciéndose en el lodo del pensamiento anquilosado, en el tiempo detenido que todo lo circunda como una rueda calendárica que no se quiere prever.
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Escrito por Antonio Ramos Revillas
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ANTONIO RAMOS REVILLAS
Barda Alta. Texto del libro "Dejaré esta calle" (Tierra Adentro, 2006) recientemente galardonado con el Premio Nacional de Cuento Julio Torri 2005 (Méx.).
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Estamos fuera del depósito del Julio esperando al Cabe. Estamos Papo, Lenon, el Pemes y yo esperando que salga Cabe de bombearse a Marina, la ruca del Julio. Los cigarros pasan de mano en mano; la caguama está fresca aunque allá afuera el sol caiga de a madres; atosigándote acá, en el cuello, en los hombros. Es una moledera andar bajo ese sol que no soportan ni los perros. Cuando el día está como hoy nos vamos con doña Yuya a jugar en las maquinitas o nos venimos aquí al depósito a chupar. Antes íbamos al cantón pero la jefa siempre nos decía que hiciéramos algo de provecho y dejáramos de escuchar esas rebajadas. Usté tranquila jefa, si tiempo hay mucho, un chingo, para qué andar con el apuro. Papo me pide un cigarro. Se lo doy. A lo lejos se escucha el tren cuando entra a Aceros Planos. Por un ratito lo escucho. El ruido se alarga como si lo extendieran muy despacio |
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Escrito por Internet
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Los Básicos de la
Ciencia-Ficción
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George Orwell, 1984. El Gran Hermano nos vigila. Vivimos en un estado policial que ha logrado el control total del individuo. No hay ni un resquicio para la libertad personal, las emociones están prohibidas, el sexo es un crimen. La Policía del pensamiento tortura hasta la muerte a los conspiradores. Así y todo, Winston y Julia deciden rebelarse... |
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Escrito por Antonio Ramos Revillas
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Bandidos
Por Antonio Ramos Revillas
* Cuento perteneciente al libro Todos los días atrás. FECA N.L. octubre 2005
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Juego al solitario. Encima de las cartas negras acomodo las rojas. A un siete le sigue un seis. Una reina de corazones negros tapa un rey rojo y luego un bandido montado a caballo la oculta. Unas sobre las otras las cartas se aparejan en la pantalla de la computadora; resbalan hasta sus sitios, ajenas a mi encargo de terminar el informe. Por la mañana vino Rubén Soto, mi jefe, un tipo que se las da de astuto, para recordármelo: —¿Y el informe, Reolita? |
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Escrito por Juan Manuel Carreño
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¿Ha oído hablar de los cazadores de sonrisas? ¿No? ¡No me diga! Le ilustraré al respecto. Es un club nacido en Nueva York, como una respuesta a la frialdad y agresividad del mundo; ya sabe usted, cada persona desconfía de los otros, y ve en los demás sólo enemigos potenciales que pueden arrebatarle su felicidad y patrimonio. El hombre como depredador del hombre mismo.¿Ha oído hablar de los cazadores de sonrisas? ¿No? ¡No me diga! Le ilustraré al respecto. Es un club nacido en Nueva York, como una respuesta a la frialdad y agresividad del mundo; ya sabe usted, cada persona desconfía de los otros, y ve en los demás sólo enemigos potenciales que pueden arrebatarle su felicidad y patrimonio. El hombre como depredador del hombre mismo.
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Escrito por Luis Valdez
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Que a otros les duela la soledad
Luis A. Valdez
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Todos intentamos traicionar al tiempo. Somos rebeldes ante lo irremediable, víctimas de una vanidad, esa sí, compartida.
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Escrito por Reynaldo Arenas
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Adiós a Manhattan Reynaldo Arenas
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Hace ya más de nueve años llegué a Nueva York y escribí entonces una crónica apologética sobre la ciudad, deslumbrado por su dinamismo y su esplendor. No me arrepiento de haber redactado ese texto; como crónica reflejaba el momento en que la misma se realizaba. |
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